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Entrevista con Jesús Cañadas: un gaditano en Fráncfort

jesus cañadas

El 17 de octubre se pone a la venta su nueva novela, Los nombres muertos.

Estamos en Fráncfort del Meno, ciudad que por azares del destino compartimos Jesús Cañadas y yo. Entre tanto ajetreo cerca de la Hauptbahnhof (estación central de trenes de la ciudad), nos metemos en un irlandés que hace esquina. Dan un partido de la Champions en los televisores y, entre gritos de aficionados enfervorecidos, nos vamos a un rincón en el que poder tomarnos algo y hablar un rato sobre libros, que es lo que interesa. Unas Guinness (por mucha cerveza alemana que tengamos alrededor, una Guinness sigue siendo una Guinness) y unos nachos y vamos al lío. Son muchas las razones que pueden llevar a una persona a vivir fuera de su tierra natal y a conocer otras culturas, pero lo de este gaditano nacido en 1980 parece puro vicio:

Cádiz – Venecia – Granada – Lecce – Girona – Barcelona – Berlín – San Sebastián – Göttingen – Osaka – Berlín – Valencia – Berlín – Madrid – Frankfurt. Trece ciudades diferentes en los últimos diez años. Los alemanes llaman a esto Wanderlust, el ansia de viajar, de conocer, de vivir por ahí. Empecé tarde, me fui de Cádiz con 23 años, pero digamos que me convertí en un experto en pedir becas y echar currículums fuera de mi país. Estoy muy orgulloso de haberlo conseguido, la verdad. Eso sí, el niño le ha salido caro a la Unión Europea.

Por otro lado, estoy hartito de mudanzas, pero por desgracia en nuestro país el futuro se presenta muy negro y, por si no lo has notado, hay una fuerza misteriosa que sigue tirando de mí hacia Berlín: mi chica vive allí. De todos modos, la gastronomía de mi tierra no la he dejado: ya se encarga mi señora madre de llenarme la maleta de latas de conserva y queso envasado al vacío cada vez que bajo. Eso, y ponerme ciego de pescado.

Trece ciudades no son moco de pavo para una sola persona en diez años; tantas experiencias darán para muchas historias que contar, una de las pasiones de Jesús Cañadas. Le preguntamos sobre su relación con la lectura y las letras y sobre cómo empezó a dedicarse a esto de escribir.

Llevo leyendo desde que puedo recordar, y escribiendo unos cuantos años. Empecé escribiendo mis pamplinas para partidas de rol y en algún momento pegué el salto a escribir por escribir. Mi primer cuento, por cierto, se reeditó hace poco en la antología hispano-argentina Charco Negro, de la editorial Unomasuno.

Siempre había querido escribir una novela, pero no me sentía preparado. Al final, en 2007, me pregunté: «¿Y cómo vas a saber cuándo estás preparado?», y me lancé. El resultado fue El baile de los secretos. La acabé en 2008, en 2009 la vendí a una editorial y en 2011 salió. Del dinero mejor no hablamos, porque la editorial quebró y no he visto ni un duro.

Total, El baile se vendió poco pero tuvo mucha repercusión, positiva y negativa. Eso me facilitó encontrar una agencia que me representase. Para entonces estaba acabando Los nombres muertos, que ha salido ahora.

el baile de los secretos
La relación de Jesús con los juegos de rol queda muy patente tras leer su primera novelaEl baile de los secretos, que trata sobre un grupo de chicos que se reúne una noche para terminar una partida que habían comenzado seis meses antes y para los que la velada se termina complicando algo más de lo esperado. Todo esto enhebrado con un mundo fantástico —el del juego— en el que se entremezclan la fantasía, el steampunk y algunas escenas bien truculentas que podrían formar parte de una novela de terror. Le preguntamos qué era lo que tenía en mente antes de ponerse a escribir su primera novela y si lo hizo pensando en algún género en concreto.

No te sabría decir, porque las historias salen como salen. Yo siempre tuve más en mente terror que fantasía a la hora de escribir El baile. Lo que tenga de steampunk o de escenas truculentas es porque también son cosas que me mola escribir y se acaban introduciendo en la historia. El reto está en que no chirríe luego. Piensa, por ejemplo, que en El baile hay cantidad de guiños a cosas que no tienen nada que ver con el steampunk o con el terror: Cortázar, La Patrulla X, Borges, La Regenta, Jean-Pierre Jeunet, Shakespeare, Homero, Oscar Wilde…

Insistimos, el new weird está cada día más en boca del aficionado español a la literatura de género (sobre todo entre aquellos que están más al día de las novedades literarias) y el steampunk se ha convertido en todo un fenómeno de masas entre el público adolescente (y los que no lo son tanto), llegando hasta a inspirar convenciones relacionadas con el movimiento. ¿Qué hay de género en la literatura de Jesús Cañadas?

Lo que sale, siempre lo que sale. O mejor dicho, lo que me apetece. Yo leo mucho, imagino que como tú, y llega un momento en que o buscas cosas nuevas o todo te suena a lo mismo. Es como en la comida o como en el sexo: si siempre comes lo mismo o follas de la misma manera, te aburres. Por eso experimentas, juegas, te equivocas, aprendes y vuelves a probar. El weird me gusta porque es impredecible.

Hace poco leí la historia de un tío que rompe con su pareja. Antes de irse de un portazo, ella le dice que lo que menos soporta de él son sus ronquidos. Él se indigna: nunca le han dicho que ronca. La idea no se le va de la cabeza, así que decide grabarse por la noche. Al día siguiente se pone la cinta y, efectivamente, no ronca. Entonces en la cinta se oye una voz: «Míralo, qué mono, durmiendo tan tranquilo». No me digas que un planteamiento así no mola. ¿Para qué vas a leerte la misma historia de dragones o zombis o dragones contra zombis pudiendo leer esto? Pero oye, que si tú te encuentras cómodo con tus caminos del héroe y tus reinos elfos, adelante. No seré yo quien te lo impida ni quien te critique. Pero a mí no me pidas que hagamos otra vez el misionero.

Hablando de géneros y de aficionados, últimamente ha habido comentarios de todo tipo para este «resurgimiento» que está teniendo, sobre todo, la literatura de fantasía gracias a fenómenos como «Canción de Hielo y Fuego» y la serie de televisión Juego de tronos. Se han visto artículos en las ediciones digitales de periódicos de tirada nacional y aficionados como Ignacio Illaregui han puesto los puntos sobre las íes (acerca de Fantascy y RBA) a algunos de los movimientos editoriales que están teniendo lugar a raíz de todo esto. ¿Qué te parece esta apuesta por lo fantástico?

Pues que es eso, una apuesta. Y espero que salga bien. Llevo un par de años oyendo a la gente quejarse de lo mal que está el género, de lo poco que apuestan las editoriales grandes por la fantasía, de que la distribución y la publicidad está fatal. Bueno, pues ahora hay editoriales grandes que apuestan por el género, con distribución y publicidad. A ver qué excusa hay ahora para no vender.

Como has visto, algunas de estas apuestas no están saliendo bien. Yo creo que eso no significa que no haya público. Piensa en los bestsellers sonados de los últimos, digamos, quince años en España: 50 sombras de Grey, Juego de tronos, Crepúsculo, El nombre del viento, La catedral del mar, El código Da Vinci, La sombra del viento, Harry Potter… bastante fantasía, de hecho.

Hace poco comentaba con alguien que los españoles no nos supimos aprovechar en su día del efecto Zafón, cosa que los suecos sí han hecho con Larsson, por ejemplo. De todos modos, yo creo que público sí hay. Pero también creo que hay que llegar a él de otra forma. ¿De cuál? Ah, yo qué sé. Yo soy el que escribe, pregúntales a los que venden, aunque me da que ellos también están probando. Y aprendiendo de errores propios y ajenos.

Como resultado tenemos que Los nombres muertos sale en Fantascy, un sello de reciente creación en Random House Mondadori que está apostando muy fuerte por lo patrio y equiparando a nuestros autores a los internacionales. ¿Hay mercado para el nombre de Jesús Cañadas en las librerías?

Me da igual que haya mercado o no para Jesús Cañadas. Yo quiero que haya mercado para Los nombres muertos. No soy tonto, no creo que la gente vaya a comprarse el libro por mi cara bonita. Me gustaría que la gente se lo comprase porque les gusta la sinopsis, o porque les interesa Lovecraft en cualquiera de sus expresiones de la cultura popular, o porque algún amigo les dice que es bueno o porque leen una crítica en algún sitio y les convence. Así al menos es como decido yo cómo comprar mis libros.

Portada
La comida y la cerveza ya van por la mitad y es posible que alguien haya marcado un gol, pero da igual. Jesús es una persona con la que da gusto hablar, capaz de contagiar su interés por contar historias, que es de lo que trata todo esto al fin y al cabo. Para los que hemos crecido a la sombra de la fantasía, Lovecraft siempre ha estado ahí, ya sea por los juegos de rol, los videojuegos, la literatura o por haber escuchado en algún momento esa palabra que todo el mundo pronuncia de manera diferente: Cthulhu. Quizá sean menos los que sepan que detrás de tanta parafernalia de la cultura popular esté el nombre de un introvertido ciudadano de Providence, y menos todavía los que se hayan interesado por su biografía. ¿Por qué elegir a un personaje como Lovecraft como protagonista de una novela? Tenía pinta de ser una persona recluida y no es que aparentara ser un tipo muy dicharachero.

No te creas que estuvo tan recluido ni que era poco dado a las relaciones sociales. La verdad es que Lovecraft viajó bastante por Estados Unidos visitando a amigos epistolares. Y tenía unos cuantos. Se estima que escribió unas 10.000 cartas en su vida y dedicaba varias horas al día a estar en contacto con sus corresponsales. Pero bueno, en cuanto a por qué Lovecraft, es que me parece un personaje fascinante. Está lleno de contradicciones muy suculentas a la hora de escribir sobre él. A poco que escarbes en su vida descubres el carisma (que no simpatía) que debió de tener. Ya me gustaban mucho sus cuentos, pero cuando empecé a investigar sobre él me enamoré.

He ahí la clave y uno de los puntos que parecen estar mejor llevados en Los nombres muertos, la documentación y, sobre todo, los lugares. Son muchos los que aparecen en la novela, y Jesús parece haber estado en gran parte de ellos. Providence, Londres, Berlin, Portugal… ¿Son los escenarios un personaje importante de Los nombres muertos?

Totalmente. Providence tenía que salir en la novela sí o sí. La ciudad representa al propio Lovecraft, hasta el punto de que su epitafio es la frase «I am Providence». Coqueteé con la idea de llevarlo a otros lugares emblemáticos de sus cuentos o que podrían haberlos inspirado, pero digamos que el itinerario del viaje fue cayendo por su propio peso a medida que desarrollaba la trama.

La documentación ha sido muy ardua. Yo diría que de los dos años que he tardado en escribirla, uno se me ha ido entero en documentación. El servicio «Ask a Librarian» de la Biblioteca del Congreso de Washington ya me llamaba por mi nombre. Tenía fundido el préstamo interbibliotecario de varias bibliotecas en las ciudades que nombro arriba. Pero claro, si no quieres que te quede un churro, tienes que hacerlo.

También he tenido que viajar mucho; gracias a Cthulhu por las low cost. Visité Providence, Londres y Lisboa, y vivía en Berlín en la época en que empecé la novela. Nunca llegué a ir a Damasco por razones obvias, pero encontré muchísimo material online sobre la ciudad en aquella época. Hasta un vídeo hecho por un agente de la CIA, fíjate.

¿Y cómo encaja todo con la vida del escritor? Está muy bien eso de llevar a Lovecraft a Europa, pero ¿es congruente con la vida del de Providence?

Es congruente hasta cierto punto. Una cosa que siempre dejo clara es que Los nombres muertos no es una historia que podría haberle pasado a Lovecraft. Es un libro de ficción, no una biografía. Pero sí es verosímil, todo lo que he podido. De eso se trata cuando escribes ficción.

La situé en 1931 por comodidad. Todos sus biógrafos coinciden en que esa fue una mala época para Lovecraft. Weird Tales le rechazó En las montañas de la locura, y una editorial que a principios de año había mostrado interés en publicar una antología de sus cuentos también le cerró las puertas. Su producción escrita y epistolar bajó muchísimo de agosto a febrero, y es precisamente esa época en la que decidí situar la historia. Puedes llamarlo un capricho.

Los personajes secundarios son otro de los grandes atractivos del libro. Robert E. Howard, el creador de Conan, y Frank Belknap Long, escritor de uno de los relatos más famosos de los mitos, Los perros de Tíndalos, son los principales acompañantes de Lovecraft en su viaje en busca del Necronomicón. También están por ahí Arthur Machen, Tolkien y hasta la esposa del escritor, Sonia Greene. ¿Cómo de complicado ha sido encajar a todas estas personalidades que no son ficticias en la narración? ¿Te ha supuesto algún quebradero de cabeza la documentación con tanto «famosete»?

Del mismo modo que las localizaciones del viaje, han ido cayendo en la trama por su propio peso, pero han necesitado mucha documentación. Si Lovecraft es un personaje apasionante, no lo son menos Robert E. Howard o Sonia Greene, por la que siento especial debilidad. Uno les debe un respeto para no hacer una mamarrachada. Tuve clarísimo desde el principio que Frank Long sería el contrapunto perfecto para Lovecraft, digamos que una especie de doctor Watson a través de cuyos ojos el lector podría asistir a sus desmanes sin perder la conexión con la realidad. Estuvo en la historia desde el minuto cero.

Los cameos son una manera de jugar con el lector. Sirven tanto para proporcionarle elementos reconocibles como para que entienda la época como un todo. Y además es muy divertido meterte en la cabeza de gente como Machen o Tolkien, ¿no?

Bueno, ya sabemos que Los nombres muertos va a gustar a los aficionados de la literatura de género y a los que tenemos debilidad por los tentáculos, pero ¿qué pasa con el resto del público? ¿Encontrarán terror o aventuras? Jesús parece haber pensado en todo y nos cuenta que aquellos que no hayan leído nada de los mitos de Cthulhu no se sentirán perdidos con la novela.

Aventuras, sin duda aventuras. Hay gotas de terror en toda la trama, pero Los nombres muertos no tiene ni fondo ni forma de novela de terror. Mejor digamos que es una novela de suspense con tintes sobrenaturales. O un pulp. O una novela y punto. Me he estrujado la cabeza para que los lectores que no conozcan a Lovecraft puedan disfrutarla también. La trama se toma un tiempo prudencial al principio para presentar al personaje y su entorno. Aunque jamás hubiera existido un H.P. Lovecraft, la novela seguiría siendo consistente. Eso sí, el aficionado a Lovecraft y a sus mitos encontrará mil detallitos que podrá reconocer. No son indispensables para entender la historia pero, al igual que los cameos, son un plus. Para sacar nota.

Después de todo los que nos ha contado, nos es imposible no acordarnos de la obra de Félix J. Palma, sobre todo teniendo en cuenta que, visto desde fuera, Los nombres muertos parece un El mapa del tiempo pero con Lovecraft en vez de con Wells. Y no podemos evitar la pregunta de si Los nombres muertos existía antes de que hubiera leído la famosa novela de Palma y hasta qué punto ha influido esta en el resultado final.

Sería una tontería decir que no ha influido. Palma y su novela me convencieron para lanzarme. Mi primerísima idea era escribir una historia que explicase cómo Lovecraft llegó a escribir La sombra sobre Innsmouth. Para que me entiendas, algo así como un Shakespeare in Love pero más tirando a Lovecraft in horror. Luego mandé esa idea a paseo y tiré por otros derroteros, pero leer El mapa del tiempo me decidió a probar, a ver qué salía. Claro, ya me gustaría a mí tener el talento de Félix y los buenos resultados de El mapa, pero de momento la comparación me encanta.

La cosa se acaba y empezamos a recoger el chiringuito. Le damos las gracias por el buen rato que hemos pasado con Lovecraft y buena cerveza. Salimos a la calle, con los rascacielos del centro de Fráncfort a un lado y los edificios más tradicionales del barrio de la estación al otro, y nos despedimos hasta la próxima, no sin antes preguntarle si quiere añadir algo o advertir a los lectores.

Los lectores ya saben lo que se hacen, no hace falta que venga yo a advertirles nada. Prefiero agradecérselo de antemano si les apetece leer la novela y agradecerte a ti la entrevista.

Si os habéis quedado con ganas de más, podéis escuchar a Jesús Cañadas en la nueva entrega del podcast Los VerdHugos.

Frankfurt

Vistas de Fráncfort. Foto de Mario Maldonado.

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