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Colder: La última cena, la locura está servida

Colder: La última cena - Destacada

Nimble Jack vuelve para lograr por fin cenar con Declan Thomas. O cenárselo, más bien.

La cena está, metafóricamente, puesta sobre la mesa, aunque está claro que para Nimble Jack eso es algo literal. Efectivamente, el villano que Paul Tobin y Juan Ferreyra nos presentaron en la primera entrega de Colder ha vuelto con un único propósito: cenarse a Declan Thomas. Pero le va a costar lo suyo, más que nada porque Declan no se va a dejar atrapar en la oleada de caos y locura que arrastra consigo Nimble Jack, y porque ningún héroe que valga va a dejarse atrapar tan fácilmente después de pasar, junto a su novia, mil y una penurias mentales.

Colder, aunque viene presentada como una historia de terror y lo es, también puede interpretarse como la clásica historia del bien contra el mal, del héroe contra el villano. Declan Thomas funciona en este caso como un antihéroe que acepta responsabilidades, pero que no cree que en su mano esté la salvación del mundo aunque tenga el poder de curar la locura (aun a riesgo de perder la suya).

Colder: La última cena - Mundo del Hambre
Todos los temas que debe tener una buena historia de terror están presentes en Colder, como también vimos en el volumen anterior, desde el insistente malo de la historia que no deja de perseguir al protagonista con intenciones sin duda perjudiciales hasta el escenario de pesadilla que supone el lugar alternativo al que este va y donde hay una especie de viaje, no tan idílico como en la literatura fantástica sino de otro tipo, de los que dejan secuelas poco agradables.

La última cena es el colofón de la serie: aquí termina y por ahora no habrá más. A los lectores que hayan llegado a este tercer volumen puede que les satisfaga más o menos la pelea final, o el desenlace que explica el estado de Declan en los primeros números —a mí me ha convencido—, pero habrán notado que la sorpresa inicial que supuso Colder se ha ido diluyendo hasta acostumbrarnos a los elementos que conforman la historia, y eso en el terror hace que baje algunos enteros.

Colder: La última cena - Declan Thomas
Puede que Paul Tobin se haya tranquilizado bastante y no hayamos visto el giro de acontecimientos que esperábamos, o que dichos elementos (perros con cuerpos de manos, niños que entran al mundo del hambre de Nimble Jack, usar animales cotidianos como algo terrorífico) ya nos parezcan normales, pero ciertamente no parece que Colder pudiera terminar de otra forma. Y es por esa misma razón por la que una continuación sería poco menos que innecesaria, dado el poco alcance de la ambientación, compuesta por el mundo del hambre, el mundo real y ya. Quizá una historia totalmente ambientada en el mundo del hambre, en plan aventuras para conocerla a fondo, no sería mala idea. Yo ahí lo dejo.

Como siempre, lo más destacable del cómic es el apartado artístico de Juan Ferreyra, y es que pocas veces el contenido está a la altura de las portadas o incluso las supera. Es continuista con los anteriores números, lo que siempre está bien, por no decir que es una obligación. En cada número, Ferreyra ha ido experimentando con las viñetas, con el mundo del hambre, y si ya demostró sus excelentes dotes pictóricas en el primer número de Colder, con La última cena no vamos a salir decepcionados, sino todo lo contrario.

Colder: La última cena - Nimble Jack
Independientemente de que en cierta ocasión tengamos que dar la vuelta al cómic para ver lo que pone, en plan locura «nimblejackiana» —algo que me gustaría experimentar más a menudo—, es obligatorio pararse en cada viñeta donde aparezca el antagonista. Y lo digo en serio, el trabajo de Ferreyra con Nimble Jack es lo mejor que ha dado el cómic en los últimos años. A medida que transcurre la serie, Jack va convirtiéndose en el protagonista absoluto, aunque nominalmente y desde un punto de vista narrativo lo sea Declan. Recordad, no leáis las viñetas como si fueran fotogramas de una película que hay que pasar cuanto más rápido mejor: deteneos y observad las muecas de Nimble Jack, la expresión de sus ojos, sus respuestas emocionales. Un villano hecho de locura inspirado en el Joker y en el padre de Marty McFly tiene que ser a la fuerza un sujeto digno de estudio. Que le den un Oscar pero ya.

En resumen, La última cena, aunque no sorprende por su planteamiento ni por esos elementos ya asentados que llevamos viendo desde números anteriores, supone una buena conclusión para una interesante serie de terror. Nos vamos a quedar con hambre de más —vale, chiste fácil—, sobre todo porque hay mucho potencial, sobre todo en Declan y en el mundo del hambre, que se antoja desaprovechado para una serie que solo ha durado tres volúmenes en rústica. Es breve, así que dos veces bueno, o eso dicen.

Sinopsis

Colder: La última cena

Nimble Jack ha vuelto para sumir Boston en la locura, y solo Declan Thomas puede impedir el desastre. Cada vez que usa sus habilidades sobrenaturales, cada vez que se esfuerza por mantener su cordura, Declan se va enfriando. Poco a poco, pasito a pasito, se va acercando a los cero grados. Exhausto y al límite de su cordura, Declan busca el equilibrio entre la locura y una muerte asegurada.

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