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Robert E. Howard: ¿por dónde empezar a leer al texano?

Robert E. Howard - Guía de lectura - Destacada

Una breve guía para adentrarse en la literatura del creador de Conan.

A finales del mes pasado se cumplieron 111 años del nacimiento de Robert Ervin Howard, escritor de referencia dentro de la literatura fantástica y una de las joyas de Weird Tales, la mítica revista pulp fundada en 1923 y por cuyas páginas pasaron leyendas como Lovecraft, Clark Ashton Smith, Fritz Leiber, Theodore Sturgeon o Henry Kuttner, entre muchos otros. Es fácil conocer el nombre de un autor y nunca haber leído nada suyo, en cuyo caso se pierde una parte importante de la magia. Pero para eso estamos aquí, para dar ganas a todos aquellos que no han probado todavía a Howard y deseen hacerlo a partir de cualquiera de sus muchos relatos e historias publicadas.

Pero antes de adentrarnos en materia —aviso ya de que no nos andaremos por las ramas—, vamos con un poco de preámbulo sobre quién era el autor estadounidense. Seguro que ya lo conocéis, pero conviene recordar que la fantasía de hoy en día se la debemos en parte a sus trabajos de espada y brujería. Tan importante es Howard como J. R. R. Tolkien. Lo que está claro es que sin sus aportaciones la fantasía no sería la misma, ni mucho menos. Hasta dio pie a una serie de pastiches, también protagonizados por bárbaros que son, en esencia, clones de Conan.

Robert E. Howard, Truett Vinson y Tevis Clyde Smith

Robert E. Howard, Truett Vinson y Tevis Clyde Smith.


Robert E. Howard nació en 1906 en Texas, y tras recorrer varias ciudades del estado con su familia, terminó viviendo en una localidad llamada Cross Plains, en pleno centro del estado. Howard era enfermizo y, debido a su naturaleza huraña, no tuvo demasiadas amistades más allá del círculo de H. P. Lovecraft, con quienes se carteaba habitualmente. Esa personalidad definió la vida de «Bob Dos Pistolas» —así lo apodó cariñosamente Lovecraft— hasta su suicidio en 1936, motivado por la tuberculosis de su madre.

Howard fue altamente popular, o más bien ha sido mucho más popular con el paso de los años: pese a gozar de prestigio en el círculo de Lovecraft, los ingresos que percibía por sus textos no sobrepasaban el estándar de la época. ¿No os resulta familiar? Para que nos hagamos una idea, y como es natural, «Bob Dos Pistolas» se vio muy influenciado por los textos de Lovecraft y Clark Ashton Smith, hecho que se demuestra en muchos de sus relatos, como por ejemplo La torre del elefante, donde aparece una criatura de otra dimensión, o El fuego de Asshurbanipal, una mezcla entre Indiana Jones y los Mitos de Cthulhu.

Vincent D'Onofrio como Robert E. Howard
Si queréis saber más, Vincent D’Onofrio interpretó al escritor en una película de 1996 titulada El que caminaba solo (en inglés, The Whole Wide World). E incluso hay una novela titulada El rebelde, que retrata los cuatro años más decisivos en la vida de Howard, publicada en La Biblioteca del Laberinto.

La opción más inmediata: Conan el bárbaro

Una representación de Conan el Bárbaro, por Frank Frazetta.

Una representación de Conan el Bárbaro, por Frank Frazetta.


Conan el Bárbaro es sin ninguna duda el personaje más popular de la bibliografía de Robert E. Howard, y el que más veces se ha representado en otros medios que no son el literario, desde series de cómics, pasando por películas —las de Schwarzenegger serán interesantes películas de fantasía, pero no son todo lo exactas que debieran salvo en momentos concretos—, series de animación, videojuegos y hasta juegos de mesa y rol. Puede parecer un topicazo, pero de verdad que, si estáis interesados en la literatura fantástica, los relatos protagonizados por Conan son la opción más razonable para empezar a leer al autor.

Ahora bien, ha habido tanta parafernalia representativa del cimmerio a lo largo de los años que la imagen que se ha quedado grabada en el imaginario popular es algo errónea respecto a los relatos originales. Es cierto, Conan es un personaje de fuertes músculos y habla parca, y en sus aventuras casi siempre hay un monstruo o criatura a la que vencer —o un escenario peligroso para el protagonista que hay que dejar atrás—, por no hablar de que normalmente aparece una joven en apuros, puede que ligera de ropa. Y tampoco es descabellado que quien aún no ha leído nada de Conan crea que eso ya lo tiene muy visto, pero nada más lejos de la realidad. Conan es inteligente y astuto, para nada un bárbaro sin cerebro como en ocasiones se nos ha presentado. El gusto por las mujeres del personaje no se diferencia en absoluto del de cualquier personaje de hoy en día, pero las historias no se centran en eso: van mucho más allá.

Conan - Tomás Giorello

Conan, por Tomás Giorello.


Como apasionado de la historia que era —y el gusto por ella se respira en cada pieza—, Howard imprimió a sus escritos sobre Conan (y a los relatos de otros personajes como Kull o Bran Mak Morn) una serie de temas que van desde la decadencia de la civilización y de las razas hasta elementos más simples como la aventura, el «mazmorreo» y la supervivencia del protagonista, quien tiene que abrirse camino en un mundo tan duro como la Era Hiboria. Conan fue creado en 1932 y su primer relato, El fénix en la espada, se publicó en el número de la Weird Tales de diciembre.

Hay que tener en cuenta que los relatos de Conan no fueron escritos cronológicamente —por si hay algún maníaco de la ordenación en la sala—, independientemente de que con el paso de los años otros autores, como L. Sprague de Camp, le hayan otorgado una línea temporal y reordenado los escritos. La idea de Howard era escribir sobre la vida del cimmerio como si dichos cuentos estuvieran contados a la luz de una lumbre en una posada, o relatados por un narrador de historias sin orden ni concierto, aunque se aprecia una evolución en el personaje, ya sea en su vida más joven —donde conoce a su primer amor, la reina pirata Bêlit— o en sus últimos años como rey. El fénix en la espada, por ejemplo, empieza con Conan ya convertido en rey de Aquilonia.

Conan - Mark Schultz

Conan, por Mark Schultz.


Existe una fuente considerable de material gráfico sobre el bárbaro, y son muchos los ilustradores que han dejado su impronta en el imaginario del personaje, desde dibujantes de cómic como Tomás Giorello hasta ilustradores como Frank Frazetta o Mark Schultz. Podríamos pasarnos horas y horas hablando de las aventuras de Conan, pero sería únicamente palabrería. Lo importante es leerlo.

«¿Y qué libro cojo?», os preguntaréis algunos. Buena pregunta, por Crom. La opción más deseable sería lanzarse a leer los relatos en inglés, ya que Gollancz publicó una edición llamada The Complete Chronicles of Conan que recoge todos los textos en una versión lo más fiel posible al original. Pero si no se puede acceder a ella por el motivo que sea, también existen versiones en español de los relatos de Howard. Desgraciadamente, las ediciones españolas no están muy actualizadas, y me refiero a las ediciones recopilatorias, ya que por ejemplo La torre del elefante lo publicó Sportula de forma independiente. Pero si se busca bien, todavía se puede encontrar la edición en rústica que publicó Timunmas hace más de una década, dividida en seis volúmenes e ilustrada por Mark Schultz. La pega es que los textos de Timunmas se corresponden con las ediciones que sacó Forum en los ochenta, que tenían algunas censuras en su traducción. Están actualmente descatalogadas, pero si se busca bien todavía pueden encontrarse por ahí, al igual que los muchos volúmenes recopilatorios de la edición en color azul de Martínez Roca. Otra muy buena opción, esta sin censurar, es La reina de la Costa Negra y otros relatos de Conan, edición de Cátedra en su colección Letras Populares de una selección de relatos de Conan.

Los otros guerreros

Kull el Conquistador, según un boceto de Justin Sweet.

Kull el Conquistador, según un boceto de Justin Sweet.


Un escritor tan prolífico y tan letrado como Robert E. Howard no podía centrarse únicamente en Conan. Aparte de Conan, Howard también escribió sobre las vidas de otros guerreros, igual de arrojados y valientes que el cimmerio, cuyas hazañas también fueron recogidas en sus respectivas crónicas. Si bien la popularidad de Conan es la que más se ha llevado la palma desde su primera aparición en 1932, los otros personajes del tejano son igualmente reseñables y merecen la atención de quien se adentra en la prosa de Howard por primera vez.

Hablamos de personajes como Kull de Atlantis, el picto Bran Mak Morn o el puritano Solomon Kane. Cualquiera de sus historias es buena para empezar, ya que siguen siendo una buena muestra de los temas que inquietaban a Howard. De hecho, Kull es parecido a Conan en muchos aspectos —en cómic lo han dibujado como un clon del cimmerio—, y de hecho fue creado antes de Conan, publicado por primera vez en la Weird Tales de agosto de 1929. La primera versión de El fénix en la espada fue un relato de Kull que más tarde se transformó en uno de Conan. Kull y Conan hasta comparten universo, pero con una diferencia de años abismal: Kull vivió miles de años antes de las andanzas de Conan, en el reino de Valusia de la isla de Atlantis, que más tarde se hundiría por un cataclismo.

Kull de Atlantis
Esos personajes también han tenido representaciones en cómics y películas, por lo menos Kull y Solomon Kane, aunque como ocurre con Conan, la fidelidad respecto a los textos originales es dudosa. Existe una película que protagonizó Kevin Sorbo en 1997, conocida como Kull, el conquistador. Aunque como película de sobremesa se deja ver hasta cierto punto, el resultado es deficiente. Bran Mak Morn no ha tenido película, pero sí Solomon Kane, en una cinta protagonizada por James Purefoy en 2009, titulada sencillamente Solomon Kane, que resulta aburrida por momentos y no es ni mucho menos una adaptación de los relatos de Howard, sino un invento que hace de precuela de los relatos.

De los tres, Kull es quien más historias ha protagonizado del puño y letra de Howard, aunque solo dos de ellas —El reino de las sombras y Los espejos de Tuzun Thune— se publicaron en vida del autor. Las otras nueve —por ejemplo, El rey y el roble o ¡Con esta hacha gobierno!— y un poema se publicaron póstumamente. Martínez Roca sacó una antología, Rey Kull, casi a mediados de los noventa (ya descatalogada), así que la edición más actual es El reino de las sombras y otros relatos de un exiliado de Atlántida de La Biblioteca del Laberinto.

Bran Mak Morn, por Gary Gianni.

Bran Mak Morn, por Gary Gianni.


Respecto al rey picto Bran Mak Morn, existen seis relatos completos publicados del personaje (aparte de un par de fragmentos), algunos de ellos recogidos en antologías como Los gusanos de la tierra y otros relatos de horror sobrenatural o El valle del gusano y otros relatos de horror sobrenatural (Valdemar) y la citada El reino de las sombras y otros relatos de un exiliado de Atlántida («Los reyes de la noche» fue el primer relato del personaje en aparecer en Weird Tales). La antigua colección Fantasy de Martínez Roca también publicó un par de antologías, como El valle del gusano.

En cuanto a Solomon Kane, se trata de un personaje que nada tiene que ver con Conan, Kull o Bran Mak Morn. Es un puritano del siglo XVII cuyas aventuras transcurren en nuestro mundo. A base de estoque, daga y mosquete, Kane se dedica a vagar por el mundo resolviendo entuertos. Tales son su obstinación y su sed de venganza contra las afrentas causadas a los débiles, que es capaz de viajar hasta África solo para acabar con el causante del mal. Los nueve relatos del personaje se pueden encontrar en la antología Las extrañas aventuras de Solomon Kane, recientemente reeditada por Valdemar en la colección El Club Diógenes, y en ellos se aprecia una interesante mezcla de novela de aventuras y ciertas dosis de terror donde el personaje se enfrenta a horrores sobrenaturales.

Solomon Kane, por Gary Gianni.

Solomon Kane, por Gary Gianni.


Ya para terminar este apartado, no quiero despedirlo sin mencionar al guerrero irlandés Cormac FitzGeoffrey, hijo bastardo de un famoso caballero normando (cuyas aventuras en la época de las Cruzadas se recogen en Los halcones de Ultramar y otras narraciones de las Cruzadas, de la editorial Barsoom), de quien se dice que el más parecido a Conan, a Red Sonja, personaje que a raíz de un único relato ambientado en el siglo XVI de nuestro mundo ha dado pie a una mitología propia situada en la Era Hiboria —el relato está recogido en la edición de Valdemar de Solomon Kane—, y a Turlogh O’Brien, llamado «el Negro», un irlandés basado en un personaje histórico que participó en la legendaria batalla de Clontarf (los relatos están recogidos en Los dioses de Bal-Sagoth. La saga de Turlogh el Negro, de Costas de Carcosa).

Otros textos de Howard

El fuego de Asshurbanipal - Greg Staples

«El fuego de Asshurbanipal», por Greg Staples.


Reyes, bárbaros, piratas, pictos, puritanos… el gusto por la aventura de Robert E. Howard era inagotable, pero todas estas historias no fueron en absoluto lo único que escribió Howard. El talento del escritor aún estaba en potencia, pero su carrera acabó súbitamente con su suicidio. Incluso así, le dio tiempo más que de sobra para generar una bibliografía encomiable pese a su corta edad. Conan, Kull, Solomon Kane, Cormac, Bran Mak Morn y Cormac FitzGeoffrey son solo algunos de los personajes más populares del autor, pero hubo otros. Si eres de los que buscan solo leer la fantasía de Howard —o relatos de aventuras con base histórica— posiblemente quieras saltarte esta parte, aunque podrías estar perdiéndote algo bueno.

Howard tuvo algún escarceo con la ciencia ficción. Fue una parte mínima en su producción, pero si quieres leerla, puedes agenciarte Almuric y otros relatos de ciencia ficción (La Biblioteca del Laberinto). También publicó relatos deportivos (El pozo de las serpientes y otras historietas del ring, por La Biblioteca del Laberinto) y una serie de diez cuentos protagonizados por un detective privado llamado Steve Harrison —sus historias han sido recopiladas por Barsoom en El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison y El señor de la muerte y otros casos de Steve Harrison—, además de los que protagoniza un marinero llamado Steve Costigan.

Kirby O´Donnell - Robert E. Howard
En territorio más aventurero, donde Howard se sentía como pez en el agua, Kirby O´Donnell era una suerte de Lawrence de Arabia en oriente que protagonizó tres relatos (recogidos por Barsoom en Las espadas de Shahrazar), mientras que Francis Xavier Gordon, apodado El Borak, vive sus aventuras en Afganistán, y en vida se de Howard se publicaron cinco relatos suyos, más otros tantos póstumos (podéis leerlos en El señor de Samarcanda y otros relatos históricos, de La Biblioteca del Laberinto). Incluso el Viejo Oeste fue retratado por el autor, y lo podéis leer en Santuario de buitres y otras historias del Viejo Oeste (de, ¿adivináis?, La Biblioteca del Laberinto). Ya en terror, Howard tiene muy buenas piezas, como Las palomas del infierno, Canaan negroLa piedra negra. Todos ellos están recogidos en los volúmenes La piedra negra y otros relatos de horror sobrenaturalCanaan negro y otros relatos de horror sobrenatural, ambos de Valdemar.

Empecéis por donde empecéis a leer a Robert E. Howard, lo que debéis tener claro es que no os dejará indiferentes.

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One Response to “Robert E. Howard: ¿por dónde empezar a leer al texano?”

  1. […] la que han pasado autores de la talla de Robert E. Howard —aprovechamos para recomendaros nuestra guía de lectura del autor—, Howard Phillips Lovecraft, Seabury Quinn, Clark Ashton Smith, Robert Bloch y Edmond Hamilton, […]