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Doctor Who 11x01: Bienvenida, Doctora

The Woman Who Fell To Earth funciona como una buena introducción tanto de los nuevos personajes como del universo de Doctor Who.

Ya nos hemos acostumbrado al cambio de género del Doctor, a su nueva indumentaria, e incluso hemos asimilado que Murray Gold no estará más con nosotros para regalarnos su estupenda banda sonora. Pero faltaba por desvelar el gran misterio: ¿qué clase de showrunner sería Chris Chibnall? Doctor Who es una serie poco convencional en muchos sentidos, pero especialmente en el modo en que protagonista y argumento pueden analizarse por separado. Es habitual escuchar decir a mucha gente que le encanta tal o cual Doctor, pero que «desearía que hubiera tenido mejores guiones». Así que esta nueva temporada tiene que pasar por esa doble prueba de fuego: nuevo rostro protagonista al frente y nueva pluma tras las historias.

The Woman Who Fell To Earth, el estreno de la undécima temporada de Doctor Who (contabilizando desde el reinicio de 2005) este pasado 7 de octubre, ha sido el mejor de los últimos diez años, con una audiencia de 8.2 millones de personas expectantes por descubrir qué clase de Doctora sería Jodie Whittaker. No nos engañemos, el principal motivo de este éxito abrumador es la curiosidad por la primera protagonista mujer. Parece que hiciera años desde que saltó la noticia y se avivó la polémica, ahora, por suerte, bastante más aplacada, aunque no extinta del todo; prueba de ello es que en los últimos días hemos visto debatir en redes sociales sobre cómo debía traducirse el nombre del personaje, si «Doctor» o «Doctora». Algo sobre lo que no debería existir controversia, realmente: aunque «The Doctor» funcione como nombre propio, en más de una ocasión se ha mencionado el porqué de su elección y su carácter simbólico, y por tanto es obvia la necesidad de marcaje de género. Por otro lado, mucha gente se ha subido al carro whovian por primera vez, debido al interés adicional que supone esta novedad. ¿Es Whittaker una buena «primera doctora» para estos recién llegados?

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Si nos ceñimos a los actores que han protagonizado Doctor Who desde su reinicio, Whittaker parece, de momento, la más equilibrada. Tiene la habilidad para las muecas y el entusiasmo en la mirada de Tennant, pero se muestras más inquisitiva, en ocasiones con esa fuerza de presencia que caracterizó a Capaldi. Cada actor termina por moldear a su propio Doctor, ya sea a través de los referentes clásicos o de quienes les precedieron, y es de suponer que Whittaker irá haciendo lo mismo poco a poco. Por el momento hemos visto a una Doctora más comedida de lo habitual tanto en sus reacciones como en sus diálogos. Ya llegará el momento de mostrarse más extravagante, quizás, y adquirir sus propios gestos y manías.

Es muy probable que Chibnall anticipara esa oleada de nuevos fans que iba a llegar con la temporada (bastaba con estar un poco atento a las conversaciones en el mundo online). El estilo que escoge el nuevo showrunner para escribir este capítulo es bastante cómodo de ver, hasta podríamos decir que formulaico: nos presenta a los tres companion que viajarán junto a la Doctora en los primeros cinco minutos, y el conflicto principal de la historia en los siguientes cinco. Sin irse demasiado por las ramas ni extender en exceso la caracterización. Conocemos a Ryan, Yas y Graham por sus acciones, pero sobre todo por el modo en que interactúan entre sí. Y cuando ya los tenemos situados como personajes, es el momento de introducir a la Doctora; también ella de forma directa, sin detenerse demasiado en esos arrebatos cómicos habituales que provocan los efectos de la regeneración. Whittaker entra en escena como si realmente «cayera» en ella, como indica el título, y se pone manos a la obra enseguida.

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No nos pararemos en la trama, para no spoilear a quienes no hayan visto el capítulo aún. Hay que destacar la atmósfera oscura que nos rodea en todo momento, no solo por el hecho de que la acción se desarrolle de noche. Chibnall limita, de nuevo, los chistes y la aparición de secundarios que sirven de enlace entre nuestros protagonistas y la trama principal. Se advierte que lo que le interesa es llevarnos de lleno al meollo de la cuestión, recorrer los puntos cardinales de Doctor Who sin recrearse en exceso. Tenemos una trama de ciencia ficción ligera, con un visitante de otro mundo de aviesas intenciones, pero también nos encontramos un toque de terror estilo Monster of the Week. Y en cierto momento nos golpea el drama inesperado, que se utiliza para colocar a la Doctora al mismo nivel que sus companions. Indefensa, impotente. En una situación en la que elige callar y convertirse ella en compañera.

Si algo puede achacarse como negativo a este ritmo constante y sin descanso del capítulo es que fuerza a los personajes a involucrarse en la historia como hacemos nosotros, sin cuestionarse demasiado la situación pese a lo extraño de la misma. En nuestro caso tiene sentido, claro: si somos neófitos en la serie, probablemente contemos con un bagaje de historias de aventura y ciencia ficción suficiente para que todo nos resulte reconocible y fácil de asumir. Y si somos veteranos, curtidos en las eras de Davies y Moffat, no tendremos problema alguno en identificar los puntos clave y dejarnos llevar, centrándonos en ir descubriendo poco a poco a nuestra Doctora. No puede decirse que sea algo que lastre al capítulo, por tanto. A pesar de lo rápido que llegan a convencerse nuestros personajes de algunas cosas, no se crea ninguna situación incoherente que nos haga resoplar de incredulidad.

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Chibnall ha cumplido con lo que esperábamos: desmarcarse del estilo de Moffat, para algunos de nosotros demasiado anquilosado, e iniciar la temporada con su propia voz. Huyendo de grandilocuencia y evitando lo innecesario, consiguiendo una carta de presentación que no deja de ser continuista y respetuosa con el espíritu de la serie. Y se atreve a dejarnos con un cliffhanger en toda regla, aunque nos imaginamos cómo se resolverá. Parece que el próximo capítulo será el de las grandes revelaciones… y, por supuesto, el de esa frase que estamos esperando: «¡Es más grande por dentro que por fuera!».

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