La fiesta de las salchichas, tan gamberra como prometía | Fantífica

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La fiesta de las salchichas, tan gamberra como prometía

La fiesta de las salchichas - Destacada

El dúo de Seth Rogen y Evan Goldberg vuelve a la carga con una película más profunda de lo que parece.

Cuando empezó a correr el tráiler de La fiesta de las salchichas, los espectadores nos quedamos un poco desconcertados. Lo que se veía era realmente bueno, con un humor negrísimo y un buen puñado de gags hilarantes, pero no parecía que diera como para toda una película. La historia del cine está llena de obras que deberían haberse quedado en un cortometraje, y La fiesta de las salchichas apuntaba en esa dirección.

Sin embargo, para sorpresa de propios y extraños, es una buena película. No se limita a ser una sucesión de chistes políticamente incorrectos, sino que urde una trama que le permite satirizar las típicas películas infantiles y su moralina conservadora. Intención que se explicita ya en la escena inicial, con una canción ridícula en la que los personajes se van presentando como pasaba al inicio de La bella y la bestia. Y para maximizar el efecto, el compositor de ambas canciones es el mismo, Alan Menken.

La fiesta de las salchichas - Chicle

Stephen Hawkins, digo Chicle.


La voluntad satírica puede verse, además, en el tipo de animación —imposible no pensar en Toy Story—, que contrasta con el diseño de los personajes, básicamente sexual: una salchicha, un panecillo, un bagel… Hay, además, otra diferencia fundamental: la relación con los humanos. Al personificar objetos (desde juguetes hasta mobiliario) o animales, cabe la posibilidad de que los humanos seamos buenos con ellos. Al margen de quién sea el bueno o el malo de la película, es posible ser un buen humano, darle una buena vida. Podemos ser el niño que quema los muñecos o el que los cuida. Pero en La fiesta de las salchichas no hay posibilidad de que alteremos nuestra relación con los personajes. Los humanos no podemos, simplemente, dejar de comer.

Pero a pesar de esa sátira y esa parodia, La fiesta de las salchichas es ante todo una comedia desmadrada y su principal virtud es que, como comedia, es increíblemente graciosa. Los chistes se van sucediendo uno tras otro, combinando el humor más negro con los gags de carácter sexual y los pura y llanamente desconcertantes. Paradójicamente, ese es también uno de sus mayores defectos: hay tantos y tan pasados de vueltas que el espectador se puede ver saturado en bastantes momentos.

La fiesta de las salchichas - Lechuga

Si eres muy sensible, tal vez esta no sea tu película.


Sin embargo, ese desmadre y ese afán de provocación no deberían impedirnos ver una de las mejores sátiras sobre la inexistencia de Dios que se han filmado. Bagels judíos, tacos católicos, panes de pita que sueñan con ir al Más Allá y tener sus 72 botellas de aceite de oliva virgen… todos ridiculizados por igual, porque los dioses no son más que humanos.

En cierto sentido, La fiesta de las salchichas recuerda a los cómics de Garth Ennis. Son hilarantes y provocadores, pero de vez en cuando pierde el tono, se gusta demasiado a sí mismo y acaba llenando las páginas de chistes de pedos y culos. Algo parecido sucede con La fiesta: casi todo el metraje consigue mantenerse justo a punto de pasar la raya, de dejar de ser gracioso, pero de vez en cuando la cruza. La escena de la orgía, por ejemplo —sí, hay una orgía, ¡claro que hay una orgía!— se alarga y se alarga, hasta dejar de ser graciosa para ser tediosa. Como las peleas de Peter Griffin con el mono malvado.

La fiesta de las salchichas - Paquete
Aun así, a pesar de esos pocos momentos en los que se gusta demasiado a sí misma, La fiesta de las salchichas es un película mucho mejor de lo que uno esperaría. Algo que, de hecho, empieza a ser marca de la casa. Sus creadores, Seth Rogen y Evan Goldberg, ya lo hicieron con Supersalidos y con Superfumados, ambas muy por encima de lo que sus títulos anunciaban, al mismo tiempo que ofrecían lo que esperaba su público objetivo aparente. Un improbable equilibrio entre chistes de humor grueso y la sátira más descarnada que uno pueda pedir.

En conjunto resulta, pues, una buena película que podría haber sido mejor si sus creadores no se hubieran dejado llevar por el concepto de «película para adultos». Poder decir palabrotas e incluir sexo es una gran ventaja… hasta que te empiezas a recrear en ello solo porque puedes. Aun así, solo por el final absolutamente metanarrativo (y que promete una secuela épica), merece la pena verla.

 

Sinopsis

La fiesta de las salchichas

La comida vive feliz en el supermercado, creyendo que cuando la compran va al Más Allá, un paraíso en el que los dioses-humanos los colman de placeres. Pero están a punto de descubrir la terrible verdad.

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