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Santa Clarita Diet, una zombi en la familia

Santa Clarita Diet - Destacada

Una comedia que promete y se queda en poco más que eso, una promesa.

El punto de partida de Santa Clarita Diet no puede ser más jugoso para todos aquellos que amamos la temática zombi, que no tiene que ver necesariamente con ser un monstruo gregario que se cae a pedazos. Sheila (Drew Barrymore) es una agente inmobiliaria con familia y una bonita casa en uno de esos suburbios norteamericanos que tan bien reflejan el Eduardo Manostijeras de Tim Burton y Mujeres desesperadas. Sheila a veces es un poco muermo: las otras madres de la zona residencial la invitan a cañas y ella no quiere salir, porque siempre está muy cansada y muy liada y en el fondo no sabría de qué hablar con todas ellas.

Pero una mañana que no es como las demás, Sheila despierta sintiéndose un poco mal, hipando sin sentido, y cuando está en plena faena, es decir, enseñando una casa con posibilidades a un matrimonio especialmente exigente —con su marido, porque su marido también es agente inmobiliario—, vomita espectacularmente en la carísima alfombra del sitio en cuestión. Y cuando decimos espectacularmente es que la cosa dura bastante rato. Y el color del vómito apunta a que nada bueno le está pasando a Sheila.

Santa Clarita Diet - Gore

El matrimonio, pillado in fraganti, con una sonrisa.


Porque sí, Sheila está muerta —aún no sabemos cómo ha muerto, y poco nos importa, porque el caso es que sigue viva—, pero se siente mejor que nunca. A excepción de que tiene un apetito voraz, y no precisamente por la carne cocinada, nada parece haber cambiado en Sheila. O sí, porque, como decíamos, se siente más viva que nunca. Le apetece salir con las otras madres y pasárselo en grande. Y nunca está cansada. Es como si, dice en un momento dado el clásico vecino que ha visto demasiadas películas de zombis, el «ello», la dominara, es decir, como si sus instintos la dominaran y no hubiese manera de frenar aquello que desea, porque no hay pensamiento que se interponga entre lo que quiere hacer y lo que acaba haciendo.

Entre los ilustres compañeros de reparto de Barrymore figuran Timothy Olyphant y Ricardo Chavira, que vuelve a la soap opera de raíz esencialmente cómica después de su largo paso por Mujeres desesperadas, serie que ya hemos citado en dos ocasiones en lo que llevamos de artículo porque, digamos, tiene algunas cosas en común con Santa Clarita Diet. Si aquella se empeñó (de forma narrativamente brillante) en mostrar el infierno de las zonas residenciales desde el punto de vista de la comedia inteligente, construyendo un noir decidido a utilizar los arquetipos del melodrama para reírse de ellos, esta se empeña en destruir cualquier atisbo de vida perfecta que en realidad nunca existió. Y a la vez permite a la familia de Sheila tomar un poco de aire, el aire que toma la propia Sheila abandonándose a sus instintos y siendo, a su manera, y por qué no, feliz.

Santa Clarita Diet - Plástico

Preparando la escena del crimen con, también, claro, una sonrisa.


El zombi siempre es una buena metáfora, y a veces una muy divertida, de alerta. El zombi alerta a los vivos de que todo es cuestión de tiempo. Todos, en el fondo, somos muertos vivientes, porque el futuro que podemos tener no es un futuro infinito sino un futuro que se acaba, ¿y por qué no disfrutamos entonces del presente? Es cierto, los zombis sirven para muchas cosas. Sirvieron a George A. Romero para reflexionar sobre el consumismo —tenéis más sobre el tema en la guía de cine Z que se curró Sergi hace un tiempo—, y en el fondo nunca han dejado de ser una alegoría sobre la condición gregaria del ser humano. En ese sentido, lo que los zombis nos dicen es: «Cuidado, estás siendo como todos los demás y todos los demás apestan». Literalmente. Pues aquí se juega a lo contrario. Los demás son como todos los demás y están atrapados en sus vidas aparentemente perfectas, y la única que está verdaderamente viva es Sheila.

Dicho todo esto, la serie tiene un potencial enorme. Pero se pierde. Sí, se pierde. Porque el humor elegido es un poco demasiado cafre, y en ningún momento se juega a la credibilidad. Y diréis: «¡Es una serie de zombis! ¿Qué credibilidad?». La credibilidad es necesaria para que la cosa funcione. No demasiada, pero sí la justa. Digamos que todo se da por hecho con una facilidad pasmosa que resta profundidad y empaque a la propuesta, y el guión da saltos de una escena ridícula a la siguiente, un poco a la manera de las películas de Leslie Nielsen pero sin pretenderlo. Porque tal vez, si lo pretendieran, resultaría magistral. Y lo que podría haber acabado en fascinante soap opera de temática zombi no llega ni a comedia de risas enlatadas, porque se queda justo a medio camino entre una y otra. Y es una pena. De las grandes.

Sinopsis

Santa Clarita Diet

La anodina vida de una pareja de agentes inmobiliarios sufre un drástico cambio que los conducirá por una senda mortal de destrucción, en el buen sentido de la palabra.

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