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Hércules, un despropósito más allá de los mortales

saltito

Le dijimos a Sergi que fuera a ver Hércules y no nos lo perdonará nunca.

Hace unas semanas, en la reseña de Lluvia de albóndigas, hablaba sobre las expectativas que tenemos al ir a ver una película y cómo influyen en nuestra experiencia en el cine (saltito). Lo normal es que, si tienes malas expectativas, salgas contento. Pero a veces no. A veces esperas una mala película y te encuentras con una mala película. Y, muy de vez en cuando, te encuentras con algo como Hércules (cámara lenta).

Saltito en el barro

Hércules dando un saltito en el barro.


El viernes fui a verla convencido de que me iba a encontrar con una película malísima (saltito). Las críticas en EEUU la ponían francamente mal y su protagonista pertenece a esa escuela de interpretación a la que asistieron Steven Seagal y Richard Gere. Iba con unas expectativas realmente bajas. Pero lo que me encontré fue, simple y llanamente, una de las peores películas que he visto en mi vida (cámara lenta). Y eso lo dice alguien que tiene a medias una tesis doctoral sobre zombis: he visto cosas que os harían sangrar los ojos. Pero siempre hay algo salvable, alguna buena idea, un secundario que se esfuerza, un algo. Solo en contadas ocasiones me quedo con esta impresión desoladora (saltito).

Y realmente no sé por dónde empezar. Porque es tal el absurdo que me supera. Así que comenzaré por lo esperable (cámara lenta). De una película que reclama tratar el origen de la leyenda, pero pone el nombre romano del héroe y no el griego, uno ya espera que no va a haber mucho rigor histórico. Tampoco hace falta, pero encontrarse espadas medievales llama la atención (saltito). Que una cosa es que griegos y romanos sean lo mismo, y otra que mezclemos cosas que tienen casi dos milenios de distancia.

Hércules/300

¿300? No, Hércules low cost.


Pero seamos sinceros (cámara lenta): si el problema fueran los anacronismos, no habría problema.

Lo mínimo que uno espera de una producción de este tipo es que los FX estén bastante apañados. Que hoy en día con un buen croma y un ordenador parece que cualquiera pueda hacer algo digno (saltito). ¿Cualquiera? Pues, al parecer, no. Porque no estamos hablando de FX regulares, estamos hablando de vergüenza ajena. El encuentro con el león de Nemea es desconcertante (cámara lenta). Por un momento me llegué a plantear si no me habría metido por error en una película de arte y ensayo en la que todo resultaría ser el relato de un padre a su hijo con un peluche en la mano. Pero no, ese peluche era un león que se suponía realista (saltito). Quizás fuera una estratagema para que no nos fijáramos en lo mal coreografiada que está la pelea.

Y, de hecho, lo de las peleas mal coreografiadas es casi una constante. Hasta el punto de que en algunos momentos se tiene la impresión de que faltan un par de segundos, que nos hemos perdido algo (cámara lenta). Es algo casi tan mal hecho como los paisajes con croma. ¿Sabéis esa sensación cuando ves una película de hace treinta o cuarenta años en la que los actores tienen una pantalla detrás y piensas: «qué cutre, por dios»? Pues eso, pero la película es de ahora (saltito).

Aunque para malo, malo, las interpretaciones. Que hay que reconocer que es difícil hacer creíble un personaje con un texto como el de Hércules, pero poner de protagonista a un hombre que tiene los pectorales más desarrollados que el cerebro tampoco ayuda (cámara lenta). Si le echáis un ojo a su filmografía en IMDB veréis que Kellan Lutz, el mazas que interpreta (?) a Hércules, ha salido en grandes obras de nuestro tiempo como Crepúsculo o Inmortales. Porque Scott Adkins, que interpreta al rey Anfitrión, al menos tiene bagaje en este tipo de películas (saltito) y, sin ser un buen actor, sí consigue una frescura en las peleas que Lutz no llega ni a soñar.

Hércules: pectorales

Hola, soy Hércules y tengo más tetas que tú.


Aunque el verdadero culpable, el que se esfuerza en descubrirnos nuevos grados de sonrojo, el que nos hace sentir una vergüenza ajena como no creíamos posible, ese es (cámara lenta) Renny Harlin. Para haceros una idea, es el director de La jungla de cristal 2 (sí, la del aueropuerto; la que nadie vuelve a ver nunca) y Máximo riesgo (la de Stallone haciendo de alpinista). El director (¿el perpetrador?) del film se asegura de que le tengamos presente en todo momento, introduciendo efectos, planos y movimientos de cámara que no vienen a cuento y que oscilan entre lo desconcertante y lo ridículo (saltito). Que el pobre Lutz se pase la película dando saltos incluso cuando no es una escena de lucha parece que no era suficiente, así que en la sala de montaje Harlin se dedica a poner fragmentos en cámara lenta y otros acelerados, sin que (al menos yo no he podido) se llegue a captar cuál es el criterio para poner una y otros.

Quizá el criterio sea algo así como «esto mola, ¿eh?». Iba a decir un esteticismo vacuo, pero no llega ni a eso. Un esteticismo vacuo tiene una concepción estética detrás. El cuervo la tenía. No tiene porqué gustarnos, pero la hay.  En Hércules: el origen de la leyenda, no hay ninguna idea detrás. Por eso tampoco hay coherencia interna.

Hércules: JC

¿No puede ser peor? Espera, llega la escena Jesucristo.
«Padre, creo en ti». Y va en serio.


Me resisto a cerrar esta reseña sin decir nada bueno de la película. Así que ahí va esto: por una vez, una película de este tipo no dura dos horas y media. Al menos, no llega a hacerse larga. Saltito a cámara lenta.

Sinopsis

Hércules: el origen de la leyenda

El joven Hércules es traicionado por su propio padre, el rey Anfitrión, y es vendido como esclavo. Pero se valdrá de sus espectaculares poderes como guerrero para regresar, conseguir el apoyo del ejército, y derrotar a su padre y a su hermano. Y, de paso, conseguir a su amada Hebe.

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