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Chappie, o la (no tan) sutil diferencia entre infantil y estúpido

Chappie - Destacada

Tras la brillante Distrito 9, parece que Blomkamp está en caída libre. Sergi nos previene contra la tentación de ver Chappie.

Neill Blomkamp es un gran director pero, por su propio bien y por el nuestro, alguien debería mantenerle alejado de la escritura de guiones, porque parece que se quedó seco con Distrito 9 y ahora lo que escribe va de mal en peor. Elysium era simple y facilona, pero Chappie ya es francamente sonrojante.

Chappie es la historia de un robot inteligente con un ingeniero muy listo y otro ingeniero muy malo (que ha sido militar, porque los malos son militares y los militares son malos, siempre). Sí, como Cortocircuito. Y desde luego tiene todo lo malo de aquella: infantilismo y chascarrillos sin gracia alguna, por ejemplo. Pero no tiene lo bueno. La ingenuidad de la historia de Johnny 5 se ha convertido en pura y simple estupidez en Chappie (que también tiene número, el 22).

Chappie - Póster promocional

Imagen promocional para la Comic Con. Es realmente fiel a la película.


Pero Chappie no es un remake del clásico familiar de los 80. Cortocircuito es más bien una de las fuentes que inspiran esta tremenda tontería, y en todo caso probablemente sea mejor en vuestros recuerdos que en la realidad. Pero si uno se fija, puede encontrar referencias, homenajes, copias descaradas y simples guiños a cualquier película con robots inteligentes que se le ocurra. El buey, por ejemplo, es el robot malo de Robocop (la original, no la del año pasado). Y el diseño de los robots-policía como Chappie podría estar en cualquier manga de mechas. Y el robot-chica casi parece metraje de Yo, robot. No os voy a poner la lista, no merece la pena. Así, además, tenéis algo que hacer si se os ocurre verla.

Z.O.E. Dolores

Mirad las antenas de Z.O.E. Dolores y decidme que esa cabeza no es como la de Chappie.


El caso es que, en principio, eso podría ser algo bueno. Empaparte de lo que se ha hecho antes parece una buena idea. Pero claro, entonces tienes que hacer algo, y ahí llega el problema. Porque no se supone que Chappie sea infantil y lo es. Peor aún: es de esas películas que creen que los niños son deficientes mentales profundos. Así que toda la historia está salpicada de momentos supuestamente graciosos, como cuando «papi» Ninja enseña a Chappie a disparar como un malote, o cuando le ponen medallas de oro y le pintan el símbolo del dólar. Momentos que podemos llamar graciosos, aunque yo prefiero la expresión, mucho más precisa, de «vergüenza ajena». Mucha vergüenza ajena.

Conforme la historia avanza se arrastra ante nuestros ojos, la vergüenza da paso a la estupefacción. Se supone que Chappie es extraordinariamente inteligente. Nos lo han dicho varias veces, no sea que no estuviésemos pendientes y no nos hayamos enterado, y le hemos visto aprender a hablar muy rápido. Aunque es incapaz de aprender a decir hijoputa, y dice una y otra vez putahijo. Ja, ja, ja. Qué gracioso, ha dicho puta y camina como un negrata de película. ¡Un momento! ¡Ha descifrado en segundos «el secreto de la conciencia»! Parece que sí que es listo, al final. Oh, vaya, ese robot tan listo resulta ahora no sabe que si le clavas un shuriken a alguien, le hace daño. Qué cosas tiene la inteligencia superior de los robots, ¿eh?

Pero a lo mejor alguien está pensando que los problemas son solo con el robot protagonista. No. Alguien decidió  que, ya que tenían a Hugh Jackman, mejor lucirlo:

          —Es un tío buenorro, ¿no? ¡Pues luzcámosle!
          —No podemos sacarle en bolas o nos quitan la calificación por edades.
          —Pues ponedle ropa ultraajustada. Con las rubias tetonas funciona, ¿no?

Chappie - Hugh Jackman

Hugh Jackman está tan mazas que en toda Sudáfrica no hay ni unos solos pantalones de su talla.


Y así el pobre Hugh se pasea por la pantalla con la ropa de su sobrino el boy scout. Con unos pantalones tan ajustados que han pasado lo sexy hace rato para entrar en el fascinante mundo de lo ridículo. Como aquellos tangas de principios de los 90 con la goma tan alta que llegaba a las costillas. Pantalones ultraceñidos y la pistola a la altura de los riñones, para que no tape esa piernaca. Y el móvil en la otra pierna. En mi cabeza resuena la productora babeando un «¡Ay, omá!».

Eso sí, las cosas como son. La dirección es impecable, la elección de los planos es brillante, el montaje le da un ritmo mantenido y consigue no hacerse larga a pesar de lo mala que es. Los actores se esfuerzan y algunos te dan una grata sorpresa, como Ninja (que, no lo olvidéis, no es actor, sino rapero). Pero es que el guión no hay por dónde cogerlo. La trama es una soberana tontería, la historia no se aguanta por ningún lado, el final es poco más que un topicazo, los diálogos parecen escritos por un alumno de primaria y el final abierto para hacer la serie de televisión prevista más bien lo que hace es dejar cabos sueltos.

Si encima la veis doblada, os vais a encontrar con un doblaje a juego con la película. Ver a los secundarios esforzarse con hacer creíble la trama y oír unas voces pánfilas, a veces con soniquete, y que intentan convertir el argot barriobajero del original en castellano impecable, pero diciendo de vez en cuando «tronco» y alguna que otra palabrota… eso es ya el remate de la faena.


Corred. Huid. Si os regalan las entradas, revendedlas en eBay. Si queréis ver a Hugh Jackman en plan macizorro, poneos Lobezno, que sale sin camiseta y con ropa de su talla. Si os gustó Distrito 9, volvedla a ver. Si recordáis con emoción cuando de pequeños visteis Cortocircuito, quedaos con el recuerdo. Si solo hay un cine en vuestro pueblo y solo dan Chappie, coged un libro. Pero haceos un favor: ahorraos esta experiencia. Al fin y al cabo, si me pedís reseñas de pelis así, es justo para no tener que verlas vosotros, ¿verdad? ¿O además de unos sádicos también sois masoquistas?

Sinopsis

Chappie

En un futuro cercano, la policía usa robots con IA para reducir el crimen de Johannesburgo. El ingeniero creador de esa IA quiere ir más allá y crear una IA real, un robot vivo. Cuando unos criminales le secuestren, verá la oportunidad para hacerlo.

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2 Responses to “Chappie, o la (no tan) sutil diferencia entre infantil y estúpido”

  1. Arkiva dice:

    MI CRÍTICA DE CHAPPIE
    Pues llegando de ver Chappie, y debo decir que parece mentira que yo me deje influenciar por las críticas, pero lo dejé hacer con esta, tercera película del director de Distrito 9 y Elysium…
    Distrito 9 me encantó, Elysium bastante menos, y esta me ha vuelto a encandilar. Compartí el otro día una crítica nefasta sobre esta película, y hoy puedo decir que la firmaba un IMBÉCIL.
    Cortocircuito sólo fue la divertida sombra de lo que llega a ser Chappie. Que se le pueden hacer críticas… sí ¿Merece la pena hacerlo? No.
    Ahora comprendo que la crítica del imbécil del otro día nacía del miedo al ridículo, de traumas infantiles no curados en el alma, de una sensibilidad inteligente nula. De una imaginación podrida.
    Evidentemente el tono de Chappie es infantil, pero desde el mayor respeto a la infancia, como hecha por alguien que sabe que los niños no son tontos… como algunos adultos. Y hará disfrutar también a cualquier adulto cuya alma no haya muerto.
    Escenas sublimes, conducidas por una banda sonora sobresaliente y con un apartado técnico de altísima calidad, entre las típicas escenas de acción, menos espectaculares, aquí realmente prescindibles, que en Distrito 9 y en Elysium, pero diría que en todo el cine de este hombre las escenas de acción, aún cuando brillantes, son sólo un mero trámite que está ahí en el camino de historias que, a la par que entretenidas, como Chappie, urgan en el sentido de lo trascendente propio la ciencia ficción con mayúsculas.
    El director se nota guiado de la mano de películas como Eduardo Manostijeras (creo que el Neill Blomkamp es fan de la película de Burton), o Avatar, entre otras, mucho más que de los ejemplos más evidentes para los más necios (Cortocircuito).
    Chappie no llega a emocionar como debería algunas veces, pero en cambio fascina donde no emociona, siendo capaz de poner imágenes a algunos de nuestros más bellos y disparatados sueños. Imprescindible en la videoteca de cualquier amante de la buena ciencia ficción.