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Conde y Cotrina: «Hemos intentado ir más allá de las fronteras del género»

Entrevista Cotrina Conde - Destacada

Las puertas del infinito se puso a la venta el pasado 18 de febrero en el sello Fantascy.

El pasado jueves 18 de febrero Fantascy puso a la venta una de las novedades fantásticas escritas en español más esperadas del año: Las puertas del infinito, escrita a cuatro manos entre José Antonio Cotrina (Vitoria, 1972) y Víctor Conde (Santa Cruz de Tenerife, 1973). La novela narra la historia de Riddly y Rebeca, dos jóvenes que viven en mundos completamente diferentes pero están destinados a encontrarse. Riddly vive en el Londres victoriano y es un aperimante, un mago capaz de abrir puertas que conectan con otras dimensiones, y Rebeca es una cazatesoros dimensional que vive en Amalgama, una tierra desolada que ha caído bajo las garras de los ikari, unas temibles criaturas que se dedican a saltar dimensiones e ir conquistando los mundos que encuentran.

Las puertas del infinito es la primera novela que escriben juntos y la primera publicación de ambos en el sello Fantascy y, aunque pueda parecer todo lo contrario, no es para nada una novela de fantasía juvenil. Hemos charlado un poco con los autores para que nos hablen de la novela y nos cuenten cuál fue su germen y cómo llevaron el proceso de escritura.

Las puertas del infinito
La primera pregunta es inevitable: ¿a cuál de los dos se le ocurrió la idea base de Las puertas del infinito y de dónde surgió?

Víctor Conde: Fue una idea conjunta que se nos ocurrió en una Feria del Libro de Madrid. Estábamos los dos firmando en la misma caseta cuando empezamos a charlar. Y como decían en la película Sospechosos habituales, es imposible meter a más de un tío de estos en una misma habitación y esperar que no pase nada. Pues pasó. Y lo que pasó es que empezamos a hablar de escribir la novela más épica y delirante de dark fantasy que pudiera ocurrírsenos. Y esto es lo que salió.

José Antonio Cotrina: Recuerdo bien aquel día. Creo que los dos sufrimos un grave ataque de fiebre creativa. ¡Fue muy divertido! Lo que no podría recordar aunque me amenazaran de muerte es quién planteó tal o cual idea. Empezamos a jugar con los «y si…», a subir la apuesta, a liar cada vez más la madeja… y antes de que nos diéramos cuenta, teníamos el esquema completo de lo que iba a ser la novela entre manos.

Es curioso que nombres lo de la fantasía oscura, Víctor, porque lo primero que puede pensar uno cuando ve el nombre de la novela, la portada, el diseño y los personajes que la protagonizan es que se trata de la enésima novela juvenil de fantasía. Pero claro, después uno empieza a leer y bueno, hay cosas realmente truculentas (como cierta escena de Riddly con una súcubo). ¿Fue vuestra intención desde el principio darle un toque tan crudo a la historia o más bien surgió debido a su tono apocalíptico?

Cotrina: La historia iba a tener su buena parte de oscuridad desde el principio, eso era algo que teníamos muy claro. Por planteamiento y porque, al menos en mi caso, me divierte jugar en ese terreno en que la fantasía y el terror se confunden. Me siento muy cómodo allí. Pero es que además ese era el tono preciso que pedía la historia. No podíamos mostrar el derrumbe de realidades que es Colapso ni la locura en que se convierte el Londres invadido sin utilizar esos recursos.

Las puertas del infinito Cotrina

Y argumentalmente tampoco se puede decir que sea una novela juvenil, ¿no? Quiero decir, Riddly empieza como un crío, pero la historia siempre se trata desde un punto de vista adulto (a través de los ojos de Logan, en este caso). Y a Rebeca no le queda otra que madurar rapidito para poder sobrevivir en Amalgama. ¿Escribisteis la novela con algún tipo de público concreto en mente? ¿Algún rango de edad?

Conde: Hombre, a mí personalmente siempre me ha gustado más la fantasía adulta que la juvenil, y este libro es claramente para adultos, pero no le hacemos ascos a ningún tipo de público. Lo que sí tenéis que tener claro es que el libro huye a propósito de todos los encorsetamientos y clichés posibles, y que vais a encontrar cosas en él que no se suelen leer en ningún otro libro.

Cotrina: Lo de los rangos de edad se está diluyendo mucho. Tenemos a muchos adultos leyendo juvenil y a muchos jóvenes leyendo adulto. Y eso es bueno. A mí lo de las fronteras y los límites siempre me ha dado un poco de miedo. Con excepciones, claro: por ejemplo, no creo que esta historia sea recomendable para un niño de doce años (a no ser que ese niño de doce años sea yo, que leía cosas muy raras ya por aquel entonces). Cuando escribía la novela tenía en mente a los lectores a los que les gusta que les sorprendan, a los aficionados del fantástico que quieren probar algo nuevo. Víctor y yo hemos intentado ir más allá de las fronteras del género; no sé si lo hemos conseguido, pero le hemos puesto empeño.

Y no penséis que os vais a librar de la pregunta estrella de toda novela escrita a cuatro manos. ¿Quién escribió qué? Personalmente, el Londres de Riddly me suena a Cotrina y el Amalgama de Rebeca, a Conde.

Cotrina: Pues has errado el tiro. Justo fue al revés. La parte de Londres es de Conde y la de Rebeca es mía. Me encantaba la idea de jugar con escenarios delirantes y con una ciudad como Amalgama. En cierto modo soy apocalíptico y decadente. Como Colapso.

¿Y cómo se planea una novela así con tantos kilómetros de distancia entre vosotros? Dejando de lado la infinidad de llamadas y correos electrónicos y la planificación (supongo que más o menos exhaustiva) que habréis hecho, ¿cuál fue vuestra rutina de trabajo?

Cotrina: Ha sido sencillo. Y muy fluido. Aquella primera sesión creativa en la Feria del Libro de Madrid nos sirvió de mucho, nos dio la base sobre la que desarrollar la historia. Como dije antes, salimos de allí con un esquema mental muy claro de por dónde iban a ir los tiros. Teníamos dos tramas paralelas y cada uno se encargaba de una de ellas. Por un lado Londres, por el otro Colapso. Cada vez que uno escribía un capítulo de su parte se lo mandaba al otro, aunque en ocasiones llegábamos a enviarnos bloques de varios capítulos, sobre todo en la parte de las «búsquedas» de cada uno de los protagonistas. Había que tener cuidado sobre todo cuando ambas líneas de acción se entrecruzaban, pero no tuvimos demasiados problemas. Estábamos siempre muy atentos a la coherencia estructural y también al estilo, intentando en la medida de lo posible que se parecieran lo bastante como para que no quedara muy claro quién había escrito cada parte.

Las puertas del infinito sale en Fantascy, sello de fantasía de un gran grupo editorial, uno en el que han triunfado otras obras de autores españoles como la antología de relatos Mañana todavía o la más reciente Neimhaim de Aranzazu Serrano. ¿Cómo se os plantea el panorama actual de la literatura de género en España para los autores españoles? ¿Creéis que hay más posibilidades y más público que hace unos años?

Conde: Hay público, lo que pasa es que el interés del mismo ha cambiado. Hace años lo que estaba de moda era la ciencia ficción, con grandes autores como Greg Egan o Dan Simmons a la cabeza. Hoy el público demanda cada vez más la fantasía y la hibridación de géneros, mezclando incluso rangos de edades, porque el público que consume fantasía es cada vez más joven. Yo creo que se publica muy buena fantasía actualmente, pero hay que recuperar a un lector más adulto.

Cotrina: Hemos ganado en visibilidad (lo cual era sencillo, para qué engañarnos, antes apenas se nos veía). Hay más autores, solo hay que echar un vistazo a las redes sociales para verlo, por lo que la oferta se ha disparado. Hay más editoriales: desde sellos de grandes grupos a editoriales diminutas que sobreviven como pueden, hasta autores que se autopublican con más o menos éxito. También hay más lectores, y aunque la oferta actual supera el techo de ventas, excepto en algunos casos, no creo que haya crecido en exceso. Y muchos de esos nuevos lectores que menciono forman parte de la generación que creció leyendo a Harry Potter y los libros de Laura Gallego y que se han quedado en el fantástico gracias a George R.R. Martin y Patrick Rothfuss, por poner un par de ejemplos. Son tiempos interesantes, eso hay que reconocerlo, aunque sigue siendo igual de duro ganarse las habichuelas en ellos.

Las puertas del infinito Conde

Y ahora comentadnos un poco sobre vuestros próximos proyectos (los que se puedan contar, claro). ¿Fantasía, ciencia ficción, algo más con Fantascy?

Conde: El año que viene publicaré con Fantascy mi obra maestra, la mejor novela que he escrito ni escribiré nunca. La novela después de la cual ya me puedo morir. Y ahí lo dejo.

Cotrina: Yo siempre tengo mil frentes abiertos, algo que empiezo a considerar un defecto y a lo que estoy intentando poner coto. Ahora mismo estoy trabajando en la corrección de una novela middle-grade que, si todo va bien, aparecerá en mayo. Es una historia fantástica, con mucho humor, escrita otra vez en colaboración con Gabriella Campbell, como El fin de los sueños. Y al mismo tiempo estoy dando los últimos toques a una nueva novela juvenil, también de carácter fantástico. Un no parar, vamos.

¿Algo que queráis comentar o añadir antes de terminar?

Conde: Sólo agradecerte la entrevista y los comentarios volcados sobre la novela.

Cotrina: Darte las gracias por la entrevista y animar a vuestros lectores a abrir las puertas del infinito y echar un vistazo al otro lado. Se van a divertir.


Y tanto que se van a divertir. Nosotros ya estamos terminando la lectura de la novela y os podemos asegurar que se trata de una de las novelas de género en castellano más entretenidas de los últimos años. No os perdáis la reseña próximamente.

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