Este sitio utiliza cookies. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. Para más información vea la política de cookies.

Cerrar

La saga de los Reckoners, superhéroes y corrupción

bs

Brandon Sanderson aborda para el público juvenil una rama del fantástico poco explorada en literatura.

La trilogía de los Reckoners, como se la conoce internacionalmente (la traducción que se ha escogido para el término en español es «Exploradores»), es una muestra de ese Sanderson que sale de su zona de confort con toda tranquilidad, silbando y con las manos en los bolsillos, sin acusar para nada el cambio. Se adentra en un terreno poco tratado en literatura, el de los superhéroes, y además lo hace para el siempre complicado público juvenil. Por supuesto, sin dejar a un lado una de sus señas de identidad: la saga no pone el foco en los privilegiados, aquellos que reciben poderes y se encuentran con el mundo a sus pies, sino en los que quedan a un lado, los marginados y oprimidos. Personajes con los que un lector adolescente puede identificarse de inmediato, aunque quizás un tanto cortos para el público más adulto. La clave para disfrutar sin rodeos, no obstante, se encuentra en adentrarse en la historia como lo haríamos en un cómic. Con la interesante novedad de que lo hacemos desde la óptica de esos personajes que normalmente no pasan de ser atrezzo en el mundo de las viñetas.

Los tres libros, publicados en nuestro país por Ediciones B entre enero de 2016 y febrero de 2017, llevan títulos que nos recuerdan a esos superhéroes con gusto por lo hiperbólico: Steelheart, Firefight y Calamity. En el mundo que plantean, una evolución del nuestro, la aparición en el cielo de la estrella roja Calamity propicia que una gran parte de la población adquiera poderes especiales: desde mayor velocidad, fuerza o reflejos, hasta ser capaces de manipular las leyes físicas a voluntad. A partir de ese momento se les conoce como Épicos. Pero con el poder también llega la corrupción. Lejos de convertirse en los salvadores del mundo, en esos héroes que todos esperaríamos, los Épicos se dedican a propagar el caos y se vuelcan en sus ansias de poder. Pronto comienzan los enfrentamientos entre ellos y los más poderosos se hacen con el control de algunas de las grandes ciudades de Estados Unidos (las novelas se desarrollan en este país, aunque se nos da a entender que la influencia de Calamity ha tenido lugar en todo el mundo). Esto deriva en regímenes autoritarios de diversa índole, en los que, de un modo u otro, los seres humanos normales terminan sometidos, convertidos en súbditos o diezmados.

Steelheart - Portada española

En la ciudad de Chicago Nova conocemos al protagonista de la historia, David Charleston. El Épico Steelheart es quien domina esta «actualización» de Chicago. Su poder es convertirlo todo en acero, de manera que así es el lugar en el que David ha crecido: una urbe metalizada, y por si fuera poco sumida en las sombras debido al influjo de otro Épico. El muchacho de dieciocho años, como buen héroe de cómic, lleva consigo el trauma de haber visto cómo Steelheart acababa con la vida de su padre frente a él, aunque ese mismo día también le fue revelado un secreto de forma fortuita: su padre disparó a Steelheart y éste sangró durante un instante, algo que se supone que no puede hacer. Cada Épico tiene una debilidad que se cuida bien de ocultar. Consumido por el deseo de venganza, David decide consagrar su vida a estudiarlos y a tratar de descubrir cómo hacer sangrar de nuevo al amo de Chicago Nova. Pero no espera hacerlo solo: su sueño es unirse a los Reckoners, la tenaz resistencia de la Humanidad, un grupo con células ocultas en diferentes ciudades de Estados Unidos y especializados en matar Épicos cueste lo que cueste.

David es un muchacho anodino en un mundo en el que la gente como él, sin poderes, resulta todavía más anodina que de costumbre. La saga de los Reckoners entronca con la literatura distópica juvenil al mostrar una sociedad en la que la evolución de los seres humanos no ha traído paz y progreso, sino opresión e incertidumbre. El instinto de supervivencia anula cualquier deseo de lucha o sublevación; la mayor parte de los ciudadanos de Chicago Nova y del resto de ciudades se limita a adaptarse a las circunstancias, intentando escalar posiciones o recuperar privilegios perdidos, pero siempre a la sombra de los Épicos y su poder incontestable. David, no obstante, es el elemento discordante, el ruido en esta cadencia. Sin ser un chico especialmente brillante (su personalidad obstinada y severa contrasta a veces con una inocencia exagerada), sabe sacar partido de su intelecto y sus habilidades, adquiridas a través de la experiencia y el esfuerzo. Esta intención de mostrar a un protagonista que, hasta cierto punto, podría ser cualquiera, se traslada a otros personajes recurrentes en la trama, si bien desde otro prisma: el resto de los Reckoners son perfectamente reconocibles como secundarios de cualquier película de acción o aventuras. A veces demasiado reconocibles, y es que esta es una de las pegas que podemos poner a la saga: la dificultad de conectar o interesarse por ciertos personajes del grupo, demasiado genéricos, incluso incordiantes a veces. Mientras que este aspecto no molesta en David, quizás por el hecho de ser el narrador en primera persona (empatizamos con él al tener su voz y pensamientos siempre presentes), desluce bastante en los demás.

Acción sin descanso

Steelheart - Blanco y negro
El mundo de los Reckoners, esos Estados Unidos reelaborados por la imaginación de Sanderson, va adquiriendo tintes más cercanos al fantástico conforme avanza la trama. Las peculiaridades de las primeras ciudades que encontramos casi no pasan de la anécdota, una excusa para mostrar el poder inmenso de los Épicos a través del entorno o para dotar a la historia de condicionantes ambientales necesarios; sin embargo, en las dos últimas novelas, especialmente la tercera, parece que Sanderson se libera de las ataduras, o confía ya en la solidez del contexto, y no le tiembla el pulso en bautizar a la nueva Atlanta de una forma tan poética como Ildithia, por ejemplo. O en coquetear con los universos paralelos, también un elemento recurrente en las grandes historias de superhéoes. Resulta complicado etiquetar a la serie de los Reckoners en un único género, y no tiene demasiado sentido intentarlo. Lo que sí queda claro es que cualquier lector asiduo de cómics encontrará vínculos, cliffhangers, homenajes y lugares comunes perfectamente trasladados desde las viñetas, adaptados con habilidad a la dinámica que exige la literatura.

Algunos recursos narrativos resultan fallidos, o demasiado simplones para lo que puede dar de sí Sanderson: las bromas con las comparaciones de David o la representación idealizada de su objetivo romántico, Megan (por suerte, el personaje pronto pasa a tener un peso y dimensión mucho más interesantes). Sin embargo, está claro que son elementos que pueden conectar fácilmente con un público joven, aún no demasiado exigente con la construcción de personajes o más receptivo a los chistes fáciles y los clichés. Por el contrario, encontramos algunos momentos brillantes a la hora de desarrollar la personalidad de ciertos Épicos o de hablarnos de su vida antes de la llegada de Calamity; quizás aquí nos sintamos más identificados los lectores adultos, ante algunas sombras y matices que sentimos cercanos desde una perspectiva madura.

El propio David experimenta ese tránsito hacia la edad adulta en el momento en que se tambalean sus creencias y deja a un lado el maniqueísmo. El principal cambio en su personalidad se produce en la única dirección posible: pasa de glorificar la violencia como única salida a considerar otras opciones y puntos de vista, especialmente cuando el mundo le muestra que quizás esa barrera entre humanos y Épicos no sea tan infranqueable como piensa desde su niñez. Hay trazos, cómo no, del Sanderson religioso en el martirio, la superación de los miedos a través de la fe o de la entrega, los personajes que siguen esperando a que lleguen esos «Épicos bondadosos» que dispersen las tinieblas. Al fin y al cabo, el mundo de los Reckoners es el de un advenimiento, en el que los primeros en llegar no han sido los enviados divinos sino los ángeles caídos.

Calamity - Portada

Sanderson elabora una historia dinámica y directa que apenas nos deja respiro; no hay un capítulo sin una escena de acción trepidante, una persecución, una pelea o una revelación sorprendente. Y explosiones, por supuesto. Una saga muy disfrutable que sabe tomarse en serio a sí misma cuando debe, y que debe tenerse muy en cuenta como otra muestra más de talento de Sanderson para dominar cualquier registro.

Inicia sesión y deja un comentario