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¡Viñetas a mí! Crónica del 32.º Salón del Cómic

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He aquí lo que dio de sí el pasado Salón del Cómic de Barcelona (tanques mediante).

¡Buenas noticias! ¡El Salón del Cómic crece! ¡Y cuánto! ¡Miles de metros cuadrados! ¿Con qué fin? ¡El de que quepa dentro un tanque! ¡Y un montón de soldados! ¿Y eso? ¿Aún no te has enterado? ¡Este año se han cumplido 100 años del inicio de la Primera Guerra Mundial! ¿Y eso se celebra? Oh, no, por supuesto que no, pero se aprovecha para rendir tributo a los dibujantes que han dedicado su vida a la guerra, en sentido figurado, por supuesto. De ahí que esta edición del Salón haya sido tan guerrera.

Pero vayamos por partes. Lo primero que llamaba la atención del recién finalizado —cerró sus puertas este domingo— Salón Internacional del Cómic de Barcelona (que, por cierto, cumplía 32 ediciones, lo que me hizo caer en la cuenta de que existe hace exactamente el mismo tiempo que yo), era su desdoblamiento. Porque la cosa iba así: había un pabellón entero (el 1 de Fira Montjuïc) dedicado a la macroexposición Cómics en guerra (ciertamente recomendable, por cierto, con la friolera de 554 originales, el récord absoluto de una muestra dedicada a la viñeta jamás visto por estos lares), en nada menos que 12.000 metros cuadrados; y el otro, repleto de expositores, hasta 153 según la organización, mucho más amplios que de costumbre porque se distribuían en alrededor de 20.000 metros cuadrados (cuando habitualmente lo hacían en bastantes menos). Esa es la razón de que pudiera caminarse tranquilamente incluso en los días de más afluencia de público y de que no hubiera que lamentar ningún imprevisto como el del último Salón del Manga, en el que, por motivos de seguridad, tuvieron que cerrarse las puertas y dejar fuera a un montón de gente, después del cambio de regulación en el tema aforos tras el lamentable incidente en el Madrid Arena.

Salón del Cómic 2014 - Maquetas

Maquetas bélicas en la expo ‘Cómics en guerra’


En cualquier caso, ahí estamos, es jueves y no solo se camina tranquilamente sino que apenas hay gente. Solo críos de colegios y ¡políticos! Sí, estamos en campaña y ha venido incluso el president, Artur Mas, que no deja de hacerse fotos con los niños (todos quieren su selfie) y de hacer guiños al asunto del dret a decidir: no en vano hay una expo llamada Dret a somriure (Derecho a sonreír) que simula ser un montón de casetas con cortinillas, las típicas de votar, pero que en vez de estar llenas de papeletas lo están de humor gráfico tan satírico como podamos imaginar.

Si lo que queremos es que Brian Azzarello, uno de los invitados de más postín de esta edición, nos estampe su firma en algún cómic de la última Wonder Woman, este es nuestro día, porque Azzarello ya está por aquí y parece que nadie se ha dado cuenta, o todo el mundo anda demasiado atareado. Junto a él acostumbra a encontrarse Eduardo Risso, el dibujante de 100 balas. También podemos contemplar los miles de muñecos reunidos en la exposición que celebra el 75 aniversario de Batman (floja en cuanto a originales, pero variada en cuanto a merchandising, un terreno a explorar quizá en años venideros) y lo mismo con Lobezno. Este peculiar duelo expositivo Marvel/DC es el que la bienvenida al Salón, porque es lo primero que ves cuando entras por la puerta del pabellón 2. Hablando de Lobezno, el que estuvo por allí desde el viernes —día en que tampoco hubo demasiada afluencia de público, aunque quizá es que el espacio era tan enorme que había gente y no se notaba— fue Andrew Wildman, que vino para promocionar la nueva peli de Transformers (que tenía su propio stand y hasta un rincón con muñequitos) pero que acabó dibujando también Lobeznos. Consecuencias de tener un pasado como dibujante.

Salón del Cómic 2014 - Wildman

Wildman, dibujando Lobeznos


Más cosas. Ya es viernes, así que es el día de los premios. Entre los nominados, los de siempre: David Rubín y Paco Roca encabezando la lista de favoritos. El misterio se desvela a las ocho de la tarde, y los afortunados que rondamos por el Salón a esas horas podemos hasta verles recoger el premio, porque este año sí, hay una especie de rincón para las ruedas de prensa y demás, con un montón de sillas, apto para todos los públicos (lo cual es un acierto, la verdad). Miguel Gallardo recibe un merecidísimo Gran Premio del Salón, mientras Paco Roca se alza con el de Mejor Obra en español por Los surcos del azar, un premio casi cantado en un año de tributo a la viñeta bélica, y Osamu Tezuka se lleva el de Mejor Obra extranjera por su extravagante y recomendadísima El libro de los insectos humanos (las dos en Astiberri). Clara Soriano se lleva la estatuilla a la mejor debutante (por Colmado Sánchez) y el fanzine Arròs Negre hace lo propio con la que corresponde al Mejor Fanzine. Ah, y en el de votación popular el elegido es Papel estrujado, de Nadar (otro Astiberri, así que la editorial vasca gana por goleada al resto).

Ese día también pudimos pedir a Pia Guerra, otra de las invitadas estrella del Salón, que nos dedicara un volumen de Y, el último hombre. Además, este año el Salón contaba con la presencia de Joe Sacco, dibujante/periodista/corresponsal de guerra, ante cuya mesa se formaron largas colas el domingo. Y hasta hubo quien pudo charlar con Katie Kubert, la jovencísima editora de DC, a la que aún le asusta, o eso la oímos diciendo, ver las poquísimas chicas que hay en el mundo de los superhéroes. «Pero la cosa cambiará», sentenciaba convencidísima.

Salón del Cómic 2014 - Cola

Las largas colas del sábado


Bien, pues llegó el día de las largas colas. Sábado. También las hubo el domingo, aunque quizá un poco menos. Pero dentro, como si nada. De verdad. Bendiciones del nuevo espacio. Hasta las colas de Ibáñez (siempre interminables) parecían menos largas. El rincón de los pequeños —un espacio Doraemon en el que se les instaba a dibujar al mítico gato intergaláctico— estaba siempre lleno pero, como el espacio también era mayor, apenas se notaba. Un diez. Audrey Spiry (En silencio, Diábolo Ediciones) celebraba su cumpleaños dibujando dedicatorias y el peliteñido y fuertote Paul Jenkins estrechaba manos y hombros por doquier. Los stands se vaciaban. Al final de la tarde, los chicos de ECC Ediciones lo celebraban brindando con latas de refrescos y cervezas.

Según comentaban el domingo a media tarde, el Salón había vuelto a ofrecer resultados que no se veían desde 2011 (cuando la cosa no iba tan francamente mal). Por supuesto, en lo que a ventas se refiere. Así que parece que, aunque los visitantes se han estancado en los 106.000, la cosa va razonablemente bien. Aunque eso sí, el manga sigue por delante (en la última edición alcanzaron los 112.000). Pero es que con el manga no hay quien pueda. Ni siquiera Batman.

Salón del Cómic 2014 - Batman

El Batman más convincente desde Michael Keaton

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