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El desierto prohibido, el nuevo juego de Matt Leacock

El desierto prohibido, detalle

Reseñamos el mejor juego familiar de la última UK Games Expo y finalista de los premios Mensa.

Matt Leacock es autor de juegos de reconocido prestigio dentro del mundo de los juegos de mesa. A él tenemos que atribuirle interesantes piezas como Pandemic, Roll Through the Ages: The Bronze Age y La isla prohibida. En este último aporte a la industria es donde vamos a centrar el foco analítico, porque el juego del que hablamos hoy, El desierto prohibido, es una secuela, una especie de continuación temática de aquel.

Continuando la estela de La isla prohibida (que es a su vez una versión reducida de Pandemic), los jugadores se trasladan esta vez a un asfixiante desierto en el que lo pasarán mal, o tan mal como su pericia no logre impedir. Si en La isla prohibida la subida del nivel del agua era nuestra mayor preocupación, en El desierto prohibido lo será la tormenta de arena que domina el terreno de juego. Hasta cinco jugadores, y un mínimo de dos, pueden lanzarse a buscar las piezas escondidas entre las diferentes localizaciones que utiliza el juego como ambientación, para ensamblarlas en una legendaria nave voladora que los sacará de allí, abandonando el peligroso desierto que parece cuajado de ruinas de ciudades pseudofuturistas.

La edición con la que Devir lanza el juego al mercado no puede ser más atractiva: una caja de lata bellamente ilustrada por C. B. Canga y Tyler Edlin, quienes también ponen imagen a cada una de las losetas y cartas del terreno de juego. Por otro lado, la miniatura de la nave voladora y sus piezas añaden un detalle vistoso al conjunto –aunque sean componentes meramente ornamentales, ¡cuidado con los niños!–. Es además el mismo formato en el que se publicó La isla prohibida, pero con un tamaño mayor.

El desierto prohibido, caja

 
Dicho esto, veamos algo del sistema juego, que para eso habéis entrado en esta reseña. La palabra que buscamos es «sencillo». La isla prohibida es un juego frenético, ideal tanto para jugadores veteranos como para los recién llegados a los juegos de mesa. Una mecánica simple, que se capta al minuto a poco que hayamos echado un vistazo al manual de instrucciones. Además, sigue un esquema parecido al de La isla prohibida, para que sea lo más fácil del mundo ponerse a jugar. Está claro que no estamos ante un Arkham Horror ni un República de Roma, que requieren un par de horas de práctica y profundización en detalles.

Los jugadores se turnan para llevar a cabo una cantidad de acciones, que les permiten moverse por las losetas dispuestas sobre la mesa, que hacen la función de terreno de juego, excavar la arena (fichas que previamente habremos de preparar y son la novedad de este juego), mirar lo que hay bajo la pieza de desierto correspondiente y ver lo que le ha tocado. Esto puede ser una carta de artefacto –con una clara tendencia hacia el steampunk por lo estrafalario de sus utilidades–, un poco de agua o una pista para encontrar una de las piezas perdidas de la nave voladora. Una vez finalizada la ronda, se descubre una cantidad de cartas del mazo de tormenta que depende del número de jugadores y el nivel de dificultad que hayamos establecido previamente y se actúa en consonancia. Para eso hay un marcador de pie que señala cuándo las cosas se ponen más difíciles, porque las cartas nos irán complicando la tarea de encontrar piezas (agua, más bien) dentro del tiempo.

El desierto prohibido, ilustracion

 
Mientras tanto, en el centro de la mesa se prepara una importante tormenta de arena –simbolizada por la ausencia de una sola loseta– que puede cambiarlo todo un poco. Su función: mover las cosas de sitio y truncar los planes de los jugadores, que deben cooperar para conseguir las piezas que están esparcidas por quién sabe dónde, escapar y por tanto ganar el juego. Por ello, iremos encontrando pistas para saber la localización de las partes de la nave, dos cartas de coordenada para cada una de ellas que marquen su posición en el terreno de juego. «La X no marca el lugar», dijo Indy, pero en este caso sí lo marca. La pega es que no es un buscapistas real como en los juegos de deducción e investigación, sino que depende únicamente de encontrar la pareja de cartas que señalen la pieza.

Estamos en un desierto, así que lo que más falta puede hacer es el agua. En cada una de las fichas de los jugadores hay un medidor para llevar la cuenta de la vida que le queda, por así decirlo. Una vez agotada la cantimplora de agua, adiós jugador: no ha sabido administrarla correctamente o ha tenido mala suerte, que también. Pero tranquilos, porque para poder rellenarla podrá descubrirse bajo la arena algún que otro pozo oculto y los jugadores pueden ayudarse entre sí.

¿Fácil, verdad? Lo cierto es que El desierto prohibido es un interesante juego cooperativo en el que los jugadores pueden, o deben, compenetrarse para escapar del desierto con vida al más puro estilo El vuelo del Fénix. Los componentes son de gran calidad en cuanto a losetas, caja e ilustraciones se refiere, aunque las cartas son un poco endebles –nada preocupante, cumplen su función perfectamente–. Es el tipo de juego que llamará rápidamente por los ojos solo por ver lo que oculta en su interior, como La isla prohibida, y eso son horas de diversión. Funciona bien a dos jugadores, y su sencillez y fácil preparación permiten que no se deje en la estantería solo por la pereza de prepararlo –como sí ocurre con otros juegos–. Algo más complejo que La isla prohibida, pero no mucho más. Fácil, bonito y barato, aunque algo limitado en sus opciones. ¿Alguien da más?

Nota: La edición de Devir se corresponde con la edición inglesa del juego, y ambas traen peones de madera para representar a los personajes del juego. En la edición alemana de Schmidt Spiele se incluyen miniaturas de los personajes, como también hicieron en La isla prohibida.

Sinopsis

El desierto prohibido

En El desierto prohibido, una secuela temática de La isla prohibida, los jugadores adoptan el papel de valerosos aventureros que deben sobrevivir a las tormentas del desierto y encontrar las piezas enterradas bajo la arena de una mítica nave solar que es su única oportunidad de abandonar el desierto. Todo ello, antes de que la sed acabe con su resistencia.

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4 Responses to “El desierto prohibido, el nuevo juego de Matt Leacock”

  1. Jana M. Pérez Romero Cyram dice:

    Yo lo probé en circunstancias que no eran muy cómodas: mesa pequeña, mala luz y un entorno ruidoso, y pese a eso el juego me encantó, no me costó nada aprender a jugarlo y además me lo pasé pipa. Creo que de vez en cuando hace falta tener juegos de este estilo, no solo de Arkhams Horror y Twilight Struggle vive el hombre, en ocasiones hace falta tener algún tipo de divertimento que no te requiera 1 hora y pico de preparación o de “setup” como dicen los entendidos.

    Por esta razón estoy completamente de acuerdo con tu reseña, considero que es un juego para pasar el rato sin mayores complicaciones. Es cierto que quizás el juego para 2 sea un poco más sencillo que de costumbre, pero también es cierto que cuando ya te has acostumbrado a jugarlo, a diferencia de la Isla Prohibida, puedes modificar el nivel de dificultad para empezar en el modo “jugador experto”, por lo que al fin y al cabo es más versátil que su versión marítima. ^^

    PD: ¿Jugamos otra vez? *o*

  2. Miquel dice:

    Hola Loren,

    aúnque no he jugado muchas veces a ellos, lo cierto es que tanto Pandemic como La Isla Prohibida me parecen muy buenos juegos. Sencillos de entender pero difíciles de ganar. ¿Te parece que este aporta algo frente a La Isla Perdida? O sea: ¿tiene sentido tener los dos? Más allá del coleccinismo, quiero decir.

    Y otra cosa que me ha llamado la atención es que la reseña es bastante positiva pero la puntuación (7) no es espectacular. ¿Qué te parece que le falta?

    Un abrazo.

  3. Buenas, Miquel.

    La verdad es que si lo miramos bien, un siete no es para nada una mala nota, sino que es un buen notable. El hecho de que no le haya puesto más nota es porque el juego tiene sus limitaciones, como “La isla prohibida”, dado que el juego puede terminar quemándose si se juega muy a menudo (aunque eso pasa en realidad con muchos otros juegos). El caso es que “El desierto prohibido” es un buen juego, entretenido y es fácil de jugar, y aunque es muy parecido al de la isla, si tienes aquél no te va a suponer un inconveniente hacerte con este también. Pueden ser complementarios y tiene cosas diferentes, aunque el objetivo sea básicamente el mismo. Mientras que en el de la isla se acaban las losetas, aquí se te acaba el agua, que es la principal preocupación. Aporta una mecánica diferente (aunque parecida) y con el mismo frenetismo que el otro, aunque como dice Cyram, puede parecer bastante fácil (de hecho, no hubo dificultad alguna en superar los desafíos en tres partidas).

    Espero haberte aclarado la duda, ya sabes que esto es también cuestión de gustos.