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HispaCon 2015: Granada después de tres décadas y un lustro

La ciudad andaluza ha acogido la reciente edición del Congreso Nacional de Fantasía y Ciencia Ficción.

Han pasado treinta y cinco años desde que la última HispaCon tuvo su sede en la capital del antiguo reino nazarí y, aunque la ocasión la pintan calva, que se celebrara con Halloween a la vuelta de la esquina y un puente de los que tanto gustan en el territorio español le ha quitado una afluencia de visitantes algo importante. No nos engañemos, la reciente HispaCon no ha recibido a mucha gente o, por lo menos, no a tanta como debiera, a lo que quizá también ayudara que haya estado bastante poco anunciada. Aún así, la calidad de las charlas, las mesas redondas y los ponentes no han estado nada mal.

Y se ha celebrado en el cubo blanco que tanta fama tiene por tierras granadinas, visto desde todos los ángulos de la ciudad y que recuerda a un búnker de la Guerra Fría, o a un centro futurista de una civilización remota que dejó atrás el tema estético para centrarse en otras cosas, o incluso a una sede de los Templarios en el universo Assassin’s Creed. La imaginación al poder, de eso se trata.

Cubo de la General - Hispacon 2015

El Cubo de la General, o como a mí me gusta llamarlo, Abstergo en el reino nazarí.


Hay que decir antes que nada que, gajes de los eventos constreñidos en un par de días, si uno quería acudir a todos los coloquios era mejor clonarse y mandar al doble en sustitución: era imposible acudir a la charla x o la presentación del libro y si mientras tanto se hablaba de la ciencia ficción o el cultivo de las calabazas en los bosques de hoja caduca, por decir algo. En ese caso, y sintiéndolo mucho, había que elegir, a veces más mal que bien, otras con acierto prestando atención al título. Porque de eso va la cosa, que el título del evento es descriptivo y se iban alternando charlas y presentaciones de menor calado con otras de mayor relevancia.

La inauguración de la HispaCón 2015, en buenas manos.

La inauguración de la HispaCon 2015, en buenas manos.


Exposiciones cero, que esto es una HispaCon, no un festival de manga o un Celsius, y uno va a lo que va: escuchar a los ponentes y reflexionar después sobre lo que ha oído. O puede que ya supieras lo que te cuentan y busques el placer de escuchar por escuchar rodeado de gente con tus mismos gustos.

En cualquier caso, y tras una escueta y dubitativa inauguración de la HispaCon 2015, Fernando Ángel Moreno habló de la ciencia ficción como ideología (con el capitalismo y la cultura popular en lo que hoy en día se llama postmodernidad), usando para ello ejemplos inmediatos como V de Vendetta (y la icónica máscara de V), Watchmen, Star Wars y otros tantos referentes que todos conocemos bien. Debo decir que me ha parecido una de las mejores charlas que he oído en todo el evento, sobre todo por el estilo del ponente a la hora de ponernos en situación sobre la actualidad, los iconos y las reflexiones que hacemos de cada uno de ellos (admirar a un terrorista, por ejemplo).

Fernando Angel Moreno y el postmodernismo.

Fernando Angel Moreno y el postmodernismo.


Se suceden las presentaciones de libros, y ahí tenemos casos como Yo soy más de series, de nuevo con Fernando Ángel Moreno pero acompañado de Alfredo Álamo y Victor Gallardo, o Ciencia ficción: nueva guía de lectura de Miquel Barceló (uno de los autores que más y mejor ha hablado sobre el frikismo en toda la HispaCon), o la antología de Sportula A la deriva en el Mar de las Lluvias, o La búsqueda del grifonicornio de Sergio Mars, o El libro de Sombra de Juan Cuadra (segunda parte de El libro de Ivo, a cuyo autor entrevistó Laura en su momento) o, cómo no, Neimhaim de Aranzazu Serrano. Todas las presentaciones han tenido un buen nivel, y en cada una los autores describieron con acierto el ambiente que se respira en sus respectivas novelas y qué símiles del mundo real y qué inspiración han empleado para escribirlas.

Algunos problemillas técnicos no impidieron que Juan Cuadra se despachara a gusto con su El libro de Sombra.

Algunos problemillas técnicos no impidieron que Juan Cuadra se despachara a gusto hablando de su criatura, El libro de Sombra.


No sé si también ocurriría en las demás charlas —lo siento, mi clon no estaba operativo en ese momento—, pero en algunas se firmaron ejemplares y se regalaron tanto libros como algo de merchandising para incentivar la asistencia y el interés de los asistentes, que los domingos por la mañana tras una noche loca de Halloween son duros. En cualquier caso, una HispaCon no sería lo mismo sin presentaciones de libros, y en ese aspecto ha cumplido de sobra.

Aranzazu Serrano nos habla de su novela de fantasía épica Neimham.

Aranzazu Serrano nos informa sobre su novela de fantasía épica Neimham: Los hijos de la nieve y la tormenta.


También hubo momentos divertidos como una charla sobre los videojuegos de los ochenta a cargo de Alfonso Jurado, otra sobre el cine de superhéroes con Alfonso Merelo (impagable el viajecito del Superman y la Spiderwoman de Bollywood, todavía intento sacarlo de mi mente) y, entre otras, un coloquio de Miquel Barceló sobre los juegos de mesa que hay en el mercado, con multitud de ejemplos y siempre desde el punto de vista de la ciencia ficción. Una cosa está clara: Barceló es un friki de cuidado, nadie más podría haber escrito una nueva guía de ciencia ficción como la que muchos hemos tenido recientemente en las manos.

Miquel Barceló entusiasmado con una de sus aficiones: los juegos de mesa.

Miquel Barceló entusiasmado con una de sus aficiones: los juegos de mesa.


Para terminar, también estuvo la cena de gala, los puestos donde comprar los libros que se presentaban en el evento, se llenó de colegas de Facebook, de foros e internet en general (a quienes siempre da gusto poner rostro) y hubo bromas, juergas y otros menesteres propios de la HispaCon, como la cena de gala de los Ignotus (estábamos nominados, pero la Fuerza no nos ha acompañado esta vez):


En resumen, no ha sido una mala HispaCon, pero se echaba de menos más gente, más conocidos que por la lejanía no han podido venir. También quizá una mayor variedad en las charlas y que todas no hubieran sido casi al mismo tiempo —el centro cerraba sus puertas a las siete de la tarde sí o sí—, que una de las salas no hubiera estado tan alejada de las otras ni tuviera una calidad de sonido tan pésima —el piar de un gorrión creaba ecos monstruosos hasta los últimos asientos— y que todo hubiera tenido una menor carga promocional y una mayor relevancia argumental y temática acorde al nivel del aficionado.

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