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Múltiple o la plantilla narrativa aplicada con oficio

Múltiple - Destacada

Lo último de Shyamalan es un thriller que cuida sus engranajes y funciona a la perfección.

Si existe una idea que sintetice la práctica totalidad del cine de M. Night Shyamalan, esa podría ser la siguiente paradoja: es un cineasta profundamente fascinado por la mecánica interna de los llamados géneros (o subgéneros) populares y al mismo tiempo obsesionado no tanto por trascenderlos como por aplicar sobre ellos una mirada única, específica, que sin embargo nunca pierde de vista el auténtico leit-motiv de estas formas de relato, el placer del espectador ante los más elementales resortes de la narrativa.

Múltiple - Kevin Gafas
Desde este punto de vista, cada una de las películas de Shyamalan, con la excepción de sus dos primeros largometrajes, Praying with anger y Los primeros amigos, parte de una premisa dramática inscrita de forma transparente, casi se diría que desacomplejada, en la más genuina (y popular) narrativa de género: la ghost story en El sexto sentido, la ficción de superhéroes en El protegido, la invasión alienígena en Señales, el cuento de terror colonial en El bosque, el cuento de hadas en La joven del agua, el cine de catástrofes naturales ecológico de los años sesenta y setenta en El incidente, el viaje del héroe en Airbender, el último guerrero, la narrativa postapocalíptica en After Earth y el cine de terror que toma a la familia como fuente de horror potencial, heredero del Nuevo Cine de Terror Norteamericano de los 70, en La visita.

Incluso en aquellos filmes más aparentemente alejados de su universo personal (en el brumoso campo del encargo), el cineasta indio parte de una plantilla narrativa arquetípica, en el filo del lugar común, como medio para expresar sus obsesiones, que pasan fundamentalmente por abordar el tema de la fe y su lugar en un mundo cada vez más cínico y mecanicista.

Múltiple - Pasillo
Múltiple, su nuevo largometraje, no supone sino una prolongación o sofisticación de esta máxima, hasta el punto de que, sobre el papel, su premisa dramática bien podría ser la de un capítulo más de cualquier serie contemporánea policiaco-criminal en la línea de Mentes criminales, o de uno de los muchos thrillers con psicópata post-Seven que desbordaron la cartelera a finales de los años noventa y principios de los dos mil. Una vez más, pues, el lienzo de Shyamalan es una situación arquetípica, identificable por el espectador medio: tres adolescentes secuestradas por un joven psíquicamente inestable, en este caso aquejado de personalidad múltiple, o lo que es lo mismo: la feminidad (fuertemente sexualizada) frente a una amenaza monstruosa configurada como masculina, el leit-motiv que vertebra buena parte de la tradición del horror desde la edad de oro de la novela gótica hasta el slasher moderno, pasando por los arquetipos clásicos victorianos del género, con Drácula a la cabeza.

Shyamalan parece tan consciente aquí del lugar en el que inscribe su película como lo ha sido en el resto de su filmografía; por eso Múltiple trabaja sobre todo dos aspectos capitales de esta tradición: por un lado, el arquetipo de la mujer que encuentra en la confrontación con el monstruo una forma de liberación personal, y por otro el papel de lo fantástico en la representación de lo monstruoso.

Múltiple - Casey
En cuanto a lo primero, no es difícil ver en el personaje de Casey (Anya Taylor-Joy) la síntesis de cuantas heroínas adolescentes la han precedido. Shyamalan aporta, sin embargo, un insólito vínculo entre víctima y monstruos que, como ocurría en El protegido con superhéroes y villanos, supone también una reflexión acerca de la verdadera naturaleza de este binomio a lo largo del tiempo: los dos comparten la experiencia del dolor como fenómeno catártico, parece decirnos Shyamalan, convirtiendo el horror (otra vez) en un asunto de fe. También el tratamiento del efecto fantástico con respecto al arquetipo del monstruo humano apunta en esta dirección: no es que Múltiple sea estrictamente un relato fantástico, sino que la evolución del personaje interpretado por James McAvoy a lo largo del metraje supone, una vez más, una reflexión de la forma en que estos personajes han coqueteado con los resortes de lo imposible (véase cómo los psycho-killers al estilo de Michael Myers empezaban siendo realistas en la primera o primeras películas para luego evolucionar hacia entidades sobrenaturales).

Lo verdaderamente meritorio de la película, en fin, es que Shyamalan consigue un thriller que, incluso atenuando el peso de estos aspectos, incluso visto solo como un artefacto narrativo elemental, funciona perfectamente de forma autónoma, una narración in crescendo que gestiona milimétricamente sus puntos de vista (atención al uso del fuera del campo cuando se está en el lado de las chicas) y que reafirma a su director como un genuino enamorado de las posibilidades de los géneros populares.

 

Sinopsis

Múltiple

Kevin tiene trastorno de personalidad múltiple: dentro de él conviven 23 identidades diferentes. Entre ellas, están las personalidades de Barry, un aspirante a diseñador de moda; Dennis, un obsesivo-compulsivo al que siempre han subestimado; Hedwig, un travieso niño de nueve años de edad, y Patricia, una mujer de gran autoridad que actúa de forma sospechosamente amable.

El problema surge cuando algunas de las personalidades más problemáticas dentro de Kevin urden un plan con un propósito misterioso y nefasto. Es entonces cuando Dennis secuestra a tres chicas adolescentes. Y pronto las prisioneras, lideradas por Casey, se encuentran en un búnker subterráneo y su vida depende de este peculiar captor con personalidades cambiantes.

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