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Ciencia ficción, feminismo y multiculturalidad

Feminismo Ciencia Ficción - Destacada

Un repaso a la situación actual de género y diversidad en la literatura de ciencia ficción.

La ciencia ficción ha gozado desde sus inicios de una cierta reputación de literatura masculina, de ser un género escrito por hombres y para hombres… a pesar de una constante e importante presencia de escritoras. Para poder publicar, muchas autoras debían emplear todo tipo de estratagemas, como utilizar pseudónimos, nombres ambiguos o firmar con sus iniciales, y, de hecho, hasta finales de los años sesenta del siglo XX las mujeres no comenzaron a ganar premios literarios. Con matices, esta situación es igualmente extrapolable a otros campos del fantástico, como la fantasía o el terror.

Neil Gaiman y Ursula K. Le Guin

Ursula K. Le Guin ganó la Medalla por la Contibución a las Letras Americanas en 2014.


Este mismo escenario discriminatorio lo encontramos en el mercado global (en inglés) para escritores procedentes de culturas diferentes a la dominante anglosajona. A los grandes grupos editoriales mundiales no les preocupa la falta de diversidad, la inmensa mayoría de editores norteamericanos no domina idiomas, los lectores anglosajones desconfían de las traducciones y, en cualquier caso, estas encarecen el producto final. Demasiados hándicaps para quien desee probar suerte en el idioma de Shakespeare.

Afortunadamente, en los últimos años la situación comienza a normalizarse, si bien dista mucho de ser la ideal: la presencia de autoras, aun siendo claramente minoritaria, ha aumentado de forma notable (en particular, su visibilidad) y cada vez hay más lectores no anglosajones que leen en inglés, lo que de alguna manera está influyendo en el mercado global o, cuando menos, empezando a gestar tímidamente uno nuevo de amplio potencial, como pueden serlo hoy día el de la literatura weird o el de obras LGTB.

Alyssa Wong y Michi Trotta

Alyssa Wong y Michi Trotta tras la ceremonia de entrega de los Hugo 2016.


En Estados Unidos la cuestión de género en literatura especulativa lleva tiempo instalada en los debates más encendidos. La blogosfera está repleta de artículos que examinan y evalúan (con datos) este asunto, desde la Wikipedia a la propia SFWA, incluyendo estadísticas tan interesantes como «The 2012 SF Count» de Niall Harrison o «SF and Fantasy in the New Millennium: Women Publishing Short Fiction» de Susan U. Linville. El artículo más reciente que he encontrado, «The Issue of Gender in Genre Fiction: A Detailed Analysis» de Susan E. Connolly, se centra en publicaciones online pero ofrece conclusiones muy claras: la mayoría de obras de género publicadas han sido escritas por hombres (56% frente al 42%), dato que se acentúa en historias de ciencia ficción (62% frente al 37%) y aún más en medios especializados (72% frente al 28%).

Por otra parte, un reciente estudio ha puesto de relieve la discriminación de facto que sufren los autores negros en ese país, con datos tan contundentes como que de más de dos mil relatos publicados en 2015 en más de 60 revistas, solo 38 correspondieran a escritores de color, lo que supone menos del 2% de la producción total. Nótese que la población negra en Estados Unidos asciende a unos 42 millones de personas de un total de 324, algo más del 13%. Desgraciadamente, nadie se ha preocupado hasta el momento de ofrecer datos relativos a escritores de origen hispano (ni árabe, asiático, africano…), la principal minoría étnica del país con más de 56 millones y medio de personas, aunque mucho me temo que los resultados serían aún más desoladores.

La Nave Invisible
En España comenzamos a tomar conciencia en asuntos relacionados con la cuestión de género dentro del fantástico. En las últimas semanas se han articulado varias propuestas interesantes en favor de dotar de una mayor presencia y visibilidad a las autoras de género, como el grupo #LeoAutorasFantásticas en Goodreads, el blog La Nave Invisible o la iniciativa en Twitter de leer solo escritoras durante el mes de octubre bajo el hashtag #LeoAutorasOct, sin olvidar, por supuesto, el pionero Taller Fantástikas impulsado por Lola Robles.

El informe «Literatura Fantástica en cifras. Estudio de la producción editorial de género fantástico en España durante el periodo enero 2005 a diciembre 2015» (en fase de elaboración) aporta algunos datos concretos acerca de la realidad actual en nuestro país. Así, constata que el 65% de las obras de género publicadas durante ese periodo han sido escritas por hombres, el 25,4% por mujeres y el resto corresponde mayoritariamente a obras colectivas. Si se desglosaran estos datos por temática se podría comprobar que la presencia de mujeres en fantasía es superior al porcentaje indicado, e inferior en ciencia ficción y terror, concentrándose de manera particular en las subtemáticas fantasía juvenil, sobrenatural y romántica paranormal.

Tabla Mujeres Fantasía
Gráfica Mujeres Fantasía
De la tabla anterior se deduce que, pese a las naturales variaciones anuales (una horquilla que oscila del 20,2% al 32,3%), en los últimos tres años el porcentaje no ha superado la media, lo que no hace pensar precisamente en una mayor presencia de autoras a corto plazo. Por otra parte, sorprende el escaso número de mujeres en sellos y colecciones especializadas, alrededor del 15% y menos de medio millar de títulos en once años.

Porcentaje de volúmenes por sexo
Personalmente discrepo de explicaciones simplistas a la hora de analizar estos datos. No creo que los editores penalicen de manera deliberada a las mujeres por considerar que su comercialidad es menor: ¿alguien cree sinceramente que un editor renunciaría a publicar un manuscrito inédito de, pongamos por caso, J. K. Rowling o Cornelia Funke? Pienso, más bien, que estamos ante un reflejo más del proceso de normalización de nuestra sociedad. Confío en que, gracias a las citadas iniciativas y otras muchas más, la situación se compense lo antes posible, pero más que buscar un equilibrio ideal del 50% entre sexos deberíamos empezar por garantizar la igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres —¿cómo se reparte el tiempo, qué roles adopta cada uno, quién tiene más facilidades para escribir?—, y luego que cada persona a título individual desarrolle las historias que desee y publique en función de su mérito y capacidad.

En cuanto a libros editados en inglés (u otros idiomas) escritos originalmente en español, ciertamente los ejemplos no abundan pero la tendencia actual es positiva y existen casos de éxito. Podéis echar un vistazo a algunos en la web Literatura Fantástica.

The Map of Time y Tears in Rain
Por último, conviene asomarse al espejo de los premios más importantes del género para comprobar hasta qué punto las cosas pueden estar cambiando. En la última edición de los Hugo y Nebula ocurrió un hecho sin precedentes: todas las categorías literarias, desde novela a relato corto, fueron ganadas por mujeres: ocho galardones de ocho posibles. Por otra parte, la novela ganadora del Hugo en 2015 fue El problema de los tres cuerpos del chino Cixin Liu, el primer escritor de habla no inglesa que lo obtiene (también fue nominado a los Nebula, la segunda nominación para una obra traducida en cuarenta años, tras Las ciudades invisibles de Italo Calvino), el holandés Thomas Olde Heuvelt ganó también en categoría de relato, y al año siguiente lo fue la escritora china Hao Jingfang. Además, dos autoras negras, N. K. Jemisin y Nnedi Okorafor, obtuvieron sendos galardones en la edición de 2016.

The Fifth Season - Portada
¿Quiere esto decir que las obras escritas por mujeres dominan la ciencia ficción mundial, que existe una igualdad plena a la hora de publicar entre autores blancos y negros, que hay un interés real por la literatura especulativa escrita desde otras culturas? Mucho me temo que ya conocen la respuesta. En los últimos años estos premios han estado claramente mediatizados por la guerra abierta iniciada por los Sad y Rabbid Puppies (sí, esos que abogan por un retorno a los postulados más clásicos de la ciencia ficción, con unos métodos ciertamente cuestionables y cuyas maniobras para favorecer su lista de recomendados han dinamitado la credibilidad de los premios Hugo) y es lógico pensar que quienes no se identificaban con su argumentario hayan votado en bloque al resto de opciones, y que vencieran Cixin y Hao tiene parte de su explicación en el hecho de que su traductor (gran adalid de la narrativa china en Estados Unidos) sea un personaje tan carismático como Ken Liu. Además, algunas de las obras ganadoras podríamos decir que accedieron por la «puerta de atrás», es decir, fueron nominadas previa renuncia de otras señaladas como afines a los Puppies (lo cual da pie a un interesante debate acerca de la coacción y moralidad de esta medida). Resulta evidente, por tanto, que aún nos esperan años antes de lograr una auténtica y efectiva normalización.

En el plano personal, cada lector es un mundo y elige los libros que desea en función de sus propios intereses, faltaría más. Si quiere, o no, leer más libros escritos por mujeres y/o autores de culturas ajenas a la propia, o si desea apoyar la producción autóctona, la edición en pequeños sellos especializados o tener en cuenta cualquier otro factor. Tras sopesarlo, considero que sexo y nacionalidad no son criterios suficientes, no tras leer relatos como Folding Beijing de Hao Jingfang, una historia insulsa que reproduce estructuras patriarcales y conductas machistas, o The Day the World Turned Upside Down de Thomas Olde Heuvelt, una fantasía simpática y muy divertida, pero que perfectamente podría haber sido escrita por un autor anglosajón. Prefiero, en cambio, historias que despierten a priori mi sentido de la maravilla como El problema de los tres cuerpos, o se desarrollen con honestidad en un marco cultural diferente al de mi realidad cotidiana, como Binti de Nnedi Okorafor.

El problema de los tres cuerpos - Portada
En lo relativo a una mayor aceptación de nuestro material en el mercado global, sinceramente no soy demasiado optimista. El lector medio anglosajón sigue siendo muy tradicional y se resiste a considerar obras y referentes ajenos, ya sea en literatura, cine o cualquier otra materia, algo que personalmente no acabo de entender por cuanto debería apreciar como valor añadido los puntos de vista diferentes, las miradas alienígenas. Por supuesto, hay que seguir intentándolo tanto a nivel individual (escritores, editores) como en antologías colectivas (Cosmos Latinos, Terra Nova, The Best of the Spanish Steampunk, Castles in Spain o la inminente Spanish Women of Wonder), pero parece claro que para abrir brecha necesitamos un impulsor de la talla de Ken Liu. No se desanimen, el futuro pertenece a los/las valientes.

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