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Entrevista a Víctor Santos

Entrevista Víctor Santos

Víctor Santos nos habla de su obra, su trayectoria y su experiencia como autor adaptado.

Víctor Santos (Torrent, 1977) es un prolífico autor de cómic español con proyección internacional. Ha trabajado tanto escribiendo sus propias obras como ilustrando los guiones de nombres tan conocidos como Brian Azzarello. Dio sus primeros pasos en el mundo del cómic con el sello 7 Monos, aunque su nombre se popularizó gracias a Los Reyes Elfos, una obra de fantasía heroica. Sus eclécticas influencias (desde el cine de acción al género noir, pasando por Will Eisner, Frank Miller y los westerns) comenzaron a desplegarse en títulos como Rashomon, Sepukku, Lone in Heaven, Pulp Heroes, y la coral Bull Damn City, entre otras obras publicadas durante las fases iniciales de su carrera.
Víctor Santos

A medida que se afianzaba su perfil, Víctor dio el salto y comenzó a publicar en mercados internacionales. Entre 2005 y 2006 crea la serie juvenil Young Ronins para el mercado francés, y entre 2008 y 2009 publica junto a Miles Gunter las novelas gráficas Zombee y Demon Cleaner. Filthy Rich (Asquerosamente Rica, publicada por Panini), con guión de Brian Azzarello, le consolida como autor al otro lado del Atlántico. Algunos de los títulos que Víctor ha ilustrado para el mercado estadounidense son Godzilla, Sleepy Hollow, Witch and Wizard, Furious o la conocida The Mice Templar, escrita por Brian J.L. Glass y Mike Avon Oeming y que contó con los lápices de Víctor de 2008 a 2010. Recientemente ha publicado Violent Love con Frank J Barbiere, que se puede encontrar en España a través de Norma Editorial.

Polar, uno de los trabajos más recientes de Víctor (os recomendamos echarle un ojo a su web oficial), comenzó en 2012 como un proyecto personal disponible online y fue trasladado al papel por Dark Horse en EE.UU, y por Norma Editorial en España. Recientemente, Polar ha sido adaptada para la gran pantalla con un reparto liderado por Mads Mikkelsen y Vanessa Hudgens, y se espera su estreno para 2019 y nosotros aprovechamos para hacerle una cuantas preguntas.

Víctor Santos Polar

Tu carrera lleva muchos años en desarrollo y has tocado muchos géneros. Se ven ecos de cine de acción de Hong Kong, manga, Westerns, pelis japonesas y mucho, noir.  ¿Cómo han evolucionado y condicionado tus obras esas influencias?

La verdad es que no soy muy consciente de cómo realmente marcan mi trabajo. Ahora leo mis cómics viejos y enseguida detecto qué me gustaba en cada momento, o qué serie o libro concreto me inspiró. Pero cuando trabajo intento siempre hacer la historia que me apetece o en la que puedo encontrar ideas estimulantes. A veces, esas influencias funcionan más como motivador que como algo de lo que sacar ideas.

Por supuesto, los gustos van evolucionando y creo que la manera de procesarlos, también. Creo que los autores, si lo hacemos bien, aprendemos a depurar esa “absorción de influencias”, por llamarlo de alguna manera, para dar una visión personal de todo lo que nos gusta.

¿Cuáles son tus influencias de estilo? Has pasado de un estilo más manga/animación a uno con influencias de Kirby y Miller, pero seguro que hay muchas más.

Claro, es lo que te contaba sobre absorber las influencias. Aparte de Miller y Kirby, siempre añado a Bruce Timm, Mignola y Matt Wagner. Sobre todo reivindico a Wagner, porque es un experimentador nato y nunca se ha conformado con afianzar un estilo, sino que es increíblemente versátil. Estos autores, junto a otros como Goseki Kojima, Jim Steranko, Osamu Tezuka, José Muñoz, Akira Toriyama, Jordi Bernet, Darwyn Cooke, Lewis Trondheim, o Paul Grist, por citarte unos pocos, me han influido gráficamente, pero además me han inspirado con su ética del trabajo, con no conformarse cuando han llegado al éxito con un estilo, y seguir innovando y poniéndose retos.

Mice Templar Portada

Portada de Mice Templar

Tu sentido narrativo también ha crecido, y ahora juegas mucho con páginas completas en las que la acción y los diálogos se estructuran en torno a un personaje, o con composiciones que se alejan de los modelos más canónicos. ¿Te gusta explorar nuevas formas de narrar historias? ¿Cómo trabajas estas páginas para no perder el ritmo narrativo?

Para mí, la narrativa es lo que hace a los cómics interesantes. Bueno, es lo que hace que los cómics sean cómics, es lo que separa a una colección de estampas de la maravillosa sensación de movimiento en tu cabeza cuando los lees.

Cuando trabajo en una historia, al principio me establezco una serie de reglas básicas sobre cómo quiero contarla, creo que es importante que haya cierta coherencia interna. También porque me gusta que cada historia tenga su propia personalidad en cuanto a cómo la lees. A lo mejor en una serie quiero usar retículas de diferentes tamaños o en otros cómics quiero usar una narrativa más “orgánica” donde no sea todo tan cuadriculado y la estructura de viñetas se rompa o directamente desaparezca a menudo. A partir de ahí y una vez estoy en marcha, trabajar en cada página es algo mucho más intuitivo, y a veces incluso rompo las reglas que me he autoimpuesto si es necesario.

¿Cómo es la experiencia de trabajar en mercados internacionales como el francés y el estadounidense en comparación con el español?

Exclusivamente tomando como referencia mi experiencia, creo que en el mercado español todo es un poco más de andar por casa, natural al ser un mercado pequeño. Lo que no es malo si sabe llevarse bien. En Norma por ejemplo, hay una relación casi familiar pero a la vez es gente muy profesional. No siempre pasa y cuando surgen las desavenencias normales en cualquier tipo de proceso creativo las cosas suelen llevarse a lo personal más a menudo de lo que me gustaría.

En los mercados francés y americano la cosa es un poco más pro en ese sentido, aunque la gente suele ser muy cordial. Pero no deja de ser un trabajo. Son serios en los pagos, pero a la vez son muy exigentes, están muy encima. Si tiene que salir para esta fecha, o surgen imprevistos y tienes que apechugar con un sprint de última hora, porque el libro tiene que estar para tal salón, pues te aguantas.
La repercusión es mayor, claro, y a la vez estás más sujeto a las críticas, pero es un precio que tienes que pagar.

Además de escribir tus propias obras también has trabajado con guionistas muy solidos. ¿Qué diferencias encontraste en el proceso? ¿Te adaptaste con facilidad? ¿Y qué sentiste al trabajar con alguien del calibre de Azzarello?

Yo era un fanboy de Azzarello, así que imagínate. Me gusta trabajar con guionistas diferentes porque al no haber una especie de guión “canónico” de cómics, cada uno tiene su propio método.
Hay gente que enfoca el interés más en los diálogos y el ritmo, pero luego te deja mucha manga ancha en la narrativa, como Azzarello o Fred Van Lente. Otros, como Bryan Glass, cargan mucho las tintas en la parte emocional. Puede usar párrafos para que comprendas en qué parte de su desarrollo interno está el personaje. Y otros, como Frank Barbiere o Alex de Campi, tienen un sentido muy visual y me dan muchas ideas sobre cómo plantear la página. Cada uno es diferente y de todos aprendo, y también espero que ellos se queden algo de haber trabajado conmigo y les sirva para futuras obras.

Lápiz de Bad Girls

Lápiz de Bad Girls.

Black Kaiser fue una obra muy personal. ¿Pensabas en desarrollar algo más grande, como sería mas tarde Polar, cuando la hiciste?

La inspiración para el personaje, aunque por su aspecto y género parece remitir a comics de espías como el Nick Furia de Jim Steranko, sobre todo nace de mi amor por el personaje de Spirit de Will Eisner. Me encanta cómo funciona como un vehículo para contar todo tipo de historias, desde el género negro a un cuento de terror surrealista, o una comedia de enredo. Así que quería hacer de Black Kaiser una especie de personaje recurrente, fácilmente reconocible por un elemento icónico. En el caso de Spirit es un antifaz, en el de Black Kaiser un parche. Y así poder usarlo para diferentes aventuras de géneros diversos. Al final el libro tuvo un corto recorrido y siempre lamenté no haber podido seguir con mi plan, aunque afortunadamente luego cristalizó en lo que sería Polar.

Y hablando de Polar: es la obra que está afianzando tu presencia en mercados internacionales, pero partió de un proyecto muy personal. ¿Cómo fueron sus orígenes?

El proyecto nacía de una época en la que estaba trabajando con mucha presión. Estuve un año haciendo cómics de Godzilla para IDW y a la vez lo compaginaba con la serie The Mice Templar. Estaba haciendo más de 40 páginas al mes y aunque está genial tener trabajo, la presión de las series mensuales me quemó mucho. Tenía miedo de cogerle manía al acto de dibujar. Así que Polar nació como un desahogo tras esta etapa, una manera de jugar con lo que realmente me apasionaba de los cómics sin preocuparme de editores o fechas. Simplemente divertirme. De ahí lo de colgarlo en internet mucho antes de siquiera planteármelo como la serie de novelas gráficas que finalmente Dark Horse publicó.

Y ahora es una película con un reparto de excepción. ¿Cómo fue el proceso de pasar del papel a la película? ¿Estuviste implicado de alguna manera?

Sobre todo en las fases iniciales, cuando era un guión producido por Dark Horse Entertainment en busca de financiación. Me leí el primer borrador e hice algunas sugerencias, y también me pidieron que propusiera actores que me gustaran para incluir en la listas de los diferentes castings. La verdad es que pensaba que esta especie de asesoría informal era algo hecho un poco por cortesía hacia mí, pero luego vi algunas de mis sugerencias reflejadas en el guión. Ha sido muy emocionante ver cómo la historia evolucionaba hasta llegar al borrador final.

En ese sentido, comprendí de verdad cómo de diferentes son cómics y películas, y cómo hay cosas que piensas que pueden funcionar en ambos medios y no es así. Son estructuras completamente diferentes. Por ejemplo, el primer borrador era una adaptación muy literal del libro. Y eso como autor te puede henchir el ego, pero si eres autocrítico te das cuenta de que hay que trabajar muy duro en ello y quitar lo que chirría, por mucho que tu instinto de fan sea ver exactamente la misma escena del tebeo, pero en movimiento. En eso estoy a tope con el guionista Jayson Rothwell, junto al director Jonas Ackerlund y Mads Mikkelsen, que consiguieron hacer con el guión algo de entidad y personal siendo respetuosos con los personajes y el tono de la historia original.

También hice unos diseños de hipotéticos posters que se usaron para el American Films Market donde finalmente conseguimos la distribución de Netflix. Así que soy feliz de haber aportado mi granito de arena.
Ahora estoy en un estado más de espectador a la espera del estreno, y si ahí me necesitan para ayudar en la promoción, pueden contar conmigo.
Bad Girls portada
Violent Love te ha llevado de nuevo al mercado estadounidense. ¿Vas a continuar publicando para mercado internacional? ¿Qué estás desarrollando ahora?

No es que sea una decisión deliberada al cien por cien, al final la vida me ha llevado por esos derroteros, pero estoy muy cómodo en las series de creación propia para el mercado americano. Como no me han llamado para hacer Batman ni nada por el estilo, yo sigo con mis proyectos donde los personajes son míos o los comparto con los guionistas, y no puedo decir que la jugada me haya salido mal.
Acaba de salir en EE.UU. Bad Girls, una novela gráfica que he hecho con Alex de Campi para el sello Gallery 13, del gigante editorial Simon & Schuster. Ha sido una experiencia curiosa, porque son gente de fuera del mundo del cómic, y estamos llegando a sitios y medios donde a los cómics les cuesta llegar.

La experiencia con Violent Love fue muy buena, porque además éramos básicamente Frank y yo haciendo lo que nos daba la gana, y estamos trabajando en una miniserie nueva con una temática muy distinta.
También tengo mis propios proyectos, he acabado una novela gráfica para Dark Horse de la que no puedo hablar aún y me gustaría seguir con el formato apaisado de Polar para otras obras de ese estilo.

Perteneces a una generación de creadores muy prolíficos que tienen proyección dentro y fuera de España. A que aspirabas cuando empezaste a hacer fanzines y a dar tus primeros pasos?

Me considero muy afortunado porque a lo que yo aspiraba era algo que no se podía hacer en ese momento y al final, gracias a internet, he podido hacerlo. Cuando estaba en la universidad tenías a gente como Carlos Pacheco abriendo camino en el mundo de los superhéroes. Pero a mí lo que me flipaba era el sello Legend de Dark Horse. Tenías ahí a Frank Miller haciendo Sin City, a Mignola haciendo Hellboy, Arthur Adams, John Byrne… básicamente creando nuevos personajes y nuevas mitologías. Ni en mis perspectivas más optimistas pensé que estaría yo ahí veinte años después con mi propia serie de libros y una película en ciernes.

Para conseguir esa independencia a veces tienes que sacrificar cosas y producir mucho esperando que en una de estas suene la flauta, pero también hay autores buenísimos que hacen eso y no tienen esa suerte.
Violent Love

Por último, una pregunta casi obligada: ¿Cómo ves el mercado del cómic patrio? Ahora mismo parece estar en un momento de mucha creación.

Cuando hace años me hacían esa pregunta, siempre contestaba súper seguro de mí mismo sobre lo que fallaba y lo que había que arreglar. Es irónico que la experiencia me haga ser más inseguro ahora.

Creo que el mundo creativo siempre va a ser difícil y la actitud de apocalipsis inminente no va a desaparecer. Pero el cómic español tiene talento a raudales, y si tiene eso va a estar ahí, porque es lo más difícil. Sin talento, da igual las iniciativas que tomes, eso no va a ir para adelante.
Pensándolo en un sentido más global, tenemos (a escala) los mismos problemas que los mercados grandes, ya sea el americano, el francés o el japonés. Obviamente la competencia con otros medios es más dura que nunca, la oferta de entretenimiento es descomunal. Pero a la vez los medios para que un autor se abra camino son más accesibles y globales que nunca. Hay alternativas a la publicación usual, existe la coedición entre países, los crowdfundings, la autoedición, plataformas digitales o lo que te quieras montar por tu cuenta. Creo que siempre habrá cómic y cambiará la manera en que lo consumimos, pero siempre hay hueco para las buenas historias.

Esto es todo. Si os habéis quedado con ganas de más, os recomendamos que os paséis por su web personal a cotillear y disfrutar.

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