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Amor carnal, raro no es interesante

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Amirpour nos trae una historia lenta, incoherente y más bien aburrida.

Ana Lily Amirpour se dio a conocer con aquella maravilla que fue Una chica vuelve a casa sola de noche, una historia de vampiros en Irán absolutamente maravillosa y sorprendente. Su nueva película, Amor carnal, lo tenía difícil para estar a la altura, pero quizás hubiera tenido alguna oportunidad si se hubiera decidido por algo que contar.

Solo que no lo hace: la película empieza siendo una historia de horror con tintes gore, se transforma en una de venganza, después, en una de psicodelia y drogas, más tarde en una de amor… y todo con aires de western de bajo presupuesto. Amirpour va pasando de una cosa a otra sin decidirse por nada y acaba dando una amalgama de imágenes sin coherencia y una historia absurda y, mucho peor, aburrida.

Aguanta el plano, que la vamos a ver venir desde allá al fondo. ¡Esto es arte!

Aguanta el plano, que la vamos a ver venir desde allá al fondo. ¡Esto es arte!


Todos esos cambios son, además, perezosos, y no hay el más mínimo esfuerzo por justificarlos o, al menos, dotar al film de una cierta cohesión argumental. Arlen, el personaje interpretado por Suki Waterhouse (Insurgente, Orgullo y prejuicio y zombis), empieza la película siendo expulsada de los EE. UU. Vamos siguiendo sus peripecias, pero no somos capaces de ver ningún tipo de evolución en ella, nada parece afectarle. Ni siquiera encontrarse con un grupo de caníbales que deciden alimentarse con ella. No hay motivación para nada de lo que hace o, al menos, no conseguimos verla, y no hay ningún cambio perceptible en ella. Y, llamadme tiquismiquis, pero que se te intenten comer vivo algo debe afectarte.

El resto de personajes aún están peor desarrollados y, encima, uno de ellos está interpretado con Keanu Reeves con bigote y grandes gafas de sol. Como si no fuera ya hierático cuando dispone de toda la cara. Hay que reconocer, eso sí, que el resto del reparto se las apaña bastante bien: Waterhouse logra que sus diálogos no suenen demasiado ridículos, a pesar de serlo; Jason Momoa demuestra que no solo tiene un físico espectacular, sino que si le dan la oportunidad puede aprovecharla; y Jim Carrey está, sencillamente, brillante.

amor carnal Jim Carrey

¿Reconocéis a Jim Carrey?


La historia pretende tener algún tipo de carga simbólica, pero no va más allá de cuatro metáforas básicas. Hay una valla que, suponemos, es el muro de Trump; hay un puzle de la bandera de EE. UU. a medio hacer; hay un conejito al que seguir; y hay un pueblo llamado Comfort. Pero Amor carnal no va más allá de ponerlas en pantalla. No hay un discurso, y la crítica descarnada a los EE. UU. que esperamos al principio se queda en nada. El título en inglés, The Bad Batch, (ya un día hablamos de las traducciones de títulos que Netflix se saca de la manga de vez en cuando) hace referencia a todos aquellos que son expulsados de los EE.UU., los que se consideran una «mala hornada», y se supone que lo son los personajes que encontramos en la película. Uno esperaría, con ese título y ese inicio, que Amirpour hiciera una crítica brutal del racismo y la xenofobia de la administración Trump, pero ese tono desaparece a la primera de cambio y es olvidado.

Amirpour cuenta con dos cosas antes de empezar: con que su público espera algo raro, una nueva película de culto como la mencionada Una chica vuelve a casa sola de noche; y con que todos hemos visto ya mil historias post-apocalípticas. Con Mad Max en la retina, no necesita decirnos mucho. Pero claro, «raro» no es sinónimo de «de culto». A veces, «raro» solo significa «raro». Amor carnal es una película rara, con muy pocos diálogos, que va dando bandazos y que no sabe bien lo que quiere contar, y por muchos fans que pueda tener David Lynch lo normal es que eso no de una película que volver a ver una y otra vez, sino más bien una que te arrepientes de haber visto.

Hola, soy una mezcla entre el mesías, un narcotraficante mexicano, un proxeneta y un alcalde.

Reeves es una mezcla entre el mesías, un narcotraficante mexicano, un proxeneta y un alcalde.


Además, toda esa experiencia fílmica del espectador con la que cuenta Amirpour funciona durante los primeros quince o veinte minutos, más o menos hasta que huye de los caníbales. Es decir, más o menos hasta que empieza a haber diálogos. Mientras es el espectador el que rellena los huecos de todo lo que no se nos cuenta, la película se aguanta; en cuanto empiezan a rellenarlos los personajes, todo se desmorona.

Amor carnal tiene un puñado de imágenes potentes y un par de personajes que podrían ser icónicos: un dibujante caníbal musculado y una chica mutilada y asocial son un buen punto de partida para un cómic de la revista Metal Hurlant. Por desgracia, la película falla estrepitosamente a la hora de hacer algo con ellos y está muy, muy lejos de lo que todos esperábamos de esta directora.

Sinopsis

Amor carnal

Una adolescente es expulsada de EEUU al páramo. Allí una tribu de caníbales intentará comérsela, pero también tendrá la oportunidad de encontrar su lugar en el mundo.

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