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La Primera Ley de la Magia, por Brandon Sanderson

Magia Sanderson - Primera Ley - Destacada

Brandon Sanderson nos habla de los dos tipos de magia que se utilizan en la literatura fantástica.

Emprendemos con este artículo la traducción de las celebradas Leyes de la Magia de Brandon Sanderson, publicadas en su web y con las que el autor explica las características que, en su opinión, debe tener un sistema de magia para su empleo en la literatura fantástica. Dado el éxito con que el escritor estadounidense ha creado entornos mágicos coherentes, dinámicos y bien entrelazados con sus historias, nos parece una lectura más que interesante. Nuestro agradecimiento a Brandon Sanderson y a su editor por autorizarnos a traducir sus Leyes y publicarlas en Fantífica.

Leyes Magia Sanderson - Mini
Primera Ley · Segunda Ley · Tercera Ley

 

Introducción

Me gustan los sistemas de magia, como debería resultar evidente a quienes hayáis leído mis trabajos. Un libro con un sistema de magia sólido, interesante e innovador es algo que me llama mucho la atención. Es cierto que la fuerza narrativa de una historia está en los personajes, pero la magia es una parte primordial y distintiva del género fantástico.

Mistborn - Portada Brasileña

Portadas de la edición brasileña de «Nacidos de la bruma», por Marc Simonetti.


Llevo ya algún tiempo trabajando en varias teorías sobre los sistemas de magia. Hay muchas cosas que tener en cuenta. Como escritor, me gusta contar con un sistema de magia que sea divertido de escribir. Como lector, me gusta que sea divertido de leer. Como narrador, me gusta que sea un elemento de la ambientación que tenga peso en la historia y que además aporte misterio y sensación de descubrimiento. Un buen sistema de magia debería ser llamativo visualmente y, al mismo tiempo, ayudar a mejorar el tono de una historia. Debería facilitar la narrativa y proporcionar una fuente de conflictos.

Me gustaría profundizar en el concepto de magia a lo largo de una serie de artículos, detallando en cada uno de ellos las «leyes» que he desarrollado para explicar los elementos con los que creo que debería contar un buen sistema de magia. Como siempre, esto son impresiones personales. A pesar de llamarlas «leyes», no son más que simples pautas que a mí, personalmente, me han funcionado. Del mismo modo en que a veces es bueno incumplir las reglas de la gramática, los autores pueden hacer lo propio con mis teorías y aun así crear buenos libros. No obstante, creo que seguirlas os ayudará a desarrollar sistemas de magia más contundentes y memorables para vuestros escritos.

Elantris - Portada checa

Detalle de portada de la edición checa de Elantris.

La ley

Primera Ley de la Magia de Sanderson: La capacidad de un autor para resolver un conflicto con magia es directamente proporcional a lo bien que el lector haya comprendido dicha magia.

 
Cuando envié la solicitud para participar en el programa de mi primera Worldcon —después de haber vendido Elantris a la editorial pero antes de que saliera el libro—, vi que había una conferencia titulada: «¿Cómo funciona la magia?». Les comenté que me encantaría participar en ella y, para mi deleite, el comité me incluyó.

Aquella fue mi primera charla en la convención. Aterricé un poco adormilado después de un vuelo largo desde Utah hasta Boston, pero aun así logré llegar a la cabecera de la sala con mis notas y mis ideas preparadas, fresco y listo para el combate. Me senté al final de la mesa, por lo que fui el primero en hablar cuando el moderador arrancó con la pregunta: «Muy bien, empecemos con una fácil. ¿Cómo debería funcionar la magia?».

Respondí con algo que yo daba por sentado. Al fin y al cabo, lo había leído en el manual de escritura de Orson Scott Card —recomiendo muchísimo el capítulo dedicado a la magia— y lo había tenido como norma básica desde hacía ya algún tiempo. Para mí, era la primera ley de los sistemas de magia.

«Bueno —dije—, la magia ha de tener reglas, obviamente.»

Los demás conferenciantes se opusieron frontalmente: «Si hay muchas reglas y limitaciones para la magia —argumentaban—, ¡se pierde el sentido de la maravilla! ¡La fantasía tiene que tener esa maravilla! ¡No puedes limitar ni restringir la imaginación haciendo que la magia tenga reglas!».

Me quedé perplejo. De repente me di cuenta de que casi todo lo que había leído al respecto estaba escrito por un sector de la población partidario de un tipo específico de magia. Sin embargo, parecía existir otra escuela de pensamiento sobre el asunto, distinta por completo. Intenté defenderme durante el resto de la charla y me fui de allí con la impresión de que los demás debían de tener unos sistemas de magia muy endebles en sus libros.

Más adelante, seguí dando vueltas al tema. ¿Acaso es imposible crear una buena historia que funcione de manera diferente a como hago yo las cosas? ¿No se puede tener un sistema mágico sometido a pocas reglas y leyes? No es que Tolkien explicara demasiado su magia, precisamente.

Tolkien pipa
Por otra parte, si no incluimos reglas y leyes para la magia en nuestras historias, ¿los libros no corren el peligro de caer en el Deus Ex Machina (final forzado)? La crítica más insistente que ha recibido el género fantástico desde sus comienzos es por la falta de coherencia. John Campbell, uno de los editores más importantes e influyentes de la historia de la ciencia ficción, comentó una vez:

La mayor diferencia entre la fantasía y la ciencia ficción es, simplemente, que la ciencia ficción se vale de una o muy pocas premisas y desarrolla sus consecuencias de manera lógica, coherente y rigurosa. La fantasía va creando reglas sobre la marcha. La cualidad básica de la fantasía es: «¡No hay más reglas que inventar una regla cada vez que haga falta!». La norma primordial de la ciencia ficción es: «Formula una proposición básica y luego desarrolla sus consecuencias lógicas de forma consistente».

No estoy nada de acuerdo con esto, pero debo decir en defensa del señor Campbell que la fantasía ha cambiado mucho desde los años sesenta, cuando publicó lo anterior en la revista Analog. La fantasía no tiene por qué consistir solo en historias cuyos autores se inventan cualquier cosa que necesiten, sin más. Pero por otra parte, creo que es una crítica que los escritores de fantasía debemos tener en cuenta y de la que debemos preocuparnos. Si nos permitimos crear nuevas reglas cada vez que nuestros personajes corran peligro, acabaremos produciendo una ficción no solo sosa y poco satisfactoria, sino mala, simple y llanamente.

Magia blanda

Gandalf - Águilas

Gandalf volando en águila. Ilustración de Tobycarr.


Así fue como empecé a desarrollar mi primera ley, buscando la forma de incluir en las historias unos sistemas de magia que no siguieran reglas muy estrictas, pero sin que ello perjudicara a la trama. Dejadme recordaros la ley: «La capacidad de un autor para resolver un conflicto con magia es directamente proporcional a lo bien que el lector haya comprendido dicha magia».

En el enunciado también caben quienes quieren preservar el sentido de la maravilla en sus libros. Yo lo veo como un continuo, como una escala que mide la forma en que un escritor utiliza la magia. A un lado de esa escala tenemos los libros cuya magia sirve para establecer un sentido de la maravilla y una sensación de fantasía en el escenario. Los libros que utilizan este tipo de magia tienden a sugerir que la humanidad es una pequeñísima parte en los designios místicos e imperecederos del universo. Lo cual crea una sensación de tensión en el lector, ya que nunca sabe con qué peligros o maravillas se encontrarán los personajes. De hecho, los mismos personajes nunca saben a ciencia cierta lo que podría ocurrirles y lo que no.

Gandalf - Balrog
Esto es lo que yo llamo un sistema de «magia blanda», sistema que cuenta con una larga y arraigada tradición en la fantasía. En mi opinión, el mismísimo Tolkien se halla en este lado del espectro. En sus libros rara vez entendemos los poderes que poseen los Magos y otros de su ralea. En lugar de ello, nos identificamos con los hobbits, que tienen la sensación de haber topado sin querer con algo mucho más grande y peligroso que ellos mismos. Al no mostrar las leyes ni las reglas de su magia, Tolkien nos hace sentir que su mundo es vasto y está habitado por poderes inimaginables que desconocemos.

No obstante, cuando se escribe desde este lado de la escala hay que tener en cuenta una cosa. Los mejores escritores de sistemas de magia blanda la utilizan muy, muy pocas veces para resolver los conflictos de sus libros. La magia crea los problemas, y luego la gente resuelve esos problemas por sus propios medios, sin emplear demasiada magia. Canción de Hielo y Fuego, de George R. R. Martin, se vale de este paradigma con bastante efectividad.

Caminante Blanco

Caminante blanco de «Canción de Hielo y Fuego».


Hay una razón para que Gandalf no transportara volando a Frodo mágicamente hasta el Monte del Destino para que este arrojara dentro el Anillo sin más. La razón es que entonces el sistema de magia no funcionaría a nivel narrativo. Dado que no sabemos lo que puede lograrse haciendo magia, si el autor la emplea para resolver muchos problemas, la tensión de la novela se resiente. La magia perjudicaría la trama, en lugar de mejorarla.

Por lo tanto, si queréis utilizar sistemas de magia blanda, os sugiero que no permitáis que la magia resuelva los problemas en lugar de vuestros personajes. Si los personajes intentan utilizarla, no debería funcionar como ellos esperan, ya que el lector tampoco sabe qué esperar de ella. Emplead la magia para crear ambientación y efectos visuales, pero no para la trama. A no ser que queráis complicarles la vida a los personajes; eso siempre es bueno.

Magia dura

Tabla de Alomancia
Al otro lado de la escala tenemos la magia dura. Aquí es donde los autores describen explícitamente las reglas de la magia. Se hace para que el lector pueda divertirse sintiéndose parte de esa magia, y para que el escritor pueda lucir ingenio retorciendo y dando vueltas a su funcionamiento. La propia magia es un personaje, y describir sus normas y leyes permite al autor ofrecer giros argumentales, trasfondo y caracterización.

Cuando el lector comprende cómo funciona la magia, podéis usarla —o mejor dicho, los personajes pueden usarla— para resolver problemas. En este caso no estamos ante una magia que lo mejora todo místicamente: los problemas se resuelven mediante la astucia y la experiencia de los personajes. La magia se convierte en una herramienta más y, como cualquier otra herramienta, si se usa con cautela puede ir en favor de los personajes y la trama.

En este lado del espectro situaría a Isaac Asimov. No es muy propio de mí poner como ejemplo a un hombre que, según los ensayos que he leído de él, en general veía con malos ojos la fantasía. Asimov aseguraba que el género fantástico consistía en gente estúpida —hombres con espadas— que mataba a gente inteligente, los magos.

Isaac Asimov - Retrato

Isaac Asimov (Ilustración de Rowena Morrill).


Aun así, creo que las historias de robots de Isaac son el ejemplo perfecto de un sistema de magia dura. En estas obras, Asimov enuncia tres únicas leyes, que jamás expande ni incumple en modo alguno. A partir de las interacciones entre esas tres leyes, nos dejó docenas de historias e ideas excelentes.

Debo resaltar que al llamar a esto «magia dura» no me refiero a que deba cumplir ninguna ley científica, ni siquiera a que se deba explicar por qué la gente puede practicar la magia. Lo que quiero decir es que el lector tiene que comprender lo que esta magia es capaz de hacer. Tomemos como ejemplo a los superhéroes; podríamos estar tentados de pensar que la magia de los superhéroes se corresponde con un sistema de «magia blanda». A fin de cuentas, los poderes suelen ser absurdos y tener orígenes que desafían toda lógica o ciencia. Por ejemplo: «¡Me picó una araña radioactiva y obtuve los poderes de una araña!».

Aun con ello, los sistemas de superhéroes son a grandes rasgos sistemas de magia dura. Recordad que estamos enfocando el tema como escritores, no como científicos. A nivel narrativo, la magia de los superhéroes tiende a ser bastante explícita y específica, aunque en ocasiones dependa de la historia. Lo normal es que sepamos cuáles son los poderes de Spiderman y para qué sirven. Spiderman tiene: (1) el don de intuir el peligro; (2) fuerza y resistencia sobrenaturales; (3) lanzamiento de telarañas desde las manos; y (4) la posibilidad de engancharse a las paredes. Aunque en los cómics a veces ha conseguido otros poderes extraños (con lo que el sistema se ablanda), en las películas suele ceñirse a estas capacidades.

FFm_02
Por lo tanto, no nos sorprendemos cuando Spiderman lanza una telaraña a la cara de un malo. Ya sabemos que puede hacerlo y, para nosotros, tiene sentido que lo haga. Narrativamente, estamos ante un sistema de magia dura, no blanda.

El terreno intermedio

La mayoría de los escritores se ubican en torno al punto medio entre estos dos extremos. Un buen ejemplo de lo que considero el punto medio serían los libros de Harry Potter de Rowling. Cada uno de los libros esboza varias normas, leyes e ideas para la magia de su mundo. Y en ese libro concreto, pocas veces se incumplen las leyes, que además suelen tener importancia para el desarrollo del clímax narrativo. No obstante, si consideramos la ambientación como un todo, en realidad el lector no llega a comprender nunca de qué es capaz la magia. Rowling añade nuevas reglas a medida que añade nuevos libros, ampliando el sistema y en ocasiones contradiciéndose u olvidando oportunamente unos poderes que los personajes tenían en novelas anteriores. Estos descuidos no son importantes para la historia, y cada libro es coherente de manera individual.

En mi opinión, lo cierto es que Rowling consigue un equilibrio bastante bueno. En lo concreto, su sistema de magia es duro. Viéndolo como un todo, es magia blanda. Esto le permite utilizar la magia para resolver conflictos y al mismo tiempo mantener un firme sentido de la maravilla en sus novelas.

Harry Potter
Considero que mis sistemas de magia son duros al 80%, o quizá incluso un poco más. Mi premisa es desarrollar un sistema de magia complicado, pero que pueda explicarse de manera sencilla y al mismo tiempo tenga mucho trasfondo y reglas «entre bastidores». De ese andamiaje se revela muy poco en los libros, sobre todo al principio. Algunos personajes tienen una idea bastante acertada de cómo funciona la magia, pero pocas veces la comprenden en su totalidad. Esto se debe en parte a que trato mis magias como si fuesen ciencias, y no creo que lleguemos a comprender nunca todas las leyes de la ciencia. Y en parte, también lo hago para poder incluir revelaciones y descubrimientos en las novelas. Me gusta más el misterio que el misticismo.

Un buen ejemplo sería mi saga Nacidos de la bruma. En ella bosquejo muchas reglas para la magia, y luego dejo caer unas cuantas excepciones o inconsistencias que no se explican al principio, sino en los libros posteriores. En la serie, la interacción entre las distintas leyes de la magia es vital para comprender los fundamentos de la trama.

Cómo utilizar todo esto

Si sois escritores que estáis trabajando en vuestros propios sistemas de magia, os sugiero que decidáis qué sensación queréis que transmitan. ¿Os gusta la tecnohechicería que podéis encontrar en mis libros, en los de L. E. Modesitt o los de Melanie Rawn? ¿Os gustan los híbridos de escritores más parecidos a David Eddings o J. K. Rowling? ¿Preferís que vuestra magia sea más ambigua y misteriosa, como en la obra de Tolkien o George R. R. Martin? A mí me gusta leer a todos estos autores, pero cuando escribo prefiero tener reglas, costes y leyes que aplicar a mi magia. En mi opinión, la hace más divertida.

George R. R. Martin
¿Qué es lo que más os interesa cuando escribís? ¿Qué atmósfera o tono creéis que casa mejor con el libro que tenéis entre manos? Yo he trabajado sobre todo con magia dura, pero mi serie infantil tiene un sistema algo más blando, en torno al 50-50. Fue una decisión consciente, tanto por la naturaleza alocada de esos libros como porque quería realzar la sensación de que el protagonista ha caído sin querer en un mundo extraño que no comprende.

Resistid el impulso de utilizar la magia para resolver los problemas, a no ser que ya hayáis mostrado y explicado ese aspecto de su funcionamiento. No deis poderes nuevos a los héroes a medida que los necesiten, y tened mucho cuidado con incluir una ley en vuestro sistema solo para poder utilizarla en una situación concreta. Esto puede hacer que vuestra magia parezca oportunista y endeble, aunque ya hayáis descrito antes sus capacidades.

Harry Potter - Mujer globo
Si utilizáis un sistema de magia dura, cuando vuestros personajes se enfrenten a un problema, preguntaos: «¿Cómo podrían utilizar los recursos y conocimientos de los que ya disponen para resolverlo?». Luego, haced que usen lo que está a su alcance en lugar de entregarles algo más. Así volveréis la historia más interesante y divertida para el lector, ya que forzaréis a los personajes a dar más de sí.

Si utilizáis un sistema de magia blanda, preguntaos: «¿Cómo se podría resolver esto sin magia?». O mejor: «¿En qué podría empeorar todo si se confía en la magia para intentar resolver este problema?». Un ejemplo de esto último: la Comunidad se pone en manos de Gandalf para que los salve del Balrog. ¿Resultado? Gandalf desaparece durante el resto de ese libro.

Pero sobre todo, experimentad y averiguad cuál es la forma que más os divierte. Y luego, hacedla vuestra.

Leyes Magia Sanderson - Mini
Primera Ley · Segunda Ley · Tercera Ley

 
© 2007 Brandon Sanderson
© 2014 David Tejera Expósito por la traducción
Original en inglés

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15 Responses to “La Primera Ley de la Magia, por Brandon Sanderson”

  1. Jacobo dice:

    Muy interesante el artículo!
    Me estoy leyendo ahora mismo el Manual de Card, y lo complementa muy bien. Personalmente no me gusta nada el sistema de magia de Harry Potter. Me parece que Rowling no le dedicó más de diez minutos a pensarlo, la verdad. Mi favorito es el (Duro, según esta clasificación) Sistema de “Cronicas de un asesino de Reyes”.

    • Taiseki dice:

      Es cierto que la simpatía, alquimia etc. tiene sus normas y leyes inquebrantables y se conocen sus límites aunque en la obra se consideren ciencias por el ejemplo de Asimov serían magia dura. Pese a esto la trilogía nos ofrece la nominación y a los Fata que a mi parecer por ahora representan a la magia blanda porque el lector sabe tanto de estos como de los Otros un lector de CDHYF, o los Amyr. Por ahora la obra de Rothfuss para mí es un híbrido

      • Manu Viciano Manu Viciano dice:

        Pero que no sepamos las reglas de la nominación no significa que no las tenga. Puede enseñarse, aunque sea al estilo de Elodin, y sabemos que tiene limitaciones y peligros. Vale que no es tan dura (usando la nomenclatura de Sanderson) como la simpatía, pero tampoco la llamaría blanda sin saber más…

        Y en los libros de Rothfuss aún hay otros dos tipos de magia (uno de ellos creo que se nombra de pasada en El temor de un hombre sabio, y ambos seguro en el relato de Bast), así que yo diría que los tiros van más al estilo de Sanderson, en plan 80% dura, 20% Elodin :P

        Ya puestos a frikear con esto, para mí que Kvothe ha combinado varios tipos de magia para hacerle algo a su propio nombre…

        • Bast dice:

          Ahhh pues yo si creo que la nominación sea magia blanda……solo hay que ver las clases y enseñanzas que da elodin jajaja, por lo que veo la nominación no sigue reglas es solo pura vocación y entender por completo la existencia de algo para llegar a dominar su nombre, tal vez esto último sea en sí una regla. Yo pusiera a la nominación un 97% blanda y el resto dura.

  2. Bast dice:

    Anjá, muy interesante artículo y en cuanto a la magía del mundo de Rottfhus es como dice Taiseki todo un híbrido y a pesar de que la magia dura de esa saga “la simpatía ” está bastante original y bien explicada hay situaciones en el libro donde se vuelve un poco difícil entender un acto determinado de simpatía como lo fue en el momento en que Kvothe luchaba contra los bandidos de Ceniza y logra partir el árbol con un rayo…..me pasé horas tratando de entender la expliación lógica siguiendo los principios de la simpatía, al final “me parece que lo entendí”.

  3. HugoC dice:

    Muy interesante. Creo que puede dar muy buenas ideas para la creación de sistemas de magia. Gracias por la traducción!

  4. Teresa Romo dice:

    Muchas gracias por el artículo.

  5. […] sistemas de magia completamente diferentes. Para ello ha establecido sus propias reglas mágicas (podéis leerlas aquí) en las que este elemento nunca será el centro de la historia, nunca actuará como Deus ex machina […]

  6. […] Fantífica hizo una gran traducción de sus artículos sobre las tres leyes aquí. […]

  7. […] y como ve su participación en la historia que se narra, las tradujeron nuestros compañeros de Fantifica y resultan vitales para comprender al […]