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Last Day Zombie Vila-real: Infectados, diversión y agujetas

Last Day Zombie - Destacada

Una experiencia cansada pero que merece la pena probar al menos una vez.

El sábado pasado, un cargamento de material infectado llegó a Vila-real y desató el caos en el pueblo castellonense. Por la noche las calles empezaron a llenarse poco a poco de infectados, algunos lentos y torpes, otros extraordinariamente rápidos y atléticos, que amenazaban la vida de los sufridos grupos de supervivientes que se las veían y se las deseaban para evitar la infección mientras buscaban la forma de contenerla. Como ya habréis leído en la prensa, las cosas no terminaron demasiado bien y hubo que dar el pueblo por perdido al final de la noche. Pero ¿mereció la pena?

Last Day Zombie - Jugadores
La respuesta, os lo adelanto ya, es un sí rotundo. El noveno acontecimiento survival que montaba la gente de Last Day Zombie fue divertidísimo. Para quienes no sepan de qué va la cosa, un resumen rápido: previo pago de una cuota (en este caso de 25 €), la organización del evento te hace entrega de una braga cantosa que te identifica como superviviente, un mapa del pueblo y una cartilla donde ir recibiendo cuños a medida que superas pruebas, y te convoca al principio de la noche en algún espacio público para la escena inicial. A partir de entonces, la localidad empieza a llenarse de enemigos identificados con bragas de otros colores y tú y tus amigos debéis evitarlos mientras vais completando pruebas a lo largo y ancho de la localidad. Si te tocan, mueres, te quitan la braga cantosa y tienes la opción de seguir jugando como enemigo, vagando por las calles e intentando eliminar a más jugadores. Sencillo.

En el caso de este Last Day Zombie, la escena inicial servía para poner en situación a los jugadores y asignarles su primera misión. Los militares encargados de contener la plaga pasearon a unos infectados con cadenas entre los supervivientes, nos hicieron formar por grupos y asignaron a cada uno de ellos un objetivo que marcaban en el mapa del pueblo. A partir de ahí, dispersión. Al principio de la noche las calles eran relativamente seguras y supongo que todos los grupos de jugadores pudieron enfrentarse al menos a dos o tres pruebas (de las dieciséis que había en total) antes de correr un riesgo real de ser eliminados.

Last Day Zombie - Zombi verja
Las pruebas solían consistir en meterse en un recinto cerrado y recuperar algún elemento con el que combatir la infección. En la mayoría de ellas entraba todo el grupo, a veces a pelo, a veces equipados con elementos como un escudo antidisturbios o repelente de infectados (guapísima esta prueba, con carrera final a la desesperada incluida), y en otras había que enviar una delegación. Pero como solían vagar infectados sueltos por los lugares de las pruebas, el resto del grupo tampoco tenía tiempo de aburrirse: a veces le tocaba huir y luego esquivarlos para conseguir su cuño, a veces incluso contenerlos manteniendo verjas cerradas para evitar que invadieran el recinto. En ningún caso tuvimos que esperar a más de un grupo o dos antes de poder entrar a las pruebas.

Last Day Zombie - Material
Mientras tanto, claro, las calles iban llenándose de enemigos. Primero eran solo infectados sueltos y corredores —algunos de los cuales llegaron a convertirse en leyendas urbanas, como el de la garrafa de gasolina, la del martillo, Mordisquitos el de la pala o la niña gritona—, pero a medida que morían jugadores empezaron a aparecer hordas que complicaban mucho los desplazamientos.

Y quizá aquí estén los dos únicos peros que pondría a la experiencia. Primero, que Vila-real es un pueblo grande, las pruebas podían estar muy separadas entre sí y había que recorrer unas distancias enormes. De hecho, nadie tuvo tiempo de completar las dieciséis pruebas y no hubo ganadores. Segundo, que por lo que cuentan quienes murieron, la diversión como miembro una horda zombi dependía mucho del jugador asignado como líder. Al no ser alguien de la organización, si lo hacía bien y mostraba inventiva y mala leche, perfecto, pero en caso contrario era muy posible pasar un par de horas de puro aburrimiento.

Last Day Zombie - Encerrona final

La encerrona final.


Personalmente, ya digo, muy divertido. Aguanté vivo hasta el final —reconozco que un corredor me perdonó la vida cuando me di una hostia en la rodilla al principio de la noche— y llegué a la última escena molido pero contento, incluso con ganas de gritar «¡Estamos perdidos, perdidooos!» en la fallida evacuación de Vila-real. Me cae otro survival cerca a mediados de agosto, organizado por otra gente, y tenemos pendiente pasarnos por otro Pueblo Maldito en Madrid cuando se pueda, y aunque todavía duran las agujetas, lo bien montado que estaba este último Last Day Zombie me ha dejado con ganas de acudir a ambos, a ver si están igual de guapos. Si tenéis la oportunidad de pasar una noche sobreviviendo a una amenaza zombi, no os la perdáis.

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