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Shin Godzilla, el monstruo de la burocracia

Shin Godzilla - Destacada

Un monstruo gigante que nos habla de democracia y poder de decisión.

El año 2014, Gareth Edwards dirigió su propio Godzilla. Un Godzilla muy yanqui, con Bryan Cranston (Breaking Bad), Juliette Binoche y Elizabeth Olsen. Es decir, un Godzilla en el que lo que había que primar era la acción, la destrucción, el cine de catástrofes preapocalípticas, el cine de monstruos que durante un par de horas nos deja vislumbrar lo que podría ser el fin del mundo, si el fin del mundo dependiese de que un monstruo radioactivo apareciese de repente y decidiese, por qué no, acabar con todo. Bien. Pues más o menos por aquella época, ese 2014, Japón (o más bien Toho, la productora clásica de la franquicia) decidió que iba a aprovechar el tirón de la nueva versión norteamericana para lanzar su propia revisión del mito. ¿Y qué hizo? En primer lugar, ponerla —acertadamente— en manos de Hideaki Anno y Shinji Higuchi.

El primero quizá os suene si os va el anime, porque es el creador de la serie Neon Genesis Evangelion. El segundo es un reputado experto en efectos especiales, responsable de la adaptación a imagen real del manga Ataque a los Titanes. De ahí que el aspecto del nuevo Godzilla nipón sea tan poderosamente retro. De hecho, resulta tan retro que recuerda a los fabulosos monstruos creados por Ray Harryhausen. Y eso ya es todo un logro. Podríamos decir que el monstruo en sí ya es motivo suficiente para ver (y disfrutar) Shin Godzilla.

Shin Godzilla - Bicho

El monstruo es verdaderamente alucinante.


Pero es que hay más, mucho más. Empezando por un guión que huye por completo de la acción y se centra en la inacción, o, mejor, en la sátira política, el drama absurdo de la democracia llevada al extremo, el sinsentido de la burocracia que no entiende de monstruos, que solo sabe de leyes que deben aprobarse después de una y otra y otra reunión, que no han sido creadas para reaccionar ante un bicho enorme, porque, como el tifón o el terremoto, una vez ha aparecido y ha empezado a destruir todo lo que rodea, no va a irse a ninguna parte: va a quedarse y va a seguir destruyendo. ¿Y acaso alguien ha pensado alguna vez en que algo así pueda ocurrir?

A diferencia de una cinta norteamericana sobre el tema, el presupuesto de Shin Godzilla no se ha ido tanto en uniformes militares como en actores con guión que recorren pasillos a la manera en que los recorren los protagonistas de El Ala Oeste de la Casa Blanca mientras tienen diálogos absurdamente políticos, porque en eso se convierte la política cuando se la extrae del tanque de agua en el que sobrevive: en algo absurdo que, sobre todo, dificulta cualquier tipo de reacción.

Shin Godzilla - Reunión

Esto es lo que pasa en buena parte del metraje: reuniones sin fin.


La cosa comienza cuando el monstruo de marras empieza a ser avistado, y los primeros comités se reúnen para preguntarse qué hacer si sale del agua. Y evidentemente, aún no han llegado a ningún tipo de conclusión cuando el monstruo de marras, por entonces apenas un muppet gigantesco, toma tierra y empieza a arrastrarse por la ciudad de Tokio, destruyendo a su paso todo lo que encuentra y cubriéndolo con lo que parecen cascadas de sangre. Porque al principio el monstruo no parece tan fiero. Tan solo parece un enorme muñeco de peluche perdido que se arrastra. Pero claro, la cosa se va complicando a medida que el tiempo pasa, y el tiempo pasa mientras los despachos se llenan y se vacían. Y nadie toma ninguna decisión.

Y he aquí lo fascinante de Shin Godzilla, la vuelta de tuerca definitiva. Porque Shin Godzilla habla a la vez de un Japón que aún se siente culpable por su participación en la Segunda Guerra Mundial y que creó al monstruo radioactivo para expiar la culpa y de un presente en el que la clase política anda perdida en un laberinto de infinitas posibilidades y aparentemente ninguna salida. Son múltiples los guiños a la inutilidad de la democracia y su lentísimo brazo de acción, la burocracia en momentos de crisis y también a la manera en que se siente Japón respecto al resto del mundo: un país que vivió aislado durante siglos, que nunca molestó a nadie y que hoy es, literalmente, dicen en un momento del metraje, «una marioneta de los Estados Unidos». Porque de Estados Unidos también se habla, y mucho, durante la película, y pese a todo se hace de una forma amistosa. Es un Estados Unidos encarnado en una enviada especial de ascendencia nipona y tacones altísimos, sobradamente preparada y engreída que, sin embargo, cuando se trata de no volver a atentar contra el país de su abuela, agota hasta la última y más delirante vía posible para que así sea.

Shin Godzilla - Helicópteros
Y es que Shin Godzilla, además de una excelente revisión del mito —probablemente la mejor que se ha hecho en décadas, a años luz de cualquier intento norteamericano— y de un fascinante ejercicio visual —los planos del monstruo, esos rayos láser, su omnipotencia de muppet gigantesco— y una delirante sátira política, es una película de reconciliación. Es un perdón. Es un «estamos juntos en esto, pese a todo». Porque no hay otros países que traten de ayudar a Japón. Solo aparece Estados Unidos. Porque fue Estados Unidos quién los atacó, pero fueron ellos quienes atacaron primero. Y la cosa siempre ha ido entre uno y otro. Y aquí, risas más o menos cáusticas mediante, se llega a un acuerdo y juntos logran superar todos esos pasillos interminables. Es juntos como logran salir del laberinto de la burocracia.

De hecho, es el espíritu siempre decisivo norteamericano, el gen de la acción, el que saca a Japón de su atontamiento. Pero luego es Japón quien pone el sentido común y acaba salvándose a sí misma. El cómo, tendréis que averiguarlo. Porque si sois fans del monstruo, no os la podéis perder.

Sinopsis

Shin Godzilla

La guardia costera japonesa está investigando un yate abandonado en la bahía de Tokio cuando algo ataca al barco. Tiempo después el Aqualine Bahía de Tokio se derrumba misteriosamente. Tras la viralización de un video que muestra a una extraña criatura acuática cerca del Aqualine, el Director Adjunto Secretario del gabinete de Japón, Rando Yaguchi, considera que el incidente fue provocado por un ser vivo. Y ese ser vivo, claro, es Godzilla, que no tardará en salir del agua y empezar a arrasar la ciudad.

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