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Hereditary: renovarse desde la tradición

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Hereditary vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre si se está haciendo un terror nuevo.

El estreno de Hereditary, opera prima en el largometraje del estadounidense Ari Aster, ha promovido entre la comunidad cultural (incluidos aficionados y no aficionados al terror) la necesidad de cuestionarse 1) la emergencia o no de un nuevo modelo de cine de horror, posibilidad que lleva al menos cinco años planteándose; y 2) la naturaleza cardinal de este nuevo modelo, si es que existiera tal cosa, fundamentada sobre todo en cierta condescendencia elitista para con los lugares comunes acuñados por el género moderno, esto es, el producido en las últimas cinco décadas aproximadamente. De ahí la utilización en prensa de etiquetas deterministas del tipo “terror inteligente” o “miedo artístico”, en el fondo más interesadas en hablar (de forma peyorativa) de las películas que han precedido a esta nueva ola que de los potenciales valores/aportaciones realizados por títulos como el que nos ocupa, It Follows (2014), Babadook (2014), La bruja (2015), Déjame salir (2015), The Neon Demon (2016), Verónica (2017) o Un lugar tranquilo (2018), por poner solo unos cuantos. No es este el espacio para rebatir o ratificar estas cuestiones, pero sí para apuntar, aunque sea solo sea en unas líneas, un aspecto en el que Hereditary marca distancia y personalidad con respecto a algunas coetáneas suyas, a la vez que sugiere una posible lectura meta-genérica de este nuevo cine: el conocimiento, respeto y diálogo que Ari Aster parece mantener en todo momento con la tradición del género en el que, conscientemente, inscribe su película.
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A diferencia de Llega la noche (2017), Thelma (2017) o El infinito (2017), todas muy estimables, (especialmente las dos últimas), Hereditary muestra sus cartas boca arriba ya desde los primeros minutos de metraje, con ese plano-secuencia que, a modo de truco de prestidigitador, encuadra la caseta donde va a tener lugar el clímax de la película para, a continuación, fundir mediante un zoom la casa en miniatura en la que trabaja la madre de la familia y la casa real en la que viven los protagonistas. Con este movimiento de pura y dura caligrafía cinematográfica, Aster parece sugerirnos que todo lo que vamos a ver a partir de este momento no va a ser sino una escenificación, un cuento de horror tradicional en el que los personajes, por muy humanos y verosímiles que nos parezcan (y lo parecen), se limitarán a ser meros peones actantes en el crescendo de terror sobre el que se sustenta todo buen relato. No en vano, los principales puntos de giro de la película, las estampas más terroríficamente epatantes, van a estar filmadas también como si de miniaturas se tratasen, todas en planos generales y largos encuadres horizontales que empequeñecen a los actores (otra vez la utilización del espacio vacío como fuente de horror, como en It Follows): véase la atroz muerte de cierto personaje a mitad de metraje (que termina con un plano largo del coche detenido en mitad de la carretera, rodeado de la noche negra) o el momento en que otro arde en llamas.
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El resto de la película es coherente con esta decisión. Aster parece mirar en todo momento la historia del género que le precede por el espejo retrovisor, hasta el punto de no privarse de usar cuantos recursos genéricos necesite para aterrorizar a su público. Por un lado, su película está trufada de escenas-tipo no muy distintas del modelo James Wan, por lo tanto más o menos familiares para el espectador contemporáneo: la sesión de espiritismo, la escena en la que la madre rompe a hablar con la voz de cierto personaje fallecido o aquella otra en la que indaga en los álbumes de fotos de la abuela. Pero, por otro lado, no son pocas las ideas, visuales y narrativas, que toma prestadas de títulos y modelos menos mainstream. Sin ir más lejos, el dolor de la pérdida como catalizador emocional de lo sobrenatural rige dos películas con tanto que ver con Hereditary como Amenaza en la sombra (1973) y Círculo de la muerte (1977), ambas protagonizadas por padres y madres que han perdido a seres queridos. Que las dos adapten a autores del calibre de Daphne du Maurier y Peter Straub apunta otra cuestión: la tradición literaria está también detrás de la idea central de la que parte Hereditary. No solo las pesadillas paranoicas de Du Maurier, Shirley Jackson o Robert Aickman (quien tiene un cuento sobre sonámbulos muy próximo a ciertas escenas de la película); la trama y la atmósfera del guion de Aster retoman de los llamados escritores fantásticos de fin de siglo (Arthur Machen, Robert Chambers, Algernon Blackwood, Lord Dunsay o incluso, antes, W.H. Hogdson) la idea de una realidad metafísica, terrible y pagana que solo los iniciados están en condiciones de comprender.
Volviendo al cine, ese último y epatante acto que a tantos espectadores ha desubicado (sin duda a conciencia por parte del director y guionista), es un compendio de excesos, desde personajes que se auto-decapitan o vuelan a entidades sobrenaturales que se manifiestan como lo que realmente son, en línea con el espíritu que animó al mejor cine popular europeo de los años 60 y 70. No ya en lo que se refiere a los ejercicios neo-góticos de Argento (en especial sus películas sobre brujería), sino muy especialmente a ciertos títulos de su maestro Mario Bava, en particular Operazione Paura (1966) y Shock! (1977), películas donde la lógica pesadillesca estaba más atenta a la poética macabra de las imágenes que al rigor argumental del guion canónico hollywoodiense. Desde este punto de vista, Hereditary juega en la liga de una obra maestra moderna como The Lords of Salem (2012).
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Estas líneas no pretenden ser un ejercicio de erudición (por otro lado, casi todos estos referentes son bien conocidos por los aficionados), sino la constatación de que esta nueva oleada de horror, en general, hace suya la máxima que dice que no se puede innovar aquello que se desconoce. La mayoría de la crítica, por ejemplo, alabó la disección del neo-racismo de la era Trump que hacía Déjame salir, pero muy pocos advirtieron que, más allá de eso, la película era un desprejuiciado ejercicio de imaginación pulp muy consciente del material que manejaba (sobre todo, una vez más, en su último acto, puro delirio Creepy). Hereditary es un gran título de terror, seguramente llamado a permanecer, pero no porque enmiende la plana al resto del género, sino precisamente porque conoce y comprende su potencial subversivo a lo largo de la Historia.

Sinopsis

Hereditary

Cuando muere Ellen, la matriarca de la familia Graham, la familia de su hija comienza a desentrañar secretos crípticos y cada vez más terroríficos sobre su ascendencia. Cuanto más descubren, más se encuentran tratando de escapar del siniestro destino que parecen haber heredado.

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