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Tortugas Ninja, ¡a la rica mascota salvamundos!

Tortugas Ninja - Destacada

La película de Jonathan Liebesmen tiene su mérito, pero no pasa del cinco pelado.

Chicos y chicas del mundo, cuidado con lo que deseáis porque puede hacerse realidad. Y no me refiero a que un tipo como Michael Bay le dé por producir una versión en carne y hueso (si algo así es posible) de Las Fabulosas Tortugas Ninja, cuyo título en español pierde el matiz adolescente y mutante, de rollo infinitamente más atractivo para los amantes del cómic original, con el adjetivo «fabulosas», en absoluto tan nerd y encantador como el siempre efectivo «mutante».

Tortugas Ninja - April
Decía que cuidado con lo que deseáis porque puede hacerse realidad porque es lo que le ocurrió a April O’Neil cuando decidió que sus cuatro tortugas de Florida con nombres de pintores renacentistas (Raphael, Michelangelo, Donatello y Leonardo) bien podían ponerse en pie y charlar con ella y, por qué no, enseñarle a manejar un par de nunchakus (¿eh, Michelangelo?) y hasta tirarle los trastos algún día.

La fastidió, sí. Porque luego ella se hizo periodista y todo eso, pero su deseo se había hecho realidad y condenó a sus entrañables mascotas a una vida subterránea, comandada por una rata —su rata Splinter: oh, sí, April no reparaba en gastos en cuestión de mascotas y lo mismo le daba que fuesen o no peludas— que un buen día se topó con un libro dedicado a las artes marciales y pensó que, por qué no, sus hijos podían querer ser ninjas en el futuro. Porque, claro, eran tortugas, ¿y acaso pueden las tortugas dedicarse al periodismo, ser abogados, cirujanos, asesinos en serie? No, todo el mundo sabe que las tortugas sueñan con ser ninjas y defenderse de algo. Porque lo que tenía claro el viejo Splinter (que desde el principio es tan viejo como el señor Miyagi de Karate Kid, a cuya figura se rinde un pequeño homenaje en parte de la cinta) es que alguien les acechaba. Alguien terrible. Alguien con cuchillas en lugar de manos. Y no, no era Lobezno. Era un robot samurai llamado Shredder.

Teenage Mutant Ninja Turtles 01 - Portada

Portada del primer cómic de Eastman y Laird.


Bien. No seamos malos. Hasta aquí, más o menos es el argumento de lo que hace tiempo fue una serie de culto. Lo fue, para qué vamos a engañarnos. Tortugas mutantes que comían pizza todo el tiempo y tenían nombres de pintores. Y luego una periodista pelirroja que siempre vestía de amarillo y acrecentó la leyenda de que hacerte periodista garantizaba aventuras del tamaño de mantener charlas con tortugas mutantes. Pero ahora entremos en materia. Lo que ha hecho Jonathan Liebesmen no deja de tener su mérito. Presenta un argumento básico, de iniciación, que tiene que ver con el momento en que se crearon las tortugas, Splinter y todo el asunto, el por qué y el quién, sobre todo el quién. De ahí que el componente sea más superheroico que otra cosa; de hecho, a las tortugas se las lleva y mucho Liebesmen al terreno de la formación del superhéroe cinematográfico clásico.

Y precisamente lo más destacable de todo es el carácter que ha dado a los chicos de verde en cuestión. Porque si algo se olvidaba en la serie de dibujos es que las tortugas son, desde el título, adolescentes y deben comportarse como tal. Es decir, que si se quedan encerradas en un ascensor lo más probable es que se pongan a improvisar un rap o algo parecido —sí, cosas así ocurrían en la serie, pero no con la suficiente frecuencia—, y he aquí la principal (y casi única) virtud de la cinta de Liebesmen: que las tortugas son adolescentes. Se comportan como tales. Tratan de ligar con las chicas, aunque se saben monstruos gigantescos, y hacen el tonto a todas horas. Y luego está —veamos, dos virtudes, sí— que cada una tiene un carácter muy marcado. En especial, lo tienen Michelangelo (no en vano el favorito de casi todo el mundo) por representar al adolescente despreocupado clásico, el iluso, el creído, el molón, y Donatello, que es el nerdie, un nerdie con gafas —algo maravilloso: ¿os podéis imaginar a una tortuga ninja con gafas culo de botella? Es sencillamente increíble— que además parece sacado de una novela steampunk, algo así como un personaje tortuguesco de Bioshock Infinite. Sencillamente, decíamos, genial.

Tortugas Ninja - Splinter y April
Bien, así que las tortugas no están nada mal. La estética es increíble porque son auténticos monstruos y el primer encuentro con April, que sin saberlo fue su ama de niña, es terrorífico (o al menos intenta serlo). Pero luego, por desgracia, la trama flojea. Porque se limita a exprimir la amenaza del llamado Clan del Pie, nombre que queda francamente absurdo en español, aunque en inglés pueda tener su gracia: Foot Clan. El clan de marras está asolando Nueva York, no se sabe por qué, en plan terroristas sin sentido que lo mismo fusilan a transeúntes que hacen volar una estación de metro. Claro, es un enemigo, y las tortugas necesitan un enemigo, un Shredder, que en este caso es más un Terminator que otra cosa, un robot con cuchillas, un Freddy Krueger de metal sin ningún tipo de encanto ni personalidad; un absurdo, vamos.

Tortugas Ninja - Shredder
¿Y qué hay de April? April hace lo que puede. En cierto sentido, es el motor de la trama y está bien que sea así. Es la periodista de raza que quiere dejar de ocuparse de temas ridículos y conseguir una buena historia, y justo se topa con su propia historia. No están mal la evolución del personaje ni el tira y afloja que mantiene con su compañero (el cámara del mítico Canal 6), pero no bastan para sostener 90 minutos de enfrentamientos sin sentido. Porque de todos es sabido que el héroe se construye (también y sobre todo) gracias al villano, y el villano cinematográfico de las tortugas, este Shredder de metal, parece un secundario escapado de la última (y pésima) entrega de Transformers.

Así que sí, Liebesmen, la intención era buena; de hecho, en lo que a construcción de los chicos verdes, prácticamente maravillosa, pero en todo lo demás se pierde y se convierte en un tráiler de lo que pudo haber sido y no fue. Ni comedia, ni película de acción, ni modesta reflexión sobre el concepto mutante. Por no hablar de lo absolutamente innecesario (e incluso molesto) que resulta Splinter en todo momento. Triste. Muy triste. Francamente, los chicos se merecían algo más. Aunque vamos a darle el aprobado por eso, porque la intención es buena. Y porque, qué demonios, las tortugas son más adolescentes y más mutantes que nunca. Monstruosas, no fabulosas.

Sinopsis

Tortugas Ninja

La ciudad necesita héroes. La oscuridad se cierne sobre Nueva York desde que Shredder y su malvado «Clan del Pie» lo controlan todo con mano de hierro; desde la policía hasta los políticos. El futuro parece sombrío hasta que cuatro hermanos fuera de la ley surgen de las alcantarillas y descubren que su destino es ser las Ninja Turtles. Las tortugas deberán colaborar con la intrépida periodista April O’Neil (Megan Fox) y su sarcástico operador de cámara Vern Fenwick (Will Arnett) para salvar a la ciudad y frustrar los diabólicos planes de Shredder.

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