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Así fue el XXXV Salón del Cómic de Barcelona

Crónica Salón del Cómic de Barcelona 2017 - Destacada

Éxito de público en una de las ediciones más flojitas del Salón del Cómic de Barcelona.

La XXXV edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona ha conseguido, por primera vez desde que se celebra en el recinto de Fira de Barcelona, agotar las entradas para un día. Paradójicamente, lo ha hecho en una de las ediciones más flojas en años. Y aunque algunos motivos no son culpa de Ficomic, sí que quizás sería un buen momento para reflexionar sobre qué es el Salón, hacia dónde va y qué quiere ser.

Helicóptero - Salón del Cómic 2017

Aviones, helicópteros, un camión de bomberos… ¿todo cabe en el Salón del Cómic?


Lo más evidente ha sido la distribución de espacios. Cuando la gente de los fanzines se empezó a quejar, era fácil pensar que, bueno, al fin y al cabo se quejan siempre. Sin embargo, este año tenían realmente motivos. El Salón estaba dividido en tres grandes zonas más un patio, pero no eran zonas anexas, sino tres edificios separados. La zona principal, al entrar a la izquierda, en la planta baja, incluía las tiendas y editoriales y, en general, todo aquel que hubiera pagado mucho. El Corte Inglés, la FNAC, Planeta, Norma, Warner Bros…. En otro edificio, pero esta vez en la planta superior, se hallaba la zona de fanzines, la de asociaciones y la exposición de Fanhunter, además de la zona de Nintendo en la que probar la Switch. ¿Y en la planta baja? Nada. Cerrada.

En un tercer edificio con aspecto de aparcamiento, con sus rampas y todo, se encontraban las exposiciones y la zona de conferencias. Una serie de rampas y de plataformas separaban unas y otras y conseguían producir un efecto de desangelamiento a los visitantes que de algún modo se las apañaban para llegar hasta allí. Llevo acudiendo al Salón desde los años noventa y es la primera vez que veo a gente consultar el mapa para orientarse. Parece ser que la semana anterior fue el Saló de l’Ensenyament y que no dio tiempo a desmontar uno y montar otro. Tratándose de un evento que reúne a más de cien mil visitantes, esa excusa sólo pone de manifiesto que alguien ha hecho muy mal su trabajo.

Tira TBO Guerra Civil - Salón del Cómic 2017

Casi la única tira del TBO que hizo referencia a la Guerra Civil. No, no es un original.


Por otra parte, estaba la cuestión de las exposiciones. Sobre el papel, eran muy grandes. En la realidad, ya no tanto. La del TBO, que este año cumpliría un siglo —pronto os hablará de ello Susana Vallejo aquí mismo— contaba con originales y paneles impresos casi a un 50%. Teniendo en cuenta que el Col·legi d’Enginyers tiene casi todos los originales de Los inventos del TBO y que los tiene aquí, en Barcelona, me cuesta mucho entender por qué la exposición no tenía casi exclusivamente originales.

Algo parecido sucedió con la de Will Eisner, que también tenía bastantes paneles impresos. La mayoría de los originales, además, eran de los años ochenta o de la primera década del siglo XXI. Son obras espectaculares, porque Eisner era Dios, pero uno esperaría ver obras de los cuarenta, cuando básicamente se inventó un arte él solito. En realidad, la única exposición realmente buena ha sido la de Fanhunter, dedicada a la obra de Cels Piñol, y que estaba en el mismo edificio que la zona de fanzines. Incluía originales, primeras ediciones, figuritas… y también faltaban cosas, claro, pero eso quizás tenga más que ver con la hiperproductividad de Piñol.

Cels Piñol y Don Depresor - Salón del Cómic 2017

Cels Piñol junto a Don Depresor.


En cuanto a las charlas, eventos y conferencias, un poco como cada año: algunas, muy bien. Escuchar a Dave Gibbons siempre es interesante, aunque personalmente es un autor que me dice más bien poco. Y ver a Cels Piñol con Alejo Cuervo, que se paseó por el Salón vestido de Papa Alejo I, es garantía de risas y anécdotas. Otras, muy flojitas, como la visita guiada a docentes del jueves a mediodía. Parecía que, por el mero hecho de ser profesor, uno ya no pudiera ser aficionado a los cómics y necesitara que se lo explicaran todo despacito y con cuidado. También ha habido actividades paralelas, más oficiosas que oficiales, entre las que destaca la mesa redonda que organizó el viernes la librería Gigamesh: «Perspectiva de género en el cómic contemporáneo». La podéis ver en su canal de YouTube.

El Salón del Cómic de Barcelona es una visita obligada, pero si de verdad quiere ser el segundo de Europa, después de Angoulême, es hora de que los organizadores se sienten a reflexionar un rato. Un año más, hemos visto menos librerías, menos tiendas de segunda mano, menos cómics y más, mucho más merchandising. Muchos puestos enormes de gente que el resto del año no cuida el cómic. Entendemos que esos puestos enormes son lo que paga buena parte del evento, pero ¿de verdad es lo que queremos? ¿De verdad la gente va a pagar año tras año las caras entradas para comprar en la FNAC, cuya tienda está al otro lado de la Plaza España?

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