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Sitges 2016: El Contraataque de las Minirreseñas del Espacio Exterior

Sitges 2016 - Minirreseñas 3 - Destacada

Hoy repasamos The Void, In a Valley of Violence, Terraformars y The Neon Demon.

Es muy posible que nuestra tercera entrega de minirreseñas del Festival de Sitges de este año sea la más ecléctica que hemos sacado hasta la fecha. Tenemos un western de libro con actores famosos de Hollywood, una de horror cósmico y sectarios, otra de angustia existencial ambientada en el mundillo de la moda californiano y una de combates al estilo Dragon Ball pero con poderes de insectos y ambientada en Marte. Sitges es así, amiguitos, así que vamos con ellas sin más demora.

The Void de Jeremy Gillespie y Steven Kostanski

The Void - Banner
Un policía de pueblo con un pasado turbulento encuentra a un hombre herido a quien decide llevar a un hospital de pueblo para que lo atiendan los miembros de su turno de noche. Pero lo que parecía una tarea más o menos rutinaria para todos se convierte en una pesadilla cuando unos sectarios envueltos en túnicas blancas asedian el hospital… y cuando su personal empieza a experimentar unas terroríficas transformaciones.

Horrores salidos de las entrañas del espaciotiempo, una noche de infarto en un hospital y efectos especiales prácticos financiados por los creadores de la peli (que bebe de John Carpenter y Clive Barker sin caer en homenajes lanzados a la cara del espectador) mediante una campaña de Indiegogo y desarrollados con maestría en un tiempo récord. The Void lo tenía todo para convertirse en una cinta de referencia del festival de este año, pero a mi juicio le falla el guión. No es solo que la naturaleza de la amenaza extradimensional y su proceso estén poco explicados —eso parece una decisión consciente, que puede gustar más o menos pero no es un error de por sí—, sino más bien que hasta los principales protagonistas son de papel de fumar. E incluso si tu intención es que el reparto sea en esencia una lista de víctimas, que al espectador le traigan sin cuidado resta impacto a sus muertes, por espectaculares que sean.

The Void - Sectarios
Eso sí, espectaculares son un rato. Y bueno, a fin de cuentas el escaso desarrollo y definición de los personajes permite a Gillespie y Kostanski, una vez superados los primeros veinte minutos de planteamiento (para mí, lo mejor y más equilibrado de la peli), concentrar sus esfuerzos en ofrecer un festín de horrores cósmicos y entrañas sin descanso, bien ejecutado, medido y compactado en hora y media exacta de metraje que hará las delicias de los aficionados al mejor gore ochentero.

In a Valley of Violence de Ti West

In a Valley of Violence - Banner
Un forastero, interpretado por un correcto Ethan Hawke, entra en el pueblo de Denton acompañado por su perra y su yegua de camino hacia México. Lo que pretendía ser una breve parada para repostar se complica por un encontronazo con Gilly (James Ransone), el malcriado hijo del sheriff de la localidad, y por la desestabilizadora presencia de Mary Anne (Taissa Farmiga), que regenta el hotel junto a su hermana. Un acto de violencia irracional desatará una venganza de consecuencias devastadoras.

Estamos ante una de esas cintas que, en realidad, no pintan nada en un festival definido como de cine fantástico. Estoy convencido de que, si no la firmara Ti West, no la habríamos visto en Sitges. Porque, por si el párrafo anterior no lo había dejado claro, esto es un western puro y duro: no esperéis giros fantásticos ni hacia el terror, porque no los hay. Es más, hasta diría que West ha intentado destilar la quintaesencia del western y luego aderezarla con unas gotas de humor —espléndido John Travolta, por ejemplo, en un papel de secundario que es todo un regalo— para hacerlo más digerible a un público general atraído por los grandes nombres del cartel. Y funciona, vaya si funciona.

Terraformars de Takashi Miike

Terraformars - Banner
Y vamos con la miikada de este año en el festival. Ya advertía el director al presentar la cinta (y anunciar que se iba a poner a rodar una peli en el mismo Sitges) que posiblemente Terraformars sería muy distinta a lo que el público esperaba de ella. Pero resulta que, en realidad, tampoco tanto. La sinopsis de la película nos hablaba de una unidad de élite enviada a Marte en el siglo XXVI con la misión de exterminar a las cucarachas despositadas cinco siglos antes para terraformar el planeta, ahora evolucionadas y con un odio enconado al ser humano. Y lo que ofrece viene a ser eso… aunque con matices.

Sitges 2016 - Takashi Miike
Matices como que, por ejemplo, las cucarachas son unos bichos humanoides musculados como en un gimnasio infernal y que reparten hostias como panes. O que la unidad de élite en realidad son despojos de la sociedad reclutados por un empresario sin escrúpulos y equipados con unas inyecciones que, ojo a esto, les confieren los poderes de distintos insectos terrícolas, algunos de cuyos rasgos físicos también adquieren al chutarse.

Hay un par de giros de guión y un par de personajes con propósitos ocultos —la peli está basada en el primer tomo del manga homónimo de Yū Sasuga y Kenichi Tachibana—, pero en realidad todo es una simple excusa para rodar unos combates, a veces individuales, a veces masivos, de lo más demencial. Es una chorradita sin más vueltas que darle, pero oye, yo me lo pasé pipa.

The Neon Demon de Nicolas Winding Refn

The Neon Demon - Banner
Y si en Terraformars había gente que se salía del cine y yo no acababa de entenderlo, en The Neon Demon tendría que haber hecho caso a mi primer instinto y largarme cuando se hizo evidente lo que luego sería mi opinión en dos frases, después de tragarme la peli entera:

 

Jesse (Elle Fanning) es una chica de dieciséis años que llega a Los Ángeles con ánimo de triunfar como modelo. Guapa y fotogénica como pocas, las mejores agencias y fotógrafos de la ciudad tardan poco en empezar a rifársela, y lidiar con su competencia, con todos los que quieren sacarle partido y hasta con el dueño del motel en el que se aloja irá transformándola poco a poco en algo distinto a la joven tímida y esperanzada que era. Aunque tampoco creáis que tanto.

El caso es que cuando empiezan a desfilar los títulos de crédito, la cinta, que alterna secuencias realistas con algunas más oníricas, deja una abrumadora sensación de vacío, de no haber visto nada pese a sus chocantes planos finales. La historia, que tampoco da para mucho, se alarga hasta casi las dos horas y da la impresión de que varios personajes, entre ellos el dueño del motel (Keanu Reeves) y el amigo bienintencionado (Karl Glusman), son puro relleno y están ahí para no dejar un solo tópico por cumplir. Tampoco pasa nada porque, pese a los esfuerzos de actores que la verdad es que cumplen, todos los personajes son más o menos bidimensionales. Quizá esa sensación general de vacío casi absoluto sea intencionada, dado el mundillo que se esfuerza en retratar la película, pero no quita que uno se levante de la butaca con la sensación de haber perdido el tiempo.

The Neon Demon - Modelos
¡Volvemos dentro de unos días con nuevas minirreseñas!

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