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Power Rangers, no basta con la nostalgia

Power Rangers - Destacada

La primera entrega de lo que amenaza con ser una larga saga bastaría para no hacer ninguna película más.

A la hora de enfrentar una nueva versión de los Power Rangers había dos opciones. La primera era hacer una película tan cutre, hortera, estúpida e infantil como la serie de los noventa. De hecho, aquella serie es lo que hizo: copiar la original japonesa con toda su carga kitsch. La otra opción era intentar hacer algo más serio, adulto y probablemente oscuro. Marcarse un Nolan, que es lo que Hollywood está haciendo últimamente con casi todo lo que cae en sus manos. Ambas opciones eran igual de respetables y, personalmente, fui al cine con la duda de cuál de las dos me encontraría, por cuál habrían optado. Respuesta corta: por ninguna.

Power Rangers - Trajes

¡Iron Man, a metamorfosearse!


La película empieza con un tono serio salpicado de chistes ocasionales, y tiene una estética sobria, lejos de los colores chillones que todos asociamos con los Power Rangers. Incluso Rita Repulsa es oscura y realmente tétrica y, sí, repulsiva. De hecho, los Power Rangers no tienen sus trajes hasta el tercio final de la película. Sin embargo, conforme la cinta avanza los colores van apareciendo, Rita cambia el negro por el verde fosforito y el oro brillante, y todo en general se vuelve chillón como un dibujo pintado por un crío de cuatro años que estrena sus rotuladores Carioca y descubre el maravilloso mundo de la fosforescencia.

El cambio estético, por supuesto, va en paralelo al cambio en la trama: hasta entonces, se ha esforzado por mantener una cierta verosimilitud. Hay que reconocerle el mérito: verosimilitud y Power Rangers no son dos cosas que casen fácilmente. Pero a mitad de película uno casi puede oir a John Gantins gritando en la sala de guionistas: «¡A la mierda!». Podría decirse que la primera mitad es Lionsgate intentando llenar la sala con los señores de treinta años que se criaron viendo los Power Rangers en la tele, y la segunda mitad es Bandai intentando volver a vender sus juguetes a una nueva generación de críos. El problema, claro, es no haberse decidido por ninguna de las dos opciones.

Power Rangers originales

Bueno, igual la japonesa sí era demasiado hortera.


Power Rangers ha intentado jugar la baza de la nostalgia. Eso queda claro desde los primeros minutos, con un guiño descarado a El club de los cinco, pero también en otros detalles, como la elección de Bryan Cranston para la voz de Zord: Cranston dobló a varios de los monstruos de la serie de los noventa. Como una profecía autocumplida, a base de repetir que los ochenta vuelven y que la nostalgia vende, las pantallas se llenan de productos que intentan triunfar sólo con ella. Power Rangers es una prueba más de que la nostalgia no es suficiente. Que decir que Attack The Block o Stranger Things tuvieron éxito por el factor nostalgia es como decir que Rocco Siffredi se hizo famoso explicando la reproducción humana. Un ataque de nostalgia puede llevar al cine a ver películas como esta a mucha gente, pero si no se les ofrece algo más no les vas a convencer de que era buena.

Power Rangers - Protas
Además, Power Rangers tiene algunos problemas serios incluso con la baza de la nostalgia. El primero y más evidente, que no parece tener claro la nostalgia de qué quiere vender. ¿De la serie americana de los 90? ¿Entonces por qué empezar con un guiño a una película de los ochenta? ¿Nostalgia de historias de superhéroes naif? ¿Entonces por qué oscurecerla? Aunque el auténtico problema está en que, en el fondo, Power Rangers se avergüenza de lo que adapta, y se nota. Se nota mucho.

Es una película larga, pero no tanto como parece. Sus dos horas se hacen tediosas y su tercio central podría haberse resumido en un par de escenas. Encima, sigue la estructura clásica de la serie, la que desemboca en una batalla final contra un monstruo grande usando algún robot igual de grande, pero esa batalla que debería servir de colofón es bastante flojita tanto en efectos especiales como visualmente, con demasiados primeros planos que, básicamente, son la cara del ranger de turno con expresión de «¡Oh, dios mío!». Sin embargo, el film se las apaña para no ser tan terrible como debería gracias a sus actores. Por un lado, Elizabeth Banks está espléndida. Durante una buena parte de la película su personaje no es ridículo y, de hecho, en bastantes escenas consigue transmitir el mal rollo que debería. Y eso no es nada fácil.

Power Rangers - Rita Repulsa

¡Traedme la cabeza del diseñador de vestuario!


Y luego están los cinco rangers, claro. No son grandes interpretaciones, porque sus personajes son poco más que tópicos andantes y ellos no son Elizabeth Banks. De hecho, los rangers azul y negro tienen frases de vergüenza ajena. Pero hay química entre ellos y consiguen que el espectador acepte sus relaciones y que incluso le lleguen a interesar.

Power Rangers es una mala película que no se atreve a tomar casi ninguna decisión. No quiere ahuyentar a nadie ni que nadie se rasgue las vestiduras: «¡Oh, dios! ¿Qué han hecho con los trajes? ¿Dónde está la licra?». Como no podía ser de otra manera, el resultado es difícil que le guste a alguien, y sólo escapa de la calificación #NiConUnPalo por las ganas que le han puesto sus actores y, muy especialmente, sus actrices.

 

Sinopsis

Power Rangers

Un puñado de chicos de un pequeño pueblo norteaericano encuentran una nave espacial. Gracias a ella se convertirán en Power Rangers, y deberán enfrentarse a un mal muy antiguo para proteger la vida sobre la Tierra.

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