Este sitio utiliza cookies. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. Para más información vea la política de cookies.

Cerrar

Hijos de la bruma: una crónica del Niebla 2016

Niebla 2016 - Destacada

Ricard Ruiz Garzón ha estado en Salamanca para el Niebla y le hemos pedido que nos lo cuente.

¿Bob Dylan? En serio, ni un solo autor o autora de fantasía o ciencia ficción en siglo y pico, y pese a aspirantes como Ursula K. Le Guin, ¿va la academia sueca y le concede el Nobel a Dylan? ¿Quién más ha de pasar por encima del género hasta que nos llegue el turno? En fin, más vale cambiar el chip, que la Eurocon, como el invierno, aún no ha llegado y en Fantífica solo me piden que cuente algo del Festival Niebla, celebrado en Salamanca a principios de mes.

Mejor no meterse, por tanto, en berenjenales como un futuro sorpasso de Leonard Cohen a Murakami. Si hay que empezar en positivo, además, se debe a que lo primero a reseñar (pese a la sombra cercana, en fechas y geografía, del decano Celsius de Avilés) es que el Niebla dio a todo el mundo la impresión de ser un certamen space opera, esto es: con futuro a raudales. Verde y primerizo en cosas, sí, sobre todo en la repetición de ponentes y en el nivel de algunos moderadores, pero bien concebido, preñado de hallazgos y con una elevada asistencia a los actos, elementos que por sí solos ya deberían, si los políticos no lo tuercen, consolidarlo.

Niebla 2016 - Liu Combarro Qdony

A la manera de Unamuno, cuya Niebla era una nivola en la que Augusto Pérez le decía a don Miguel aquello de «¡Dios dejaría de soñarle!», este nuevo certamen bien podría definirse por tanto como un festivuela, un evento cuyo gran artífice (san Pablo Bueno, más director que mártir y capaz de clonarse sin parar) hará bien en dejar volar hasta convertirlo en el sueño al que aspiraban sus organizadores: un evento de referencia en Castilla pero con capacidad para atraer a autores, editores, expertos y aficionados de dentro y fuera de la comunidad.

Fue un acierto, para lograrlo, depositar la cabeza de cartel en alguien como Ken Liu, el hiperdotado autor de La gracia de los reyes. Un amante de la hibridación al que Elías F. Combarro y Miquel Codony ayudaron a lucirse en el acto central del Teatro Liceo, plato fuerte de la jornada inaugural pese a las brillantes actuaciones previas del siempre agudo Ian Watson y, antes, de Cristina Macía, Noemí Risco y Nieves Martínez hablando sobre la traducción. Por cierto, para los que no siguieron a las tres cracks ni en directo ni por redes: seguimos sin saber cómo se va a traducir el célebre «Hold the door» de Martin, pero no hay duda de que las responsables de verter al castellano la Canción de hielo y fuego, El corredor en el laberinto y Harry Potter son, además de traductoras de altura, ponentes con nivel para inaugurar  un pantano, una línea de AVE o un apocalipsis de bolsillo. Sigan contando con ellas, por favor.

Niebla 2016 - Ricard Perea Serrano

De Liu, al que todos conocen desde la traducción de El zoo de papel auspiciada por Mariano Villarreal (otro asistente señero) en su primera Terra Nova, se podrían destacar tantas contribuciones al Niebla como formas de sentarse aparecen en su primera novela, pero basten tres en esta crónica post-Dylan: su ambiciosa creación del archipiélago de Dara, que incluye según confesó una wikipedia que se pasó años elaborando antes de sentarse a escribir; su invención del silkpunk, ese retrofuturismo de seda y bambú sobre el que ironizó con humildad diciendo que lo había bautizado para generar debate en Twitter; y su mezcla de mitos, lecturas sociales y pirotecnia tecnológica, cuya eficacia resumió aunando las virtudes del insecto y del elefante.

Todo muy zen, hasta que el americano probó la morcilla y se prendó de la cocina charra.

Entre paseo y paseo, y entre excursiones secretas de algunos ponentes a las torres del Ieronimus, a garitos como el Camelot o a stands exteriores como el del exitoso ilustrador que hacía dibujos frikis con café, el resto del certamen se desarrolló sin tregua ni en las horas nocturnas, donde uno igual se encontraba a Carlos Sisi dando miedo a Juande Garduño (¿o era al revés?) que a Virginia de la Puente, Arancha Serrano y Concha Perea hablando de vikingos (y hasta ahí puedo leer). Entre las actividades oficiales, eso sí, destacaron sin duda las mesas redondas dedicadas a las distopías (con Rudy Martínez sembrado desde el público), el viaje del héroe (con una documentadísima moderadora), los formatos digitales (el momento del Geek Furioso, que arrastraba consigo a una red imbatible de admiradores), la edición indie (de la mínima de Delorean a la máxima de Oz, dos mundos paralelos), la ciencia ficción (lección de Pedro Román al ponerse humildemente a repartir juego) y, por supuesto, como en todo evento que hoy se precie, las mujeres y la literatura de género. Falló ahí, quizá, poner a un hombre poco feminista entre las combativas Cristina Macía, Felicidad Martínez, Victoria Álvarez, Arancha Serrano y Concha Perea, pero falló sobre todo que el tema se vuelva a reducir a una novedad a visibilizar cuando lo único que hace falta es que busquemos maneras concretas de extender lo que es un hecho: la aportación masiva de autoras, lectoras y editoras en lo que durante décadas, en gráfica expresión de una ponente, fue en el género «un campo de nabos».

Niebla 2016 - Feminismo

Y Pablo Bueno, a todo esto, por ahí clonándose de acto en acto, y con presencia hasta en los saraos nocturnos. ¿Da para tanto la morcilla, o fue el subidón de compartir copa y mantel durante días junto a Ken Liu? ¿Volveremos a verlo desdoblarse a lo Orphan Black con la tuna haciendo los coros de fondo? ¿Hay Niebla para rato, como todo el mundo espera? Quizá convenga, en fin, corregir mínimamente a ese salmantino de Bilbao llamado don Miguel: Dios, o los dioses, no quieren dejar de soñar con este festivuela.

Y aunque la respuesta esté, lo dice el Nobel, en el viento, los asistentes lo tenemos claro.

Preferimos la bruma. Y por eones.

Inicia sesión y deja un comentario