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Amatka, ¿una distopía soviética?

Amatka - Reseña - Destacada

Ediciones Nevsky publica la primera novela de Karin Tidbeck.

Cuando Nevsky publicó Jagannath, la antología de cuentos desasosegantes de la escritora sueca Karin Tidbeck (de la que os habló Laura), pasé meses teniéndolo en la pila de posibles lecturas. Entonces trajeron a la autora para la Hispacon de Montcada i Reixach, la oí hablar y salí corriendo a comprarlo. Jagannath sigue siendo uno de los mejores libros que he leído en los últimos años.

Hace unos meses, Nevsky anunció la publicación de Amatka, su primera novela, y me entraron las dudas. Por un lado, ya había leído sus cuentos y sabía lo buena que era; por otro, ¿y si era una buena cuentista, pero una mala novelista? Tampoco es que sea un caso tan infrecuente. Pero Tidbeck vino a la Eurocon de Barcelona. Si os la perdisteis, podéis verla aquí debajo en una mesa redonda sobre New Weird, y entenderéis por qué salí, de nuevo, corriendo a por el libro.

 
Debo reconocer, eso sí, que Jagannath me parece más redondo. Amatka «solo» es muy bueno. Aunque en algunas páginas llega a ser tan grande como en aquellos cuentos, a la novela le faltan páginas en las que la investigación avance con algo más de detalle. Pero, la verdad, bienvenida sea una novela a la que le faltan páginas en vez de sobrarle.

Amatka es el nombre de la cuarta colonia humana en un mundo completamente ajeno al nuestro, un mundo en el que las palabras definen la realidad y le dan consistencia, hasta el punto de que todo tiene que estar marcado: «papel», «puerta», «pared»… Y esas marcas, además, se tienen que ir repasando con frecuencia y reforzándose oralmente. El significante es lo que crea el significado, y la realidad material es, pues, una realidad lingüística. Cambiar el lenguaje supone cambiar también la realidad, y el juego infantil de repetir una palabra una y otra vez hasta que sea otra (monja, jamón) se convierte así en una actividad subversiva, en un peligro para la existencia misma del universo o, al menos, de la colonia.

Amatka - Portada original
Por eso el Comité que gobierna las colonias lo controla todo. Todas las decisiones son tomadas por el Comité, y el frío omnipresente, junto a la tundra que rodea la colonia, hacen que la sensación sea la de los koljoi soviéticos de los años treinta. Esa sensación está conscientemente buscada por la autora, que vuelve su prosa tan sobria y escueta como la de la ciencia ficción soviética. Pero si rascamos bajo la superficie, ese discurso se tambalea. La apariencia puede ser de colonias estalinistas, pero el motivo por el que todos los ciudadanos parecen felices de renunciar a su libertad individual es la seguridad. Después de lo que pasó en la Colonia 5, ¿cómo no renunciar a todo por la seguridad? Pero… ¿qué pasó en la Colonia 5? Y aún más importante: ¿por qué pasó?

Bajo esa apariencia de discurso antisoviético, una red de tuberías nos habla del mundo post-11-S, de nuestra Europa actual en la que Francia va camino de los dos años en estado de excepción, un estado ya muy poco excepcional. De una sociedad que está dispuesta a renunciar a cualquier cosa a cambio de la supervivencia, sin darse cuenta de que, si renuncia a todo, seguir vivo no significa que haya sobrevivido. Y por supuesto, de la propia Suecia, que practicó la eugenesia hasta los años 70, y que resuena en la socialización de los niños en la novela y la consiguiente deshumanización de la familia.

Karin Tidbeck
Es cierto que Amatka no es una novela perfecta. Pero sí que es la prueba de que Tidbeck es una gran escritora tanto de relato como de novela. Y es también una joya narrativa por su uso del lenguaje: en un mundo en el que las palabras dan forma al mundo, los personajes no pueden usar palabras ambiguas, la polisemia es casi un acto de terrorismo y cada cosa que se dice debe ser medida. La parquedad expresiva de Vanja no es solo un reflejo del carácter nórdico, sino del peligro que supone el mero hecho de hablar. Las consecuencias, claro, lo abarcan todo. ¿Cómo saber lo que siente todo el mundo si no te lo comunican? ¿Cómo decir algo como «te quiero»? ¿Qué significa?

Esa es también la sensación que tiene el lector, que va descubriendo muy poco a poco cómo es ese mundo, que aparece como una supuesta utopía al principio —el estado del tren en el que Vanja llega a Amatka nos indica que no es exactamente así—, pero que conforme avancen las páginas se irá volviendo cada vez más distópico. Claro que ¿quién decide al final la diferencia entre utopía y distopía? Ya se sabe que la utopía de alguien es la distopía de otro. Ahí está el final de Amatka para demostrarlo.

Sinopsis

Amatka

Bienvenido a Amatka... Una de las cuatro colonias del «nuevo mundo», donde los pioneros han sobrevivido durante generaciones aplicando unas rígidas convenciones. Entre ellas, el uso correcto y normalizado del lenguaje por parte del poderoso comité: pronunciar erróneamente una palabra, o nombrar algo inexistente, todo ello tiene consecuencias perturbadoras que pueden poner en jaque la supervivencia de la colonia.

Vanja, sin embargo, está dispuesta a arriesgarse para buscar respuestas a ciertas preguntas: ¿se encuentra esta obsesión con el lenguaje relacionada con la misteriosa desaparición de cien habitantes de la colonia? ¿O con la destrucción de la Colonia Cinco? ¿Qué esconden los poemas de la poeta rebelde Berols Anna? Y una pregunta mucho más siniestra, y para la que nadie tiene respuesta: ¿dónde se encuentra Amatka en realidad?

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One Response to “Amatka, ¿una distopía soviética?”

  1. blackonion dice:

    En la Eurocon de este año me pasó lo mismo.. Fue salir de la charla de Literatura Weird e irme corriendo a comprar Amatka. :)