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Castlevania: Valaquia, Europa, EE.UU.

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La adaptación para Netflix del mítico videojuego va mucho más allá de lo esperado.

La historia de las adaptaciones de videojuegos está llena de horrores. Que una cosa como Resident Evil esté en la parte alta de la tabla deja bastante claro qué clase de engendros se encuentra uno cuando se adentra por esas tierras: Super Mario Bros., House of the Dead, Alone in the Dark… Por eso resulta especialmente sorprendente que Castlevania sea una gran serie: no sólo es una adaptación de un videojuego, es decir, cambia la narración interactiva por una pasiva; es que, además, adapta un juego cuya trama era bastante escueta: Drácula envía a su ejército de ciraturas infernales contra Valaquia, y Belmont se enfrenta a él. Si recordáis el juego de Konami —la tercera entrega, Dracula’s Curse, que es en la que se basa la serie—, no había mucho más que eso. La gracia no estaba tanto de la historia como de la ambientación.

Sí, ese Super Mario Bros.

Sí, ese Super Mario Bros.


Warren Ellis ha sido el encargado de guionizar esta serie para Netflix y ha aportado una profundidad a los personajes y a la historia que convierten Castlevania en una pequeña maravilla. Al menos, en los episodios que se han estrenado, que en honor a la verdad son sólo el planteamiento inicial. Ellis ha dotado a Drácula de un trasfondo y unas motivaciones que no esperábamos, e incluso nos ha puesto de su parte. Por lo menos hasta que decide acabar con la humanidad, claro, que al fin y al cabo es Vlad Tepes y no Edward Cullen. Y Ellis ha hecho lo mismo con Belmont y con los personajes secundarios, pero ha ido más allá. Mucho más allá. No se ha limitado a construir bien a los personajes.

Castlevania nos habla del nazismo y de los totalitarismos, de cómo para que el mal triunfe basta con que los buenos se hagan a un lado y callen. Habla de la persecución de quien es diferente, de quien piensa diferente, de quien cree diferente. Familias con apellido francés en Valaquia, gente que estudia química, paganos en territorio de la Iglesia.

Sin embargo, lo realmente brillante es cómo de manera sutil y, por eso mismo, inesperada, pasamos de estar en una alegoría de la Europa de entreguerras a una de nuestro mundo actual. De la América de Trump, del Reino Unido del Brexit, de la Unión Europea que señala a los musulmanes y hace la vista gorda con los neonazis y deja morir a los refugiados en sus aguas. Es fácil ver a los cristianos renacidos de EE.UU. en la masa quemabrujas de Castlevania, pero también ver a Nigel Farage —líder del UKIP— en el obispo. El puñado de personajes que dan un paso adelante y se enfrentan al mal, tenga este la forma que tenga, son una clara llamada de atención a la masa pasiva que, a ambos lados del Atlántico, está permitiendo el triunfo del mal.

castlevania demonio

Castlevania es una serie mucho más profunda de lo que uno esperaría, pero aun así tiene un problema importante: los personajes se dejan convencer con inusitada facilidad. Por poner un ejemplo, al parecer, lo único que necesita Belmont para dejar de ser un borracho cínico y egoísta es que un anciano se lo pida varias veces. Teniendo en cuenta que la temporada sólo tiene cuatro episodios, uno se pregunta si no habría sido posible hacer seis y desarrollar mejor esos cambios. Suponemos que en la segunda temporada, que tendrá ocho episodios, eso no pasará.

Quizás sea de recibo avisar de que es una serie calificada como para adultos debido a su alto contenido en violencia y sus imágenes explícitas: sangre a borbotones, ojos arrancados, dedos cortados, cabezas cercenadas… Algo que va bastante más allá de lo que Ellis nos tiene acostumbrados, pero que si recordáis su etapa en Hellblazer o algunos números de Transmetropolitan tampoco os resultará tan novedoso ni sorprendente. Y ¡qué demonios! Se trata de Castlevania, y se supone que tiene que ser así.

Lo que sí ha sido una sorpresa es la dirección de Sam Deats, un desconocido cuyo único trabajo, según IMDB, es Castlevania. La dirige y es el responsable de los departamentos de arte y de animación o, si lo preferís, el responsable último de la estética de la serie, una curiosa mezcla de ambientación gótica y anime, todo ello con un tenebrismo y un uso de los colores —sobre todo el rojo— más que destacable. Habrá que seguirle la pista.

En total, esta primera temporada no llega a las dos horas de animación, así que os recomiendo que esta misma noche os peguéis un pequeño atracón. Merece la pena.

Sinopsis

Castlevania

Drácula decide acabar con los humanos de Valaquia después de que maten a su esposa, y sólo Trevor Belmont se atreve a enfrentarse a él.

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