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Celsius 232, o cómo dar envidia a los que no han ido. Parte I.

SergiPhotocall

Sergi Viciana nos cuenta cómo han ido sus primeros días en el festival Celsius 232 de 2013.

La semana pasada se celebró la segunda edición del Festival Celsius 232 en Avilés y, por supuesto, volví a ir. Me cuesta creer que pueda haber gente que, voluntariamente, no repita. Y es que, a diferencia de la mayoría de festivales literarios, aquí no hay una separación clara y rígida entre los autores y los aficionados. Fuera de las charlas, mesas redondas, presentaciones y demás actos, es fácil compartir terraza con Joe Abercrombie, tomarse una (o diez) cervezas con Emilio Bueso o hablar sobre el soporífero tercer canto de la Ilíada con Javier Negrete.

Si has seguido estos días nuestro twitter (@Fantifica), habrás podido echar un vistazo a las charlas y presentaciones a las que he ido, e incluso la espicha, pero el Celsius es mucho más que eso, así que aquí tenéis mi visión de lo que ha sido. Parcial, tramposa y sesgada, y regada con mucha sidra. Como debe ser.

Día 1

Abercrombie en Celsius 2013

Joe Abercrombie presentado por Diego García Cruz.


Reconozco que no he leído nada de Joe Abercrombie, a pesar de que un par de amigos me lo han recomendado ya muchas veces. Después de verle en el Celsius me han dado más ganas de hacerlo; habrá que buscarle tiempo. Entre otras cosas, habló de su nueva novela, Los héroes. En ella, explicó, le interesaba el concepto de heroísmo, por lo que ha intentado mostrar una batalla épica desde distintos puntos de vista, para mostrar cómo sería de verdad. Para ello la narra centrándose a veces en lo más alto de la cadena de mando, pero también en los mandos intermedios e incluso en los meros soldados rasos. La idea central es que en realidad no hay héroes, sino comportamientos que consideramos heroicos, aunque la motivación del individuo pueda ser absolutamente interesada.

Quizás la charla me resultó tan interesante porque las preguntas de Diego García Cruz no trataron tanto sobre aspectos concretos de su obra como sobre su oficio de escritor. Por eso le pudimos oír quejarse de que los mundos que leía de pequeño eran fijos, inmutables; en sus novelas, en cambio, intenta que las sociedades sean dinámicas, con avances y cambios, no necesariamente buenos. Desde el público le preguntaron también por su propia evolución como escritor, y dijo riendo: «Bueno, ahora vivo de ello». A continuación, ya en serio, añadió que cada vez pasa menos tiempo escribiendo y más revisando.

Marc Pastor en Celsius 2013

Marc Pastor presentado por Diego García Cruz


Un rato más tarde, el mismo Diego García charlaba con Marc Pastor sobre su obra. El autor catalán, creador del concepto «culturalmente disperso», afirmó haberse criado con una cultura de videoclub, motivo por el que sus novelas son híbridos en los que puede aparecer cualquier cosa. Medio en broma, medio en serio, afirmó haber escrito ya sobre sus grandes temas de la adolescencia: nazis (Montecristo), vampiros (La mala dona, La mala mujer en castellano), vainas (L’any de la plaga, El año de la plaga en castellano) y viajes en el tiempo (Bioko).

Pero, como decía al principio, lo interesante del Celsius no son los actos (que también), sino lo que viene fuera. Por la noche descubrí que Abercrombie es un gran aficionado al whisky y que ambos profesamos devoción por el Lagavullin (saliveo como un perrico de Pavlov sólo de pensar en él) e intercambiamos fotos de botellas y recomendaciones.  Lo que más se echa de menos son esas terrazas en las que la gente le pregunta a Alejo Cuervo (editor de Gigamesh) cuándo va a volver a sacar libros de alguien que no sea Martin, o el periodista Ricard Ruiz se queja de que tiene doce trabajos y todo el mundo le habla sólo de Fantascy, mientras Jorge Iván y Diego (dos de los tres organizadores) intentan emborrachar a todo el mundo.

Día 2

La corte de los espejos - Portada
El segundo día empezó fuerte, con la presentación de La corte de los espejos de Concha Perea y el encuentro con Emilio Bueso (reciente ganador del premio Celsius en la Semana Negra de Gijón), presentado por Alejo Cuervo en modo fan. Después de un año insistiéndole en que leyera Cenital tanto yo como Antonio Torrubia (librero en la librería Gigamesh de Barcelona), Alejo dijo que fue un tuit de Juande Garduño (autor de Y pese a todo y editor de Palabras de agua) lo que le decidió. ¡Ese es el nivel de influencia que tengo!

En cualquier caso, en la charla Bueso reconoció haberse autocensurado un capítulo de la novela (que no se anda precisamente con chiquitas) y anunció que en septiembre saldrá su próxima novela, Esta noche arderá el cielo, una especie de «western con un motero que quiere echar un polvo» por protagonista.

Alejo y Bueso en Celsius 2013

Alejo Cuervo y Emilio Bueso antes de la presentación.


Un rato después fue Juande Garduño quien salió a hablar, esta vez acompañado por Jorge Iván Arguiz. Charlaron sobre sus novelas; sobre la adaptación al cine de Y pese a todo y los problemas que se ha ido encontrando y que, por fin, parece que se han resuelto; y sobre lo mal que trata a los niños en su obra, para ser uno de los impulsores del proyecto benéfico Ilusionaria (libros para recaudar dinero para diferentes proyectos relacionados siempre con la infancia).

Después de una abundante comida con frixuelus de postre (una especie de crepe con chocolate y nata) tocó la presentación de Fantascy, la nueva editorial del sello RHM. Aparte de lo que ya se ha ido diciendo en los últimos dos meses, anunciaron la publicación de Terra Nova 2, antología de ciencia ficción actual, con autores españoles y extranjeros, y la publicación de la nueva novela de Ismael Martínez Biurrun para el año que viene (con lo que me hicieron muy feliz).

Fantascy en Celsius 2013

Presentación del sello Fantascy.


Pero fue después cuando vino lo que para mi ha sido la gran sorpresa del Celsius. Germán Menéndez hizo la que seguramente fuera la mejor presentación del Celsius en una mesa con Lauren Beukes (autora de Las luminosas, a punto de aparecer en RBA) y Nina Allan (inédita en castellano). Había tantas ideas y tanta reflexión en todo lo que decían que apenas me daba tiempo a tomar notas en la libreta.

Mientras Beukes negaba que conozcamos el mundo que nos rodea y sostenía que tan solo tenemos teorías (tema que trata en Zoo City), para luego hablar de cómo nos acecha el pasado (de lo que habla en Las luminosas), Allan afirmó tener una cierta obsesión con el paso del tiempo, por lo que sus libros a menudo tratan de lo que Nabokov llamaba la «cronofobia», el miedo al paso del tiempo. Para esta autora londinense lo más interesante de la ciencia ficción es la mirada peculiar que echa al mundo, a menudo incluso filosófica y describió su trabajo como una interacción entre la realidad y la nostalgia tal y como la perciben sus personajes. Os recomiendo que le echéis un ojo a su página web, The Spider’s House.

Allan y Beukes en Celsius 2013

Lauren Beukes (derecha), Nina Allan, Germán Menéndez (izquierda) y el intérprete Diego García.


Más tarde fue la presentación de las novedades de Sonolibro, una interesante editorial malagueña que publica dramatizaciones de novelas (no solo de género), al estilo de los radioseriales de los años treinta y cuarenta. Podéis echar un ojo a su página web. En paralelo —me tuve que repartir, porque lo de la ubicuidad aún no lo llevo muy por la mano— tuvo lugar la charla entre Cristina Macía y José Carlos Somoza (responsable último de mi devoción por el Lagavullin), que aunque empezó bastante flojita se fue animando y en conjunto fue más que interesante. Somoza afirmó que aunque le gustan las etiquetas por lo útiles que son para colocar los libros en las estanterías, no le interesan lo más mínimo a la hora de escribir y por eso sus novelas suelen tender a la mezcla de géneros.

Aún hubo tiempo para algún acto más, pero reconozco que mi cerebro no estaba ya por la labor, así que me marché a hacer la comprobación empírica de la hipótesis que Susana Vallejo (Porta Coeli, Calle Berlín, 109) y yo habíamos hecho la noche anterior: que la sidra funciona como el arroz. Así como al hacer una paella se echa un vaso de arroz por persona y otra más para la mesa, la sidra se bebe una botella por persona y otra más para la mesa. Con la ayuda inestimable de Ricard Ruiz y Alex Hinojo procedimos al experimento (mientras nos hinchábamos de quesos asturianos). Y la noche debería haber terminado ahí, pero en una de las terrazas junto a las carpas del Celsius esa noche tenían una happy hour de tres horas. Como soy un tipo decente, no voy a hablar de la capacidad de Juande Garduño para engullir mojitos, ni de la alta tolerancia al whisky que tiene Beukes. Entre otras cosas, porque ellos podrían hablar de mí y mi íntima relación con el Jack Daniels.

Y queda más por contar. Por si a alguien aún no le han dado ganas de ir.

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2 Responses to “Celsius 232, o cómo dar envidia a los que no han ido. Parte I.”

  1. Manu Viciano Manu dice:

    Uf. Si el año que viene no coincide con Wacken Open Air, voy fijo.

  2. […] en el feed. Una de las cosas que me llamó la atención fue la crónica sobre un festival llamado Celsius 232, dedicado a la fantasía, ciencia ficción y terror, del que oía hablar por primera vez. Y lo que […]