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Isla de perros: amor canino y Akira Kurosawa

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Lo último de Wes Anderson está lleno de detalles maravillosos, pero el conjunto no es tan bueno como esperábamos.

Que Wes Anderson es un autor que amas u odias no es ninguna novedad. Tiene una estética personal y hay quien simplemente no conecta con ella. Sin embargo, hay que ser muy corto de miras para no reconocer su talento, por más que uno no entre en su universo personal. Hay pocos directores que consiguen ser reconocibles, tener un sello propio. Anderson lo tiene.

Wes Anderson y sus criaturas.

Wes Anderson y sus criaturas.

Cuando, hace unos meses, vi el tráiler de Isla de perros, pensé: “¿Qué es esto tan raro? ¡Quiero verlo!”. Y entonces salió lo de “una película de Wes Anderson” y todo tuvo más sentido. El problema, ahora que ya la he visto, es que el tráiler era mejor que la película, porque estaba condensado. La trama gira casi exclusivamente en torno a Akira recorriendo la isla con los perros en busca de su mascota, y eso difícilmente puede dar para un largometraje de más de dos horas. El film no se hace aburrido porque está lleno de cosas en las que fijarse y con las que quedar fascinado: gags realmente hilarantes, detalles de artesanía en la animación, aspectos desconcertantes, una secuenciación marca de la casa. Pero es como esos videojuegos en los que vas saltando de loseta en loseta, sin caer nunca en el abismo, pero sin tener tampoco nunca suelo firme bajo los pies.
Y sin embargo, no podemos desechar sin más Isla de perros. Por un lado, su argumento escaso y simple permite lecturas políticas muy actuales. El alcalde Kobayashi es una especie de tirano que no tiene problema en envenenar a sus enemigos -un saludo, señor Putin-, mientras que el mar que separa la isla de la ciudad recuerda mucho al Mediterráneo que los inmigrantes ilegales intentan cruzar todos los días. Lecturas que, como debe ser en una buena obra de arte, hacemos nosotros, los espectadores, pero que no necesariamente estaban en la mente del creador: estamos hablando de stop-motion, una técnica con la que se tarda una eternidad en rodar algo; y Wes Anderson ya estaba en pleno proyecto allá por 2013.

Isla de perros tirachinas
En una entrevista, Anderson dijo que la inspiración para Isla de perros le vino de los especiales animados de Navidad de cuando era pequeño -como los del reno Rudolph- y de las películas de Akira Kurosawa. Puede parecer una combinación imposible, pero la verdad es que, una vez vista la película, tiene sentido. Es un film infantil, quizás demasiado -algo que ya le pasó en Fantástico señor Fox-, y con una trama digna de cuento ilustrado, pero al mismo tiempo tiene una atención al detalle y un cuidado en la colocación de la cámara exquisitas.
No sé qué tal estará la versión doblada, pero en el original hay un elenco de actores poniendo las voces que es una de las mayores virtudes del film. Bryan Cranston, Bill Murray, Scarlett Johansson, Jeff Goldblum, Harvey Keitel, Kunichi Nomura, Frances McDormand o Ken Watanabe, entre otros muchos, todos ellos con voces reconocibles, incluso peculiares. Sin embargo, no parece que se haya adaptado la animación de los personajes al actor, sino que más bien se diría que Anderson eligió cuidadosamente a los actores que mejor se adaptan a cada perro, a cada personaje.

El oráculo es de lo mejor de la película.

El oráculo es de lo mejor de la película.

Es precisamente la caracterización de los perros lo que más llama la atención, ya que no solo es que cada uno tenga una personalidad propia, sino que son perros. Su comportamiento, su forma de pensar, son reconocibles por cualquier que haya tenido uno. Y quizás solo por por eso ya merece la pena verla.

En conjunto Isla de perros no es una mala película, pero está muy por debajo de las críticas que ha recibido y de las expectativas que el tráiler creaba. Aun así, los fans de Wes Anderson volverán a disfrutar de un artefacto cuidado con primor, de planos pensados y razonados, y de una estética con sabor artesano, lejos de la producción en serie a la que Hollywood nos tiene más acostumbrados.

Sinopsis

Isla de perros

En un Japón del futuro próximo, los perros han sido desterrados a una isla. El joven Atari no piensa permitir que su perro muera allí.

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