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Doctor Who y su décima temporada, doble final para una era

Doctor Who Décima temporada - Destacada

Un vistazo a los nuevos capítulos y a Bill, un refrescante cambio de acompañante para el Doctor.

Es complicado mantenerse a salvo de los spoilers en Doctor Who, especialmente cuando el mayor de todos pasa por el cambio de cara su protagonista. Y más cuando sabemos que la flema británica y su temor al encasillamiento hace difícil que tengamos un mismo actor en el papel del Doctor durante más de tres temporadas. Esta décima temporada supone el final ya anunciado de la etapa Capaldi, marcada por tantas luces como sombras. Pero además, tendremos un cambio mucho mayor, puesto que todo un peso pesado como Steven Moffat dejará su papel como showrunner para cederlo a Chris Chibnall. Un viejo conocido, responsable de capítulos un tanto endebles de la serie, como Dinosaurs on a Spaceship o The Power of Three, pero sobre todo creador de las maravillosas Life on Mars y Broadchurch.

Steven Moffat TARDIS
El concepto de showrunner, que en nuestro país no termina de enraizar (uno de los escasos exponentes es Javier Olivares), es distintivo de la producción británica, y en el caso del nuevo Doctor Who ha marcado dos etapas claramente diferenciadas. El fandom se divide, todavía hoy, entre quienes suspiran por la era de Russell T. Davies, que devolvió el esplendor a la serie, y quienes defienden las tramas aparentemente más «serias» e intrincadas de Steven Moffat. Davies nos enseñó a un Doctor atormentado tras la Guerra del Tiempo, esforzándose por sobreponerse al dolor de las heridas y encontrar de nuevo alegría en lo irrelevante, pero que paradójicamente se sorprendía como si volviera a ser un niño. Los arcos argumentales solían resolverse de maneras imprevistas, aunque siempre quedaba el poso de la pérdida como precio a pagar.

Moffat optó, en cambio, por buscar un recorrido más largo en las tramas de cada temporada, con incógnitas para un Doctor mucho más fuerte anímicamente y pruebas que escalaban sin límite, hasta llegar a ese castillo de fuegos artificiales, con toques casi metafísicos, que vimos en el quincuagésimo aniversario. Con la salida de Capaldi, se marcha un Doctor al que muchos recibieron con entusiasmo como réplica a un Matt Smith que infantilizó en gran medida al personaje (y se convirtió en el abanderado del éxito de la serie en USA, por otro lado). Numerosos fans veteranos recuperaron el interés por la serie gracias a él. Aunque la rumorología sobre el nuevo Doctor está desatada, ya se sospecha que el próximo volverá a ser un rostro juvenil. No hay demasiado miedo ante el cambio, y es que no podemos olvidarnos de este diagrama, que nunca falla:

Doctor Who - Diagrama
Pero ¿qué vendrá tras la era Moffat? Chibnall ha estado hasta ahora mucho más en la sombra de lo que estuvo Moffat en su momento. En su libro The Writer’s Tale, en el que Davies relata a través de su correspondencia con un periodista su etapa al frente de Doctor Who, menciona el apoyo de Moffat en diversas ocasiones y finalmente deja claro que era «la mejor elección posible» para recoger su testigo. Cuando lo hizo, ya tenía el aval de episodios tan aclamados como The Girl in the Fireplace o Blink. Chibnall, en cambio —ya lo hemos comentado—, no solo no tiene ningún episodio destacable hasta el momento, sino que cuenta en su haber con algunos bastante olvidables.

No obstante, es su trayectoria fuera de la serie lo que nos da esperanzas. Life on Mars sigue siendo, a día de hoy, increíblemente redonda, y Broadchurch ha sabido mantener alto el nivel incluso yendo más allá de una premisa tan cerrada como el whodunit de su primera temporada. Pero no dejan de ser series muy distintas a Doctor Who, está claro. Hay quien dice que es la elección continuista de un Moffat que quiere que su visión de la serie perviva, pese a sus detractores y a las críticas tibias de la pasada temporada. En todo caso, por el momento nos queda confiar en el talento que Chibnall ha demostrado fuera del universo whovian, y en las alabanzas de David Tennant tras conocer su designación como sucesor.

Doctor Who - Introducing Pearl Mackie as Bill
Más allá de las incógnitas y los cambios que se avecinan, la décima temporada, de la que llevamos cuatro capítulos, también ha traído nueva companion. Pearl Mackie encarna a Bill Potts, un personaje que seguro que ha hecho que más de uno se tire de los pelos en el interior de su sórdida caverna: no es la primera companion de raza negra, pero sí la primera abiertamente homosexual. La orientación de Bill se trata desde el primer capítulo de manera muy espontánea, tal como ya hizo hace muy poco el spin-off Class con dos de sus personajes. Hay que señalar como algo muy importante en este punto que, al igual que sucedió con Class, el personaje de Bill está dirigido de manera mucho más directa al público adolescente o veinteañero, y especialmente al fan. Es muy fácil para quien encaje en ambas categorías identificarse con la risueña Bill, que trabaja en la cafetería de la universidad pero parece llevar una vida similar a la de cualquier alumno.

Como cambio interesante, en esta ocasión es el Doctor quien la elige como compañera, en lugar de toparse con ella por mero azar: camuflado como profesor, decide que quiere convertirse en su tutor personal. El motivo es que la ha visto acudir a sus clases como oyente y se ha dado cuenta de que «cuando oye algo que no entiende, sonríe en lugar de fruncir el ceño». Una frase muy sencilla que encierra a la perfección el carácter entusiasta de Bill. Por supuesto, las inocentes tutorías personales terminarán por convertirse en viajes a bordo de la T.A.R.D.I.S.

Doctor Who - Selfie
Bill podría haber salido de cualquier fanfic, y esto no es para nada una burla sino un elogio. A pesar de sus riñas con Twitter, es evidente que Moffat conoce bien a su público y cómo se desenvuelve en el mundo online. En Sherlock, se rió de la locura colectiva desatada durante el parón que siguió al supuesto suicidio del detective, plasmando en la serie un club de aficionados con teorías descabelladas, en escenas que no eran más que un Tumblr de carne y hueso. Ahora ha sabido explorar y entender la psicología del fan, poniendo en boca de Bill frases, preguntas y bromas que podría hacer cualquier joven asiduo a foros, chats, el propio Tumblr o Wattpad. En una relación en la que el salto generacional se nota de forma clara, Bill pone en aprietos al Doctor más de una vez con cuestiones que nos parecen del todo lógicas, y que hasta ahora parecía que teníamos asumidas sin más. ¿Por qué T.A.R.D.I.S. es un acrónimo de palabras en inglés, si viene de Gallifrey? «Nadie suele caer en esas cosas», responde un aturdido Capaldi, al que solo le falta mirar a cámara para romper del todo la cuarta pared.

En los cuatro primeros capítulos, hemos asistido de nuevo al redescubrimiento de los elementos básicos de Doctor Who gracias a la mirada de Bill, si bien de manera muy natural, sin romper el dinamismo que requiere la serie ni caer en la sobreexposición. Si algo se le da bien a Moffat, no cabe duda, es crear diálogos con chispa, llenos de vida, que articulan la acción por sí mismos. En sus primeros viajes, Bill ya ha tenido ocasión de descubrir el futuro de la especie humana y un pasado que no aparece en los libros de texto, pero también cómo el sueño de la razón produce monstruos en forma de robots autoconscientes, y cómo la avaricia humana y el egoísmo siempre están por detrás de cualquier maravilla.

Doctor Who - El doctor y Bill
Además, se ha recuperado un tema que fue muy criticado en la relación entre el Doctor y Clara: la idea de que la companion no es una simple comparsa, sino una persona que automáticamente queda convertida en árbitro, en representante de la raza humana que debe asumir responsabilidad sobre esta, esté o no preparada. A veces tendrá que decidir en situaciones desesperadas, como le sucedió a Clara en el capítulo Kill the Moon; otras veces será a menor escala, como ya ha podido experimentar Bill, con vidas humanas anónimas en sus manos. Individuales pero no insignificantes, por supuesto. Y el Doctor, a pesar de acumular ya dos mil años de edad, de su aparente omnipotencia y su conocimiento de la humanidad, se subordina sin pensarlo dos veces en estos momentos. Está a merced de Bill, de la especie que tanto le fascina y a la que desea proteger sin erigirse como un dios unilateral. Ofreciendo la enseñanza de que cualquier persona posee el juicio necesario para discernir entre el bien y el mal.

Esta temporada de cambios nos ha traído, por el momento, historias donde prima la aventura y la exploración de los sentimientos, con un Doctor más despreocupado y «travieso», podríamos decir, que en la anterior. Pero también ha comenzado con misterios «marca Moffat»: una extraña puerta sellada tras la que alguien pugna por salir. ¿A quién retiene el Doctor? Por lo que sabemos de él (y algún que otro spoiler gigante que no vamos a mencionar sobre el regreso de cierto personaje), probablemente hace bien en mantenerlo detrás de semejante portón. Y no olvidemos que Moffat tampoco escatima recursos en las regeneraciones. Se las hizo pasar canutas a Smith, así que es más que probable que este inicio ligero sea una manera de despistarnos; la calma antes de la tempestad que le espera a Capaldi en su despedida en Navidad.

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One Response to “Doctor Who y su décima temporada, doble final para una era”

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