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Edgar Cantero: «Casi todo lo que escribo contiene elementos fantásticos»

El factor sobrenatural - Portada

Edgar Cantero confiesa qué hay detrás de la divertidísima (y muy recomendable) casa encantada de El factor sobrenatural.

A Edgar Cantero (Barcelona, 1981) le encanta Scooby-Doo. También le encanta Shirley Jackson. Y lleva escribiendo mucho, mucho tiempo. Pero hasta hace poco nunca había escrito en inglés. O, al menos, no tan serio. Y ni siquiera se le había pasado por la cabeza que podía publicar en esa lengua y convertirse en un pequeño fenómeno Ahí Fuera antes de que su novela llegara a librerías españolas. La novela en cuestión se titula El factor sobrenatural (Minotauro) y es divertidísima.

La historia es la siguiente: El año es 1995, el mes, noviembre. Han pasado dos meses desde que el último Wells saltara por la ventana del tercer piso (sin abrirla antes, por cierto), cuando dos misteriosos europeos llegan a Point Bless, Virginia, para tomar posesión de la también misteriosa Axton House. A. es el misterioso heredero inesperado; Niamh es la adolescente muda de peinado inconstante que él llama su socia o su guardaespaldas. A través de diarios, cartas y la más avanzada tecnología de los 90, se cuenta la investigación del turbio (y torpe) suicidio de Wells, la sociedad que fundó y un pasatiempo burgués de proporciones globales. Todo ello mientras sufren terribles pesadillas, conviven con el fantasma local y, en general, disfrutan de su propia casa encantada.

En primer lugar, Edgar, cuéntanos, ¿por qué ese cambio de registro? ¿Esa apuesta tan directa por el género?

No hay un cambio de registro tan drástico en El Factor Sobrenatural, más allá del idioma. Casi todo lo que escribo contiene elementos fantásticos; yo diría más bien «peliculeros». Dormir amb Winona Ryder (2007) era bastante realista, pero mi siguiente novela, Vallvi (2011), ya contenía un supervillano y cosas que explotaban; ese tipo de ficción palomitera es la dirección que tomé hace tiempo; mis cuentos y obras de relleno lo corroborarían.

Edgar Cantero - Foto

Pero esta es tu primera novela de terror…

Sí es mi primera novela de terror, pero no sé; me gusta botar en todos los charcos. Tarde o temprano iba a hacer algo de terror; todo el Scooby-Doo que absorbí de pequeño tenía que salirme por algún lado.

¿Y cuáles han sido tus referentes?

Mientras escribía Vallvi me había dado por leer mucho de ese género; tiene que ver con que había descubierto los mass-market paperbacks y los coleccionaba por sus portadas. Me empapé mucho de ghost stories de la edad de oro (M. R. James, Edith Wharton), de pioneros como Arthur Machen, Ambrose Bierce, W.P. Hodgson, y del círculo de amiguetes de Lovecraft. Así llegué a un punto en que si no escribía yo algo que empezase con alguien llegando a una casa encantada, explotaría.

¿Y eso es El Factor Sobrenatural ¿Alguien llegando a una casa encantada?

Sí, eso es, esencialmente. La idea era empezar con un porrón de clichés del género (un turbio suicidio, una herencia inesperada, una mansión en Virginia), y añadirle mi tipo de personajes: un par de jóvenes de los noventa que siguen Expediente X, saben todo lo que el cine de terror enseña, tienen una mentalidad abierta y no llegan diciendo «una casa encantada, qué miedo», sino «una casa encantada, qué guay».

Como todo lo antes citado lo había leído en inglés, la historia me salía en ese idioma. Algo había escrito ya en inglés y le tenía (tengo) respeto, pero ofrece ventajas. El inglés es más ágil que el castellano y el catalán; verbos de una sílaba concentran muchos matices. Además, como no es mi lengua y estoy poco condicionado, me tomo muchas libertades. Casi nada que sea gramaticalmente posible me suena poco natural, porque a mí tan natural me suena Poe como Samuel L. Jackson (más o menos). Incluso me invento palabras, porque la mitad de palabras del inglés a mí ya me parecen novedosas.

Curiosamente, ninguno de los editores y revisores por los que pasó El factor sobrenatural me reprochó esas licencias, y en las reseñas, muchos lectores elogian la prosa. En catalán, tengo la sensación de que las editoriales borran sin piedad cualquier rasgo de personalidad en un texto en favor de la normalización. Y no es muy distinto en castellano.

The Supernatural Enhancements - Portada

Portada de una de las ediciones en inglés de la novela


Empecé El factor sobrenatural en agosto de 2011, a poco de salir Vallvi; terminé en primavera de 2012. En otoño empecé a buscar un agente que lo moviera por EE.UU. La encontré por Navidad. En marzo de 2013 lo vendió a Doubleday por una fortuna. Así empezó un largo proceso de edición para salir en agosto de 2014. Hubo peleas ahí también (el editor, en el mundo anglosajón, propone cambios, y los propone muy fuerte) pero salí satisfecho, tanto de los cambios como de lo que me negué a cambiar. En el ínterin, se vendió a Reino Unido, Francia y España. La traducción al castellano la firmo yo junto a mi compañero de El Jueves, Xavi Morató, para garantizar que se conserven los chistes. Hay muchos.

En noviembre de 2014 fui a Nueva York y conocí en persona a los implicados: mi agente, Emma Sweeney, a quien debo mi mayor triunfo profesional, y los editores, Alison Callahan y Jason Kaufman. Hasta entonces, todo mi contacto con ellos había sido por mail. A Kaufman, en persona, le pitcheé (¡yupi, verbos inventados!) un par de ideas para nuevos libros. Una de ellas es la novela que estoy terminando ahora mismo. El concepto era: Enid Blyton meets Cthulhu. Entre otras cosas.

¿Más terror? ¿Vas a convertirte en un autor de género?

Sí, curiosamente, vuelve a ser terror (aunque TSE era misterio sobrenatural y esto es matar monstruos a escopetazos), pero creo que eso es casualidad; no me quedaré en este género. No sé si me quedaré en este idioma. Desde que terminé El factor sobrenatural en inglés he hecho otra en catalán y otra en castellano, pero no percibo gran interés de las editoriales por ellas. En inglés veo más futuro.

Hay una tendencia aquí a separar brutalmente ficción de género y ficción literaria, hasta el punto de que El factor sobrenatural ha sido rechazada por editores catalanes para ser demasiado literaria para ser de género, y viceversa. En inglés, esta distinción es menos severa; permiten a autores comerciales tener ambición literaria. Hay escritores de fantasía, ciencia-ficción o terror que derrochan poesía en pulpa de papel, y no se considera un malgasto de talento. Yo he aullado de síndrome de Stendhal en un Starbucks leyendo a Ray Bradbury, Philip K. Dick, o Ambrose Bierce. Aspiro a conseguir lo que ellos.

Shirley Jackson, la reina de las casas encantadas

Shirley Jackson, la reina de las casas encantadas


¿Y puedes decirnos algo de Axton House, la casa encantada? ¿Tiene algo de las casas encantadas de Shirley Jackson?

Pues… la verdad es que no he robado mucho de literatura ahí. Cuando yo pienso en casas encantadas, pienso en R.L. Stine o Alone in the Dark (el juego, del que sí he robado mucho); pienso en fantasmas; quizá impalpables, quizá invisibles, pero que se noten. En las novelas más literarias (The Haunting of Hill House de Jackson, o Hell House, de Richard Matheson), eso parece infantil; no hay paredes sangrantes ni niñas en camisón reptando por el techo. El embrujo es más abstracto; enfocan menos a la casa y más a los personajes.

El prota presencia algo sobrenatural, no lo menciona a su pareja y se pasan 100 páginas aislándose poco a poco, discutiéndose, incubando resentimiento, reprochándose el tiempo que hace que no follan con ganas, y a todo esto el fantasma está ahí en un rincón diciendo «hoooola, miradme, estoy moviendo este candelabro» sin que nadie le haga caso, y yo como lector me siento mal por él. Yo sabía que NO quería hacer algo así. Yo haría una casa encantada de verdad, con fantasmas de verdad. Y protas listos, que hablan entre sí y trabajan en equipo.

De hecho, que Axton House está encantada es tan innegable, y los protas son tan rápidos en aceptarlo, que en el primer cuarto de novela esa trama ya está resuelta, y hay que buscarles algo más que hacer. Por eso la novela no es solo de terror; digievoluciona en misterio sobrenatural que incluye neurociencia, mística, señores ricos con angustia vital y un esqueleto que juega al póker, entre otras cosas. Pero la casa está encantada, eso lo prometo.

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