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Orgullo y prejuicio y zombis y palomitas

OPZ Hermanas Bennet

Orgullo y prejuicio y zombis es gamberra y no se toma en serio a sí misma, y es mucho más divertida de lo que pueda parecer.

La semana pasada, en la reseña de Batman v Superman, hablaba de que el cine puede ser solo diversión, un entretenimiento sin más pretensiones que hacer pasar un buen rato. Y que eso está bien. Y eso es justo lo que ofrece Orgullo y prejuicio y zombis, un entretenimiento divertido y sin más pretensión que hacerlo pasar bien durante una hora y media. Da justo lo que uno puede esperar de su título. Seguro que habrá a quien no le guste, pero no se puede decir que engañe. Claro que hubo quien dijo que Pacific Rim no tenía ni pies ni cabeza. ¡Como si de una película de robots gigantes contra monstruos gigantes se pudiera esperar mucha lógica!

Orgullo y prejuicio y zombis empieza con una declaración de intenciones: tras un par de minutos algo aburridos, con un tono grandilocuente y falsamente épico intercalado de escenas de fiesta aristocrática al más puro estilo Jane Austen, rompe todo y suelta al primer zombi, con decapitación incluida, sangre contra la cámara, casquería y humor negro. Eso es lo que la película va a ofrecer, y si no es lo que has ido a ver, igual es que te has equivocado de sala.

Los dientes de Sam RIley, Darcy, son fascinantes.

Los dientes de Sam Riley, Darcy, son fascinantes.


La novela homónima de Seth Graham-Smith en la que se basa tiene un problema de base muy evidente: las trama zombi está metida con calzador sobre el texto original de Jane Austen, y pasado el chiste inicial todo chirría. Su lectura resulta lenta y tediosa, aunque sigue siendo mejor que la versión en cómic. Al fin y al cabo, tiene una buena parte de Jane Austen que el cómic no conserva. Era posible que pasara lo mismo al hacer la película: que al no tener la prosa de Austen solo quedara lo chusco. Pero por algún motivo tenía esperanzas, tantas como para ponerla entre lo más esperado del año. Y no me ha decepcionado.

En realidad la cuestión es bastante simple: si no eres Jane Austen, no puedes pretender estar a su altura. Pero sí que puedes hacer una broma/homenaje, que es exactamente lo que ha hecho Burr Steers. Se nota que tanto él como todo el equipo son muy conscientes de estar haciendo una gamberrada y disfrutan de ella. Transmite un buen rollo que se contagia, y la química entre los actores es perfecta, aunque sus interpretaciones no siempre estén a la altura. Claro que no son grandes actuaciones lo que uno va a buscar a una película así, ¿verdad?

Sí, sale Matt Smith. No, aún no tiene cejas.

Sí, sale Matt Smith. No, aún no tiene cejas.


Obviamente, la historia tiene incoherencias y huecos del tamaño del lago Ontario, pero eso ya lo sabes antes de entrar. Y si en Orgullo y prejuicio no te planteas por qué hay tantos militares en la campiña del interior, tampoco vamos a ponernos estupendos con los zombis. En cambio sí que es más problemático que al final del segundo acto el ritmo caiga en picado y la película se vuelva algo lenta y, mucho peor, aburrida. Es justo la parte en la que la trama zombi pierde importancia y la historia se centra en la relación afectiva entre Elisabeth y Darcy. Quizás Steers sea consciente de ello y por eso haya decidido quitar peso al resto de relaciones amorosas de las hermanas Bennet, que solo se tratan en lo que respecta a Elisabeth o a la trama zombi.

Por fortuna, el último acto recupera el ritmo y el tono gamberro, aunque la resolución huela demasiado a tópico. Las explosiones, el puente y la horda persiguiéndoles son visualmente tan conservadoras que rozan la autoparodia. Aun así, consigue dejar un buen sabor de boca y una sonrisa al salir del cine.

OPZ bebe

La concepción estética del film resulta curiosa. Orgullo y prejuicio es todo lo feminista que una novela podía ser en 1813 y denuncia la falta de libertad de las mujeres con bastante claridad. La gran reivindicación es el derecho a casarse con alguien a quien amen o, al menos, a decidir ellas si se quieren casar o no con alguien. Leída hoy, sigue percibiéndose como feminista porque el discurso es coherente y tiene cohesión interna, no porque su reivindicación sea actual. Sin embargo, al introducir en la historia un elemento de nuestra época como son los zombis, el contraste rompe esa cohesión precisamente porque lo que era una reivindicación feminista hace doscientos años ya no lo es en el siglo XXI. Las hermanas Bennet, se nos dice, «están adiestradas para matar, no para cocinar», y son mujeres fuertes —literalmente—, pero la escena en la que se visten desde el corsé hasta el vestido, pasando por las innumerables espadas, cuchillos, dagas y demás que llevan, no deja de mostrarlas como fetiches de la fantasía de algún adolescente.

No es que la película sea machista: no creo que haya meditado sobre su discurso. De hecho, el personaje de Elisabeth se mantiene como una mujer fuerte e independiente, que le puede patear el culo a cualquiera y que no necesita que le salven la vida ni más ni menos que cualquier otra persona en un apocalipsis zombi. Pero visualmente Orgullo y prejuicio y zombis no consigue evitar caer una estética de cómic para adolescentes. Muchachas con corsé que les levanta las tetas; vestidos con vuelo, mucho vuelo, para poder dar patadas y que la tela haga como una capa; la gabardina de cuero de Darcy, que parece sacada del vestuario de Underworld. En cualquier caso, se trata de una estética que encaja bien con la historia que se cuenta y, sobre todo, con el tono que esta tiene. Orgullo y prejuicio y zombis es un divertimento, no pretende ser otra cosa, y logra su objetivo, aunque a ratos le falte algo de gamberrismo para lo que es.

Sinopsis

Orgullo y prejuicio y zombis

Cinco hermanas de la Inglaterra de principios del XIX intentan buscar marido y sobrevivir al apocalipsis zombi.

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One Response to “Orgullo y prejuicio y zombis y palomitas”

  1. […] una cierta cohesión argumental. Arlen, el personaje interpretado por Suki Waterhouse (Insurgente, Orgullo y prejuicio y zombis), empieza la película siendo expulsada de los EE. UU. Vamos siguiendo sus peripecias, pero no […]