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Celsius 232, o cómo dar envidia a los que no han ido. Parte II

Mariscada

Culmina la crónica de nuestro paso por el Celsius 232 de este año. ¡Con Hulka... y marisco!

Conforme se acercaba el fin de semana fue llegando más gente a Avilés, de manera que el ambiente se fue animando más y más. Algunos repetían de la primera edición, y otros acudían atraídos por los comentarios oídos el año pasado, pero tanto unos como otros quedaron encantados con lo que encontraron.

Día 3

Haciendo un esfuerzo digno de un héroe griego conseguí levantarme a tiempo para ver la charla con Ismael Martínez Biurrun. Debo decir que fue un poco decepcionante, no porque no dijera cosas interesantes, sino porque le considero uno de los mejores escritores españoles de la actualidad y sé que su cabeza da para mucho más de lo que le oí. No tenéis por qué fiaros de mi, basta con que echéis un ojo a su última novela, El escondite de Grisha, para que me deis la razón. Eso sí, me llevé una gran alegría cuando le oí decir que está ya corrigiendo la próxima, Un minuto antes de la oscuridad, que debería salir en febrero en Fantascy.

Biurrun

Ismael Martínez Biurrun presentado por Cristina Macía.

Aunque me habría encantado seguir en las siguientes presentaciones (aunque sólo fuera por la parte de seguir sentado a la sombra), mi estómago exigía desayunar algo, así que huí como un miserable a una terraza, en la que coincidí con Víctor Conde, Emilio Bueso y algunos amigos asturianos. Entre comentarios admirados sobre el concepto de happy hour que tenían en la terraza de la noche anterior y pinchos, también se habló de las ventajas e inconvenientes de publicar en una editorial pequeña. Todo el mundo parecía coincidir en que la gran pega es la distribución, y la gran ventaja el trato personalizado que el editor da a sus escritores.

Llegó la hora de la presentación de lo último de Víctor Conde, He oído a los mares gritar mi nombre (no me diréis que no es un pedazo de título), publicado por Dolmen en su recién estrenada colección Stoker. Comentó que intenta no repetirse en cada novela, por lo que ha optado casi inconscientemente por tratar un gran monstruo en cada novela, intentando aportar algo personal, no hacer lo que ya se ha hecho. Así ha escrito ya sobre zombis, hombres-lobo, sirenas en este último (y matizó que son las de Ulises, no las de Disney), y que de momento no ha tratado a los vampiros precisamente porque son, a su parecer, el monstruo. Así que lo va dejando a la espera de tener una gran idea, algo que sorprenda como le pasó al leer 30 días de noche (el cómic de Steve Niles y Ben Templesmith).

Conde

Víctor Conde presentado por Jorge Iván Argiz

A continuación tocó la presentación doble de dos colecciones infantiles muy interesantes: Las aventuras de Alfred [Hitchcock] & Agatha [Christie], en las que esos dos genios, aún niños, investigan diferentes misterios y se encuentran con personajes reales como Conan Doyle; y El joven Moriarty, de Sofía Rhey, de la que de momento sólo ha salido la hilarante (y bastante negra)El misterio del Dodo. Rhey dijo estar sorprendida por cómo parecía estar gustando más a los adultos que a los niños, aunque quizás el tono a lo Edward Gorey (traducido además en las ilustraciones) y el espléndido narrador ayuden a entenderlo. Personalmente os lo recomiendo: se lee de una sentada y es francamente divertido. Con una hermana así, ¡cómo no iba a acabar Moriarty convertido en un genio del mal!

Aunque aún quedaban un par de presentaciones (una la de Red Zone, la novela de zombis de Macu Marrero) el estómago rugía, así que nos fuimos a otra terraza (sí, me perdí algunos actos sobre zombis), en la que coincidimos con Ian Watson, su encantadora hija y su divertidísimo yerno, y de donde nos fuimos a comer cuatro personas… llegando al restaurante unas dos mil. Fue una buena oportunidad de hablar con Juande Garduño (apenas le he visto este Celsius) y Víctor Blázquez (debe ser el cuarto sarao en el que coincidimos y nunca hemos hablado más de dos minutos), además de a Daniel Expósito, el timidísimo ilustrador elegido este año para una exposición en el festival y su novia Silvia (creo que cada vez que la veo le pregunto el nombre. Espero no equivocarme, porque ya sería ridículo). Aún recuerdo la cara de espanto de Dani al ver el tamaño del plato de revoltillo que le pusieron (y que no consiguió terminarse, por supuesto).

En un mundo ideal habría ido por la tarde a ver a David Moody hablar de sus novelas de zombis, pero este no es un mundo ideal. El sueño y lo brutal de la comida se impusieron y, la verdad, después de leer la primera de sus novelas tampoco es que tuviera mucho interés por lo que pudiera decir. Después de verle en otra mesa me he arrepentido de no haber ido a ésta, pero la siesta me vino muy bien para disfrutar a las 18:00 de Robert J. Sawyer de la mano de Juanmi Aguilera. Hay que decir que Juanmi no habla inglés, por lo que Diego García hizo de traductor. Quien haya visto alguna vez a Diego en acción sabrá porqué lo menciono. Quien no… bueno, id a facebook y buscad su club de fans. Es algo espectacular.

Juanmi (bastante nervioso) hizo buenas preguntas que permitieron a Sawyer explayarse y contar algunas anécdotas. Por ejemplo, explicó que el despacho de los guionistas estaba al lado del de los de Lost; mientras la productora les decía que tenían que hacer como ellos, que era el modelo a seguir, ellos les oían gritar “preguntándose cómo coño iban a resolver todo aquello”. Ya más serio dijo que de su padre (profesor de economía en la universidad de Toronto) aprendió que todo negocio debe tener un objetivo, y eso incluye la literatura. En su caso, su objetivo siempre ha sido mezclar lo humano y lo divino.

Sawyer

Robert J. Sawyer (izquierda), Diego García Cruz (centro) y Juanmi Aguilera (derecha).

Siguieron los encuentros con David Simon (creador de The Wire) y con el escritor Steven Erikson, del que pasé olímpicamente, entre otras cosas, porque tengo el honor de haber rechazado el primer libro de su saga hace unos años para una editorial española. Y, por muy bien que le caiga a Sawyer, después de haber hablado con Erikson en un bar no me arrepiento en absoluto de no haber ido. Fue tan aburrido en persona como en el libro que rechacé.

Sí fui, en cambio, a ver a Christopher Priest presentado por Javier Negrete. Aunque las preguntas no fueron nada del otro mundo (demasiado centradas en sus primeros libros), sí le permitieron soltar alguna que otra perla. Así, explicó que cree que la novela alcanza su plenitud cuando es fantástica. Preguntado sobre la complejidad de sus libros, afirmó que la novela te tiene que hacer pensar, no darte la idea ya mascada. Además, nos sorprendió diciendo que están preparando un musical en Inglaterra sobre El prestigio.

Quizás la mejor pregunta fue sobre su frecuente uso de narradores no confiables, a la que respondió diciendo que “todo el mundo cree decir la verdad; todo el mundo cambia la verdad cuando habla“.

La charla con Priest sirvió como introducción a la proyección en la plaza del ayuntamiento de la película El truco final, de Christopher Nolan, pero me vi en la desagradable obligación de perdérmela para sacrificarme con la cena. Susana Vallejo, Ricard Ruiz y Alex Hinojo me obligaron, casi a punta de pistola, a meterme en un taxi e ir a comernos una mariscada. Y, como soy muy sufrido, acepté. La cena fue tan exagerada que, al volver al centro, fui el único que se acercó a las terrazas a beber algo y charlar, en esta ocasión con María Marangard y Elena Clemente, mientras Steve Redwood me preguntaba una y otra vez por Susana Vallejo. Elena me explicó que había estado hablando con Sawyer de ciencia ficción canadiense (Elena es experta en Margaret Atwood), pero el regusto en mi boca de los centollos me permitió no morir de envidia y limitarme a pedir un Jack Daniels con hielo (instrucción que pareció desconcertar a la camarera, que no entendía que pudiera tomar algo sin cola).

Mariscada

El Celsius ha sido todo sufrimiento.

Día 4

Para mi vergüenza no conseguí levantarme a tiempo de ver al hilarante Joan Antoni Martín Piñol haciendo una demostración en vivo de cocina zombiesca con Cristina Macía (espero engañarle algún día para que me invite a un cupcake de esos). Por si no los conocéis, Piñol tiene una serie de libros infantiles protagonizados por el Chef Zombi. Títulos sugerentes como Macarrones con zombi, Hamburguesas de hombre-lobo, o Gazpacho con vampiro. Echadles un ojo, sobre todo si tenéis criaturas de 8-10 años en casa.

Sí que llegué a la mesa Hurgando en las entrañas de los zombis, en la que Jorge Iván Arguiz (de Dolmen Editorial) presentó a Víctor Blázquez (El cuarto jinete y su continuación), Joe Álamo (Tom Z. Stone y su continuación)y Vicente García (Apocalipsis Islandy sus continuaciones) ante una sala abarrotada. Ya había estado otras veces en presentaciones de estos autores, y no dijeron nada que no les hubiera oído ya. Quizás lo más interesante fuera la concepción que Vicente García tiene de su universo, al estilo Marvel o DC: él lo ha creado, pero lo considera de la editorial, por lo que le parece lógico y normal que otros autores puedan hacer novelas ambientadas en él.

Por cierto, que me declaro fan desde ya de las chicas que fueron disfrazadas de zombi.

zombis

Hubo gente que tuvo que ver de pie las entrañas de los zombis. ¡Suerte que no olían!

Tras días de grandes comidas con mucha gente, Susana Vallejo y yo decidimos irnos a comer solos a La posada, uno de los sitios de referencia para comer en el Celsius (excelente la fabada). En ello estábamos cuando entraron Steve Redwood, Christopher Priest y Nina Allan, que se sentaron en otra mesa (aunque Steve, por supuesto, pasó primero a saludar a Susana). Y como terminamos de comer más o menos a un tiempo, nos acercamos y tomamos el café con ellos. Son encantadores, y calmos como sólo un británico puede serlo. Estuvimos hablando de zombis, de Doctor Who (los dos temas más odiados por Priest), de la falta de autores de referencia en la ciencia ficción actual, y de autores de terror, en especial de Joe Hill, al que coincidimos en considerar uno de los referentes actuales. Tanto Susana como yo hemos quedado absolutamente fascinados por Nina Allan. Me parece increíble que no haya sido traducida al castellano. Tomen nota, señores editores.

Tenía pensado pasar por la presentación de David Monteagudo, pero comprenderéis que prefiriera seguir la sobremesa hasta que llegó la hora de la mesa He visto mi obra llevada a la pantalla y me he sentido así, en la que estaba el propio Priest junto a Sawyer y Moody, presentados por Jorge Iván y con la traducción, cómo no, de Diego García. Los tres coincidieron en que se sienten mal cuando ven su obra mal adaptada, aunque intentan que no les afecte demasiado. Sawyer y Priest, además hablaron de la obsesión de los estadounidenses con las conspiraciones. En el caso de Sawyer, toda la serie de Flashforward se acabó centrando en qué había causado el fenómeno de la precognición (que en el libro se desvela muy al principio y no importa demasiado), mientras que Priest recordó que el tema de los gemelos en su libro se sabe desde la mitad, pero Nolan no lo revela hasta que faltan dos minutos para el final, y articula toda la película entorno a ese misterio.

Pareció que se le calentaba la boca a Priest al mencionar a Nolan, y con toda la educación del mundo corroboró los rumores sobre su absoluta cretinez. Explicó, por ejemplo, que al estrenarse la película todas las críticas eran vacuas, poco más que el material de publicidad, pero que en el Reino Unido salieron un par bastante profundas e interesantes, así que las recortó y se las mandó. La respuesta de Nolan fue: “Mira, tío, mientras sean positivas, me importa una mierda lo que digan”. Moody, que estuvo a punto de ver una de sus novelas adaptada por el mismo Nolan, lo confirmó, aunque no quiso dar más detalles.

he visto mi obra

Mesa redonda: He visto mi obra llevada a la pantalla y me he sentido así (mal).

Y entonces vino el problema: por un lado, estaba la charla con David Simon, presentado por la guionista Sara Antuña. Por otro lado, la espicha. Sólo pude ver el principio de la charla, con el momento épico de Sara cerrando la boca de Carlos García Miranda, que en la charla anterior había defendido las series españolas, diciendo que no tienen nada que envidiar a las norteamericanas. Sara sólo dijo: “ellos tienen The Wire, nosotros Los Serrano“. Y el público aplaudió, claro. De hecho, dieron ganas de levantarse y hacer la ola. Poco más vi: a Simon explicando que la serie no había tenido éxito en EEUU hasta que ya estuvo completa, y que había tenido que rogar y hacer de niñera de los productores para que no la cancelaran. Y entonces me fui a preparar el disfraz.

La espicha

Porque, para los que no lo sepan, la espicha de la Asturcon es una cena de disfraces. El tema este año era la crisis, con lo que había un amplio abanico: desde superhéroes de Crisis en tierras infinitas hasta un sacerdote.

El asunto consiste en meternos a todos en un par de autocares y llevarnos a un lagar perdido en la montaña, en el que nos dan comida (eché en falta el cabrales con membrillo, pero había unos postres espectaculares), barra libre de sidra y refrescos, y las demás bebidas a precios módicos. Bueno, si vas de Barcelona como yo, los precios no son módicos: son de chiste.

Lo mejor es que puedes hablar con cualquiera. En mi caso me pasé un buen rato hablando con Javier Negrete de La Ilíada y del Gilgamesh (al que la sidra me hizo quitarle la ele, para mi vergüenza), pero también con Rodolfo Martínez sobre el mesianismo en los cómics de Superman de los años 30 y 40 y con María Marangard sobre sexismo y literatura. Y me reí. Mucho. E incluso intenté engañar al mismísimo editor de La Razón desde el twitter de Fantífica, pero no picó. No se creyó que Gordillo estaba allí. Y eso que ganó el concurso de disfraces masculino. El femenino lo ganó Hulka (o She-Hulk, depende de cuándo leyerais sus cómics).

Gordillo

El ganador del concurso de disfraces masculino con Alberto Morán

Hulka

Hulka, la ganadora del concurso de disfraces de la espicha

Y eso fue todo. Bueno, no. El domingo, para terminar bien, volvimos en coche a Barcelona. Como no habíamos comido suficiente, paramos en el Monumento al Pastor y nos comimos un lechazo, para luego mandarle unas fotos a Marc Pastor.

El año que viene, más.

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