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Bright: ¿por qué tanto odio?

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La última película de Netflix deja con la sensación de que habría podido ser mucho mejor.

Con 90 millones de dólares de presupuesto, Bright es la película más cara producida por Netflix hasta la fecha. Quizás sea por eso, o quizás porque la protagoniza Will Smith, pero el caso es que meses antes de que se estrenara ya había sido condenada. Desde rumores de todo tipo circulando por internet y que el propio Max Landis, el guionista, se ha molestado en ir desmintiendo personalmente, hasta críticas que la consideraban la peor película del año. Y sí, estamos hablando de 2017, el año de Death Note, La momia, La torre oscura o Transformers: El último caballero. Y eso solo dentro del género, que fuera hay joyitas como Los vigilantes de la playa.

No, no es Alien nación

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Aunque Bright está muy lejos de ser una gran película, no es ni muchísimo menos tan horrible. Tiene un buen puñado de defectos, pero es consciente de muchos de ellos, y en honor a la verdad no se puede decir que ofrezca algo diferente a lo que uno esperaría de su planteamiento. Es un mundo como el nuestro, pero en él conviven humanos, elfos y orcos, y la magia es real, aunque no demasiado frecuente. Y en ese mundo nos cuentan la historia de una pareja de policías, uno humano y el otro orco. No es lo más original del mundo, pero muchas de las críticas recuerdan a aquellos que se sorprendían de que Pacific Rim fueran robots gigantes dándose guantazos contra monstruos gigantes: ¿qué demonios esperaban?
Como decía, la historia es bastante típica y ni siquiera se esfuerza por tener algún giro sorprendente. Pero a cambio presenta un mundo de lo más interesante en el que todo es lo bastante parecido al nuestro como para que lo sintamos propio, pero que tiene diferencias fundamentales que le dan una profundidad totalmente inesperada. Así, no parece haber racismo entre los humanos, ya que la discriminación va dirigida hacia los orcos, pero también hacia nosotros por parte de los elfos. Lo mejor es que no se explicita, no hay discurso impostado para concienciarnos, sino que son detalles, como la primera secuencia, en la que vemos que la mujer de Will Smith es blanca (sí, un matrimonio interracial en una película americana). De hecho, hay tantos detalles en la construcción del mundo que la sensación que deja es que el proyecto debería haber sido una serie, y no una película.

Las pintadas, como en la realidad, nos hablan mucho delmundo.

Las pintadas, como en la realidad, nos hablan mucho delmundo.

Sus muchos problemas de guión son en realidad casi tópicos de este tipo de películas. El personaje resabido y algo amargado de Ward, aceptablemente interpretado por Will Smith, no deja de ser el protagonista de buena parte de las películas fantásticas de los últimos 40 años. La estructura narrativa es predecible, sí, pero no más que la de cualquier película de polis que os venga a la cabeza, desde Bad Boys hasta Danko, calor rojo. Netflix conoce a su audiencia, nosotros, los frikis, los que nos regocijamos con cada nuevo proyecto no realista que anuncian; y sabe que hay un sector de haters, pero también sabe que somos un publico agradecido incluso cuando las cosas no acaban de funcionar. Quizás por eso la respuesta al vapuleo de la crítica ha sido anunciar una segunda parte.
¿Que Bright habría ganado con un mejor director? Claro. Escuadrón suicida, la anterior película de Ayer, también, pero es lo que hay. A cambio tenemos un Will Smith muy por encima de sus últimas películas, tal vez porque no tiene a su hijo intentando interpretar por ahí, y consigue que no suenen ridículas las frases más absurdas. Frases como “We can’t go through Elf Town”. Por favor, decidme que la han traducido como “Villa Elfo”. Y Max Landis, además de una ambientación interesante, nos ha dado algo que se echa en falta en muchas películas recientes: malos que dan mal rollo. No los Malos, con mayúscula, esos elfos que quieren traer de vuelta al Señor Oscuro, sino los malos con minúscula. Los miembros de bandas, los orcos de barrio, los elfos supremacistas. Porque no son malos de película, sino trasuntos de los malos de nuestro mundo. Y se toma la molestia de dejar que uno de ellos hable para que le entendamos, aunque no estemos de acuerdo con él, porque los elfos supremacistas son escoria, pero los miembros de las bandas son producto de una sociedad. No todos son igual.
En resumen, Bright es una película entretenida, que ofrece lo que uno debería esperar de su planteamiento, y que podría haber sido mucho mejor de lo que es, pero también mucho, muchísimo peor.

Sinopsis

Bright

Ward es un policía de Los Ángeles al que le han asignado como compañero al primer policía orco de la historia. Cuando cree que no puede ir peor, se topan con una varita mágica, una conspiración de elfos para traer de vuelta al Señor Oscuro, policías corruptos y bandas de todo tipo que les quieren matar.

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One Response to “Bright: ¿por qué tanto odio?”

  1. Marc Aguilera dice:

    A mi me ha parecido un derroche de escenario para una trama demasiado simple.
    Con el mundo que han creado y la historia que hay detrás de guerras, señores oscuros, supremacías de razas, magia… etc. Para acabar reduciéndolo a una persecución que se alarga toda la película.

    Insuficiente 2/10