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El despertar de la Fuerza, larga vida a la nueva generación de Star Wars

Star Wars El despertar de la Fuerza - Reseña - Destacada

Abrams firma una cinta a la que quizá solo pueda achacarse demasiada poda en la mesa de montaje.

Es imposible reseñar el nuevo episodio de una saga tan longeva como Star Wars sin revelar algunos detalles de su argumento, y no digamos ya si encima es casi obligatorio comparar la película con al menos alguna de las que vinieron antes. Voy a intentar mantener al mínimo la información argumental, pero obviamente deberíais dejar de leer aquí mismo si no queréis saber nada de El despertar de la Fuerza antes de ir a verla.

Star Wars El despertar de la Fuerza - Rey y BB-8

BB-8 se acabará ganando tu decrépito y ajado corazón.


Vamos directos a la sensación epidérmica. El día del estreno, salí del cine encantado con la nueva entrega de Star Wars. J. J. Abrams lo había conseguido. Que sí, que vale, decía mi chiquillo interior a mi parte analítica, El despertar de la Fuerza puede interpretarse como un refrito de Una nueva esperanza. Y sí, te levantas de la butaca sin saber mucho más de cómo está la situación en la galaxia que al principio, pero sinceramente, ¿y qué? Abrams ha dirigido una película que cumple sobradamente con los espectadores a los que va dirigida, es decir, los viejos aficionados a la saga que temían una nueva La amenaza fantasma y los jóvenes que se sentaban por primera vez ante una gran pantalla, dispuestos a ver qué llega detrás de esas anticuadas letras amarillas (y a qué viene tanto jaleo con la séptima parte de algo).

Y una gran porción del mérito de que la película funcione corresponde a los nuevos protagonistas de Star Wars, cuya presentación es uno de los objetivos descarados del séptimo episodio. Aunque se dio mucho bombo a la presencia de Carrie Fisher, Mark Hamill y Harrison Ford en la nueva cinta, el único que tiene un papel crucial en esta entrega es Han Solo, y más como conseguidor —y en última instancia, acicate— de los nuevos que otra cosa. El peso de El despertar de la Fuerza recae en Poe Dameron (Oscar Isaac) y, sobre todo, en Rey (Daisy Ridley) y Finn (John Boyega), que están estupendos, sin paliativos. Tienen química en sus escenas juntos, te los crees sin el menor problema y, lo más crucial de todo, te importan. Sospechas que sobrevivirán a la película, porque al fin y al cabo esto es Star Wars y tu parte analítica sabe que seguirá unas convenciones, pero hasta ciertos momentos clave no estás tan seguro. Y preferirías que no murieran. Y es justo el interés por seguir sus andanzas lo que te impide dar demasiadas vueltas a lo poco dibujado que está el trasfondo, en la mejor tradición de la saga.

Star Wars El despertar de la Fuerza - Ala-X

Las batallas de cazas se hacen muy cortas.


¡Y el humor! Lejos de estar establecido artificialmente, en torno a un «misa alivio cómico, tusa Jedi seriote», el Episodio VII juega con todo su espectro, desde el más físico en el carguero con los bichos o los juegos de escala del abrevadero hasta el más inocente con el pulgar de BB-8 o el cameo de Daniel Craig, pasando por el químico de «no me cojas la mano» y el referencial de los viejos personajes. Que por cierto, los guionistas se han preocupado (en todos los casos menos uno, que yo recuerde) de que también funcione para el espectador nuevo. Las carcajadas son una parte de Star Wars que, yo al menos, no me había dado cuenta de lo mucho que añoraba.

No os aburriré demasiado hablando de la fotografía, los efectos prácticos, el vestuario y las demás facetas técnicas: seguro que ya habéis leído mil comentarios al respecto y, qué narices, le caerán Oscars seguro. Y ya supondréis que la banda sonora de John Williams se sale: anoche tuve Rey’s Theme en bucle más rato del que me atrevo a admitir. En los aspectos más técnicos basta con recalcar que, salvo un par de detallitos, la parte digital y la física están integradas con maestría. Es casi como si el George Lucas de 1977 (no el de las versiones digitales, ni mucho menos el de las precuelas) hubiera viajado en el tiempo y tuviera a su disposición todos nuestros recursos para suspender la incredulidad. Todo tiene un aspecto físico, de estar ahí: lo gastado y hecho polvo de casi toda la galaxia contrasta con lo impoluto de las instalaciones de la Nueva Orden, y de algún modo lo mundano del planeta Jakku y lo potente de un panel de control imperial destrozado a sablazos láser se refuerzan mutuamente.

Star Wars El despertar de la Fuerza - Kylo Ren y Stormtroopers

Kylo Ren tiene serios problemas de autocontrol.


Y sospecho que eso es justo lo que pretendía Abrams: encarnar a un Lucas de 1977 actualizado a 2015 y provocar las mismas sensaciones en quienes lleguen por primera vez a esa galaxia tan lejana. La película dura solo un cuarto de hora más que Una nueva esperanza —y curiosamente, justo lo mismo que La amenaza fantasma—, pero en ese tiempo se las ingenia para contarnos una aventura épica en su mismo orden de magnitud y pasar el testigo de los viejos héroes a tres nuevos que conectan con las emociones del espectador.

Star Wars El despertar de la Fuerza - Capitana Phasma

La capitana Phasma cobrará protagonismo en las futuras entregas.


Por el camino, en la mesa de montaje se han quedado sin duda virutas para parar un carro, y creo que la película peca de no resaltar lo suficiente la importancia de cosas como que cierto planeta quede arrasado, o el conflicto familiar que da pie a una de sus tramas principales. Deja con ganas de más en todos los aspectos, no solo en el adecuado a un principio de trilogía, y hace desear una versión extendida con veinte minutos más de metraje, aunque solo sea para resaltar que ninguno de los usuarios de la Fuerza que aparecen está mostrando su auténtico potencial e insinuar un poco más que al menos un personaje tiene parte de la memoria borrada.

Pero cuando al salir de una película te paras a confirmar que su continuación tiene fecha de estreno —y te cagas en que aún falte año y medio—, tiende a ser buena señal.

Sinopsis

Star Wars: El despertar de la Fuerza

Han pasado más de treinta años desde la caída del Imperio Galáctico, derrotado por la Alianza Rebelde. Luke Skywalker (Mark Hamill) ha desaparecido, pero existe un mapa que revela dónde se encuentra el último caballero Jedi que sigue con vida. La tiranía y la opresión no han acabado en la galaxia, que todavía se encuentra en guerra. Una Nueva República ha surgido, aunque su gobierno es frágil. Aprovechando la inestabilidad del sistema político, un misterioso guerrero, Kylo Ren (Adam Driver), obsesionado con acabar con los Jedi, amenaza la paz galáctica. El siniestro Ren lidera la Primera Orden, una fuerza leal a la memoria de Lord Vader y Palpatine, surgida de las cenizas del Imperio Galáctico.

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