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Juan Cuadra Pérez: «Si escribes horror, te miran raro»

Entrevista Juan Cuadra - Destacada

Juan Cuadra se confiesa: nos cuenta de dónde salió El libro de Ivo y qué le fascina del género

Cuando escribe, consulta libros de magia moderna y sus novelas favoritas, aquellas que no han sido exiliadas a estanterías en las alturas y lugares aún más lejanos. Y no lo hace en un cuarto propio, sino a menudo en la mesa del salón, la mesa del portátil, ocupando apenas una parte de la misma, mientras de fondo se oye hablar a Bob Esponja y lo más probable es que su hija le interrumpa, sin querer, para ocupar otra parte de la mesa con sus acuarelas y demás parafernalia.

Juan Cuadra - Aberracion potata

Y crear aberraciones con los Mr. Potato.


Juan Cuadra Pérez, el autor de El libro de Ivo, la primera y fascinante entrega de La Saga de la Ciudad, escribe los martes y los jueves, a veces así, en la misma mesa del salón, mientras su hija juega alrededor. El resto de la semana da clases en un instituto. Y lee. Lee a su admirado Clive Barker, sin el que nada de esto (y con «esto» se refiere a El libro de Ivo) existiría, a China Mieville y a Neil Gaiman. Dice que lo más probable es que todo empezara con El señor de los anillos y con novelas de aventuras, puede que con las de Julio Verne y otros autores por el estilo. Pero ¿cómo empezó realmente El libro de Ivo?

Cuéntanos cuál fue la génesis de la novela. ¿De dónde partió la historia?

El libro de Ivo comienza con un relato. Un relato en el que está Ivo, los Arcontes y una primera versión de todo lo que sucede en las primeras 100 páginas del libro. Ese relato se quedó en un cajón diez años más o menos, y cuando llegó el momento vital adecuado volví a coger esas ideas (no realmente el relato) y empecé a darle forma. Yo soy un escritor muy organizado, no comienzo a teclear hasta que no tengo el esquema del libro completamente claro, así que en cuanto empecé a dividir el relato en capítulos vi que iban encajando otras cosas, ideas a las que quería dar forma desde hacía tiempo. Así, la historia de Ivo se unió a la historia del Reino, y cuando a eso se añadió la historia de Sombra, la novela estaba preparada. Y me puse a escribirla.

 
¿Tuviste claro desde el principio que sería una saga?

Una vez que la estructura del primer libro estuvo definida, ya sí tenía claro que sería una saga, pero no tan clara su división. No obstante, no es una saga al estilo tradicional, o no completamente. Lo importante de un volumen a otro no es tanto la continuación de la historia como la transformación del punto de vista central. Es decir, se pasa de El libro de Ivo a El libro de Sombra porque en la narración el peso del personaje central pivota de uno a otro. Inicialmente no había tanto cambio entre la parte tercera y la cuarta, y consideré la posibilidad de unirlas en un único libro con dos partes, pero pensando con frialdad estaba claro que era un poco forzado, así que se quedó en cuatro. El primero termina con una victoria que sabe a derrota, el segundo con una derrota que sabe a victoria, el tercero con una promesa y el cuarto con el cumplimiento de esa promesa.

¿Qué te fascina del Reino de las Pesadillas?

Lo esencial para mí del Reino es que no hay dobleces ni hipocresías. Sus habitantes aceptan lo que son y lo que les gusta, y los soñadores que lo visitan se desprenden allí de la máscara de civilización. Es un mundo con normas muy definidas, pero sin forma, como nuestros propios deseos. Allí cada uno es lo que es, los Señores y los Servidores, y nadie se avergüenza de ello. Ojalá todos pudiésemos tratar con tanta facilidad con nuestros demonios.

El libro de Ivo - Costa
¿Tú mismo has tenido alguna vez una pesadilla recurrente, como ocurre en la novela?

Mis pesadillas recurrentes de infancia no son muy visuales. Simplemente era el caos. Un punto que bota en una imagen vacía, al que se suman cada vez más puntos, con un zumbido cada vez más intenso, hasta que todo es movimiento y ruido. La expresión pura del estrés. Ni monstruos, ni lobos, ni muerte. Después, con unos cuantos años más, me interesé bastante por los sueños como herramienta de autoconocimiento, mientras estudiaba psicología médica, y trabajé con eso. A día de hoy puedo decir que llevo más de quince años sin una pesadilla. Quizás por eso ahora me dedico a escribirlas.

¿Qué lecturas hay detrás de El libro de Ivo? ¿Cuáles son los escritores que te fascinan?

El libro de Ivo, como ya han comentado alguna vez Antonio Torrubia, de Gigamesh, o Txell Torrent, mi agente, tiene que ver mucho con Clive Barker y su forma de contar historias, que es sin ocultarle nada al lector. Si sale algo hermoso, se cuenta; si sale algo brutal, se cuenta; si sale algo sexual, se cuenta. Sin haber leído a Clive Barker, El libro de Ivo no existiría.

Pero al mismo tiempo Neil Gaiman para mí es un escritor imprescindible para entender cómo se debe construir la fantasía moderna, tanto en sus novelas juveniles como en sus pocas novelas para adultos. De Sergei Lukianenko y sus libros de los Guardianes aprendí tal vez la importancia de la música, aunque eso está igualmente en Murakami, que también es capaz de describir con total sinceridad escenas de sexo. Así que podría decir que El libro de Ivo surge cuando me quedo sin cosas que leer de Clive Barker y, decepcionado por el final de American Gods de Gaiman, decido que hacen falta más novelas así. Luego, es inevitable aprender cosas por el camino si mantienes los ojos abiertos.

¿Recuerdas la primera novela fantástica que leíste?

Como tantos otros de mi generación, yo me crié leyendo fantasía épica, primero con El Señor de los Anillos, y después con casi todo lo que publicaba por esa época Timun Mas. El Señor de los Anillos me transformó, porque yo tenía 12 años y no había leído nada así. Conocía cosas de Julio Verne, de Salgari, esas aventuras realistas que había en casa de todas las abuelas. Y de repente, vi un mundo nuevo y diferente que cobraba vida ante mis ojos. Acabé de leérmelo, y empecé de nuevo porque no conocía nada más así para leer. Y luego lo hice una vez más, y otra. No soy de esos que se la releen cada año, pero fue la primera novela y siempre tendrá un lugar importante en mi estantería por eso.

El libro de Ivo - Portada

Portada de El libro de Ivo


Háblanos de la estructura de la novela, ¿cómo surgió?

Surgió de la necesidad de seguir el punto de vista del protagonista principal, de Ivo. No podía empezar la historia cronológicamente si quería que el lector pudiese ser partícipe de su evolución. Al mismo tiempo, al cambiar de espacio, de realidad si se prefiere, era necesario indicarlo. Es una estructura que desde el principio veía completamente clara, casi imprescindible para poder contar la historia como yo quería, aunque no hubiese leído algo así en ninguna parte. Era un puzle que había que montar, que había que ir encajando poco a poco. No podía contarse de otro modo. Después, este verano me he leído Embassytown de China Miéville y he descubierto que ese libro tiene una estructura temporal muy similar, con sus antes y sus ahora, y ya no me he sentido tan loco.

Algo que llama la atención de tus personajes es que están repletos de complejos e inseguridades y eso los hace profundamente reales. ¿Cómo los construyes?

No hago un esfuerzo premeditado por crear personaje inseguros. Mi esfuerzo es para crear personajes reales, y las personas de verdad somos inseguras, somos cambiantes, somos contradictorias. No puedes trabajar con adolescentes sin aceptar que eso es algo esencial de la naturaleza humana. Para mí crear un personaje requiere un esfuerzo quizás más teatral que literario. Para poder escribir lo que haría ese personaje, para poder hablar como él y meterme en su cabeza, necesito saber lo que le motiva, lo que le inspira, lo que le gusta, lo que le da miedo. La música que escucha, las cosas que han marcado su vida. Cualquiera que haya jugado a un juego de rol más o menos narrativo sabrá de lo que le estoy hablando. Solo que hay que multiplicar el esfuerzo para poder dividirte en un mosaico de personajes. No creo que haya habido ningún maestro, más allá del Vampiro de White Wolf, cuando decía aquello de que todos tenemos una Naturaleza y una Conducta, y dedicar mucho tiempo a pensar: «¿Qué haría este personaje, y por qué?».

Juan Cuadra - Foto Toliol

Objetivo: Robarle la tableta a @Toliol.


Háblanos un poco, si se puede, de la segunda parte, que no solo ya está en marcha sino que ya está escrita, por lo que cuenta Sergi en su reseña de El libro de Ivo.

La segunda parte está terminada, y la tercera está a la mitad. Y lo que puede decirse es que el segundo volumen empieza exactamente donde acaba el primero, continuando la historia o, mejor dicho, transformándose en una historia diferente, más oscura, en la que acompañamos a Sombra tratando de entender qué ha sucedido en las últimas páginas del libro anterior, e intentando adaptarse a todo ello. Su estructura es más convencional, sin tantos antes y ahora, pero porque esta vez estamos montando un puzle diferente, el de Sombra y su pasado.

Y una cosa más. ¿Siempre quisiste ser escritor de terror? No es un género demasiado cultivado en España. ¿Por qué crees que no hay más escritores de terror en nuestro país?

Desde el momento en el que saqué de la Biblioteca General de la UMA El Gran Espectáculo Secreto, de Clive Barker, y me lo leí, tuve totalmente claro que tenía que escribir horror. Horror así. Horror entendido como un ejercicio de fantasía y de magia. Horror como la certeza de que cualquier persona tiene el potencial para convertirse en el peor de los monstruos y, en última instancia, en el mayor de los héroes. De hecho, creo que hace falta más literatura de horror. Bien escrita, pero de horror.

Pero me da la impresión de que lo que sucede, en España y en general, es que se limitan las opciones que se dan al público. Del mismo modo que se censuran ciertos temas al llevarlos al cine o a la televisión, en los libros hay cosas que no queremos tratar, o que se prefiere soslayar. Y sin embargo muchísima gente de todas las edades ve películas de terror. Muchísima gente ve películas con sexo, o cine porno. Pero si eso aparece en una novela de género, se convierte en un lastre. «A mí es que esas cosas no me gustan», «¿Cómo va un chaval a leerse eso?». La literatura de género arrastra tantos años de ninguneo que solo nos atrevemos a empujarla hacia arriba cuando hay un tirón. Antes se permitía sacar libros de vampiros (de los de verdad, se entiende), luego de zombis, de distopías… Pero claro, es que el horror es muy feo. Y eso te lo dicen personas que probablemente no han leído una novela de horror en su vida. Sin embargo, en el libro que estoy leyendo ahora de Murakami hay bastante sexo explícito, y el lento proceso de desollar a un hombre contado con total detalle, y no pasa nada. Cuando la gente pueda encontrar buenos libros de horror en las estanterías, cuando empiece a leerlos, descubrirá que también le gusta el horror. Mientras, habrá que seguir insistiendo.

Juan Cuadra - Meme Escritor de Horror
¿Qué papel tiene en todo esto Las Casas de la Carne? ¿Cómo llevas a la vez la escritura, las clases, la paternidad y un blog así de potente?

Las Casas de la Carne es para mí una tarea necesaria, porque como lector me desespera ese vacío entre un libro y otro, ese no saber cómo va la cosa, cuándo saldrá la siguiente novela. No me gusta la imagen del escritor que se aísla del mundo y refunfuña cuando le preguntan por la fecha de su próxima novela; y, enlazando con lo anterior, ¿cómo vamos a demostrarle a la gente que le puede gustar la literatura de horror si no le hablamos un poco de ello?

Así que creé Las Casas de la Carne para ir vertiendo todo eso ahí y no mezclarlo con mi blog personal, que habla de ese otro Juan, del Juan que va a clase, que lleva a su niña a patinaje y cena en el sofá acurrucado junto a su pareja. El Juan que escribe es el que viene dos o tres noches por semana, y necesita Las Casas de la Carne para tener cada cosa en su sitio y compartirlo con aquellos que quieren saber un poco más de esa parte de mí. Al final combinar todo es hacer malabares con el tiempo, pero ser un escritor rápido y disciplinado ayuda. Llegan las diez de la noche del martes, y escribo. Luego vuelvo al mundo. Lo mismo la noche del jueves. Quizás algún día más, si hay tiempo. Y durante el día a día mis alumnos siguen sorprendiéndose de que haya escrito un libro, y más aún cuando les digo de qué va.

Parece que con la literatura de horror hay que establecer límites más claros que con otros géneros. Nadie piensa que un escritor de ciencia ficción se dedique a diseñar armas de energía en sus ratos libres o a preocuparse por el viaje intergaláctico, pero si escribes horror te miran raro. Así que Las Casas de la Carne también es mi defensa, es mi «miradme todo lo raro que queráis, pero aquí», para seguir siendo quien he sido todos estos años el resto del tiempo.

(Las imágenes que no son tuits las hemos tomado prestadas sin la menor vergüenza de Las Casas de la Carne y la web de Fantascy.)

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