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Sofía Rhei: «Pretendo hacerme un género a medida en plan patchwork»

Entrevista Sofía Rhei - Róndola - Destacada

Róndola es una fascinante novela de aventuras y fantasía en la que nada es lo que parece.

He aquí un reino con forma de rosquilla. Y una princesa que se muere por graduarse de una vez en la Academia Superior de Costura para Damiselas y, tal vez, quién sabe, huir de su vida real y echar un vistazo al mundo no real que la rodea, que está por todas partes y del que su criada, Mira, que es también su mejor amiga, da buena a cuenta a diario. Pero ocurre que existe, sin que ella pueda sospecharlo, una Ruleta del Destino que otorga tareas a veces ridículas (de hecho, casi siempre ridículas) a todo aquel que haga cola durante días que parecen años y meses que parecen siglos, para probar suerte. Y que una de esas tareas, la tarea más deseada por todos, chicos y chicas paladines y no paladines, es salvar a la princesa del reino del dragón. Pero ¿acaso ha visto Hereva, la princesa, al dragón? ¿Sabe siquiera que existe? Hum, ¿qué ocurriría si la Gran Tarea fuese alguna vez otorgada, y alguien tuviese que salvarla de un dragón inexistente? ¿Aparecería entonces el dragón?

En Róndola (Minotauro), la primera novela para adultos de Sofía Rhei, nada es lo que parece. Hay ranas que dicen ser príncipes encantados pero a lo mejor solo son ranas que pueden hablar y dicen eso para que nadie se las coma. Y hay pulgas que graban a picotazos mensajes publicitarios en la cara de caballeros andantes que quizá se sientan demasiado tentados por sus compañeros de aventuras. Y hay princesas que son de fuego, y pasan la noche convertidas en hogueras en las que se cocinan muslos de unicornio. Y, por supuesto, hay hilo, porque sin el hilo nada existiría o, cuanto menos, nada podría pagarse, porque el hilo es el oro del reino de Róndola, y la comida, en forma siempre de rosquilla, es lo más parecido a un hogar con lo que puedes toparte cuando eres una princesa que tiene que empezar a autogobernarse, porque está lejos de casa. ¿Y por qué está lejos de casa? Porque piensa salvarse a sí misma antes de que lo haga ningún paladín imberbe.

Róndola - Portada
Cuéntanos en primer lugar cuándo decidiste construir un mundo, y por qué ese mundo iba a tener forma de rosquilla.

La idea de que el mundo tuviera una forma concreta y llamativa parte de un homenaje a Terry Pratchett y su Mundodisco. Escogí la rosquilla para que quedara claro que era un libro de humor, blandito y glaseado, ideal para servir de desayuno o merienda. Fue muy divertido dibujar el boceto del mapa, y cuando por fin vi la versión acabada tan maravillosamente por Fernando López Ayelo, tuve la sensación de que el territorio había cobrado una especie de vida. Igual le puso levadura o algo.

Y ahora háblanos de la princesa Hereva, la protagonista, y de sus compañeras en la Academia Superior de Costura para Damiselas Impecables, que no están dispuestas a dejar que nadie las salve.

Bueno, está bien que te salven de vez en cuando, sobre todo si te salvan de un salvador. Bromas aparte, en muchos momentos de la vida estamos esperando en silencio a que llegue alguien y nos rescate, nos cambie la vida, y es en esos momentos en los que somos más vulnerables y propensos a decisiones erróneas. Los dragones los llevamos dentro, y por eso seguramente nadie puede rescatar a nadie que no sea uno mismo. Y en cuanto a las princesas, son de lo más variado, ya que proceden de especies muy diferentes, con sus propios ritmos vitales y costumbres. Está Erbin, que como faýr es una adolescente y como tal se comporta; tiene el poder de desdoblarse y utiliza esta habilidad principalmente para colarse en las cocinas y rebañar un poco las cazuelas. Akara y Orokosa, una ínfera hecha de fuego y una ogresa polimorfa respectivamente, son mucho más maduras y saben más de la vida. Crescinda, que no está exactamente viva ni muerta, tiene sus propias inquietudes relacionadas con la reproducción. Y las humanas son las más pardillas de todas: sus cuerpos son efímeros y están a punto de caducar, y encima no tienen superpoderes.

Hereva empieza el libro muy despistada, sin enterarse de nada. A lo largo de la aventura tendrá que rellenar su álbum de cromos personal con estampitas de experiencia: algunas serán bonitas de ver y otras bastante chuscas, como en la vida real.

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El hilo es la moneda de cambio, lo que más importa en el reino, y tengo entendido que hay toda una declaración de intenciones detrás, porque en Róndola la cocina y la costura importan tanto como deberían, ¿no es así?

En mi colegio aún se enseñaba costura a las chicas y tecnología a los chicos. La cocina y la ropa son dos facetas en las que todo el mundo puede ejercer su creatividad en la vida diaria. Tradicionalmente se ha educado a los hombres para que no tengan que ocuparse de estos dos aspectos. El desprestigio de la costura por ser algo «de mujeres» ha hecho que no se la considere, como técnica, al mismo nivel que otras. No me refiero al telar mecánico, sino a la ingeniería del patronaje, al aprovechamiento de recursos, a la invención de puntos específicos para diferentes funciones o creados para optimizar determinado tipo de material. Ver a las señoras de Almagro hacer encaje de bolillos es alucinante. Se trata de algo tan complejo que me parece indistinguible de la magia.

Y si el universo de la Academia de Costura es femenino, el de la Ruleta del Destino es masculino. A ella concurren una y otra vez paladines llegados de todas partes para que se les dé una Tarea que cumplir, ¿hay algo de reflexión sobre la condición del héroe en el azar de la ruleta?

Bueno, en la Ruleta de Dondürme se asignan tareas tanto a hombres como a mujeres, aunque los protagonistas que seguimos más de cerca son dos paladines, uno veterano y otro inexperto. El más joven está deseando que el azar le proporcione un destino heroico, mientras que el más experto sabe por experiencia que la promesa de la fama y la gloria fáciles suelen esconder más de una desagradable sorpresa. Jazdeq de Riteris ha sobrevivido a incontables Tareas gracias a su prudencia y su paciencia, que se han hecho famosas en el continente por una balada que las panaderas y amos de casa cantan mientras amasan róndolas, bagueles y crosquillas.

El libro es una novela de aventuras fabulosa, en la que hay referentes a un montón de otras novelas de aventuras y fantasía. ¿Nos podrías dar alguna pista de alguna de esas referencias? ¿Algún guiño que podamos pillar al vuelo, o que nos encantaría haber pillado al vuelo?

No he leído muchos libros de fantasía épica, con lo cual las referencias del libro son de lo más variado. Me gustaría haber aportado un toque algo quijotesco tanto en la dicotomía entre los dos paladines como en alguna anécdota, aunque Cervantes era mucho más cáustico porque había visto más mundo y era más valiente de lo que yo soy. De pequeña leía mucho a Julio Verne, pero con todo ese material me estoy despachando a gusto en El joven Moriarty, así que en Róndola he tratado de que el surtido de anécdotas sea lo más variado posible, como una caja de bombones de ciento once sabores: ciencia ficción, humor absurdo, crítica social, dibujos animados, etcétera. La verdad es que el libro está escrito con estructura de chapter book, y muchos capítulos contienen una aventurilla autoconclusiva para facilitar su lectura en el metro, por ejemplo.

Escaparate dedicado a la novela en la librería Gigamesh.

Escaparate dedicado a la novela en la librería Gigamesh.


¿Cómo ha sido lo de construir todo un mundo?

Ya había hecho algo parecido con Flores de sombra, llegando a esbozar las mil primeras palabras del idioma véreti de los heléboros, pero esta vez ha sido un proceso más largo y más juguetón. En ambos casos he aprendido mucho. En realidad ser escritor no es otra cosa que ir aprendiendo: no nos deberían dejar publicar nada hasta que hubiéramos escrito al menos cincuenta libros.

Hay una clara influencia de Terry Pratchett, pero imagino también de otros muchos autores de fantasía y no de fantasía. ¿Podrías decirnos algunos?

He leído muchas veces «Nuestros antepasados» de Italo Calvino, el grupo de novelas formado por El barón rampante, El caballero inexistente y El vizconde demediado. Me fascinan por su manera racional y empática de resolver los conflictos y por el tratamiento renovador del cuento tradicional. Respecto al fairytale retelling, las dos figuras más importantes en esta tendencia de recuperación seguramente sean Ellen Datlow y Terri Windling, a las que he leído sobre todo en inglés. Otra autora que me gusta mucho, esta vez no traducida en absoluto, es Esther Friesner, que mezcla el humor con las narraciones fantásticas escribiendo para adultos. Esta fusión es más frecuente en literatura infantil, con las fabulosas Diana Wynne Jones y Eva Ibbotson al frente.

En la novela nada es lo que parece. Hay ranas que dicen ser príncipes encantados y quizá solo sean ranas que pueden hablar y buscan tu compasión para que no te las comas. Y hay apuestos caballeros que en realidad son dragones, y otros que son ciervos. ¿Era tu intención desde el principio la de acabar con todos los estereotipos del género?

No pretendo acabar con ningún género, sino hacerme uno a medida en plan patchwork, que para eso sirve también la costura: para el aprovechamiento de sobras. La sorpresa y la incertidumbre son dos ingredientes clásicos de la fantasía. En este caso, el juego consiste en hacer referencia a numerosos cuentos tradicionales para que el lector se pregunte por dónde va a salir la cosa. En este sentido son muy útiles los mecanismos tradicionales del cuento de hadas, que como expone Pratchett en toda la serie de las brujas, tienen su propia y poderosa inercia. Cuando alguien se porta bien con una anciana aparentemente desvalida, lo normal es que reciba una recompensa, y por eso es gracioso subvertir esta expectativa, sobre todo cuando quizá esa recompensa en realidad resultara no serlo tanto, como en el caso de emparejamientos idealizados.


La de la bruja es una figura importante en la historia. ¿Qué te ha fascinado desde siempre de ellas, las brujas, y qué te permiten como narradora?

La bruja es la mujer sabia, la que busca un camino de conocimiento alternativo cuando se le niegan los cauces reglados de estudio. Me gustaría poder hablar en pasado, pero hay muchos lugares en el mundo en los que a las mujeres se les sigue negando la posibilidad de formarse. En casi todos mis libros aparece al menos una bruja, y me gusta que esa figura permanezca ahí como un recordatorio de ese autodidactismo silvestre y arriesgado, de la persecución de las mujeres demasiado poderosas.

Respecto a las brujas que aparecen en el libro, retratan tres aspectos del poder ejercido por las mujeres a lo largo de la historia: el sexual, el económico y el oculto. No pretendo ofrecer una reflexión profunda sobre cada uno de ellos, ni condenar ninguno. Creo que incluso las mujeres más privilegiadas han estado oprimidas por su condición femenina. El humor me permite tratar un tema que no podría abordar de manera realista porque me afecta personalmente, y me cuesta muchísimo verlo expuesto en documentales y demás.

Háblanos del humor en la novela, que está por todas partes.

Siento una tremenda gratitud hacia los autores capaces de hacerme reír, una calidez muy cercana al cariño personal. Por eso el humor me parece un género distinto de cualquier otro. Tanto al humor como a la fantasía se los acusa a veces de tonterías intrascendentes, de mecanismos de evasión despreocupada, y sin embargo ambos, especialmente el humor, han cumplido una función de denuncia o de crítica social, a menudo diciendo cosas que no habrían resistido la censura en los géneros realistas. Para mí el humor es muy importante y resume una actitud vital optimista. Como lectora y espectadora, cada vez me interesan más sus mecanismos y me tomo el mundo de las bromas muy en serio.

Siendo como es tu primera novela para adultos, ¿ha sido muy distinta la escritura? ¿En qué dirías que cambia escribir para jóvenes lectores y escribir para adultos?

Al escribir para jóvenes suelo estar pendiente de introducir contenidos culturales dentro de la aventura, y de documentarme para dotar de detalles la ambientación histórica. También intento caricaturizar los personajes con taras psicológicas, como el pequeño James Moriarty, para que nadie tenga la tentación de tomarlos como modelos. Con Róndola me he sentido muy libre para hacer lo que quisiera, como dejar sin castigo a personajes que sin duda lo merecerían, y sobre todo hablar de sexo, un tema cotidiano e importante en la vida que en la ficción está algo relegado al punto de vista masculino.

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