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Aquí la tierra es mala: zombis y hongos

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La Línea Z de Dolmen sigue dando de vez en cuando alguna agradable sorpresa, porque los zombis no son de buen morir.

A estas alturas, puede parecer difícil hacer algo con zombis que no sea la enésima repetición de lo ya visto mil veces. A poco que uno se adentra en el género, es fácil comprobar que, aunque hay muchas obras que son, en efecto, una mera repetición de tópicos no demasiado bien reelaborados, siguen saliendo cosas de lo más interesantes. Ahí están películas como Train to Busan o Melanie, cómics como el manga I am a hero, o esta novela, Aquí la tierra es mala.

Aquí la tierra es mala

Portada de Alejandro Colucci

Sin destripar el argumento, hay un puñado de elementos en la historia que no son habituales -y aún lo eran menos en 2014, cuando se terminó de escribir- y aunque en conjunto no se trata de una revolución en el género ni mucho menos, sí que deja la agradable sensación de algo no leído ya antes de empezarlo. Y eso, tras una década de zombis hasta en la sopa, se agradece.
Probablemente, el principal acierto de la novela sea la estructura, ya que permite ir presentando de forma dosificada a los personajes que, de otra manera, habrían aparecido o desaparecido a destiempo. Algunos sólo están en la primera parte de la historia, y otros sólo lo hacen en la segunda mitad, pero la estructura permite que estén presentes a lo largo de toda la novela. Además, al empezar en mitad de todo, consigue alternar la acción y la violencia que se van a desencadenar con la investigación de lo sucedido, de cómo se ha llegado a esa situación. Sin embargo, no es algo perfecto, y el capítulo del periodista está tarde, cuando el lector ya ha deducido por su cuenta todo lo que se le cuenta ahí. Hay que reconocer, eso sí, que tanto él como Nuria son dos personajes muy interesantes y que uno se queda con ganas de saber más de lo que les va a pasar.

La prosa es fluida, y la voz poética tiende a desaparecer. Consigue eso tan difícil que es que el lector se olvide de que está leyendo, y sólo muy de vez en cuando hay alguna frase que rechina o alguna palabra que no encaja. Sin embargo, la sensación general es de frialdad. No hay pasión, parece un ejercicio literario de un taller más que un proyecto personal. Un ejercicio excelente, sí, pero algo frío y cerebral en lo que el autor no se ha llegado a implicar emocionalmente, no más de lo que lo haría un burócrata eficiente. Resulta curioso que el libro me haya llegado justo a la vez que veía Vengadores: Infinity War, en la que los hermanos Russo me han provocado la misma sensación, la de un proyecto impecablemente realizado, pero en el que no se han implicado a nivel emocional. Aunque, por supuesto, es posible que para algunos lectores eso sea precisamente un punto a favor de la novela.

Juan González Mesa

Juan González Mesa

En cuanto a los personajes, están muy bien construidos y tienen voz propia, al menos en lo tocante a los principales. Hay pocas pegas: el pasado de Saul como antidisturbios, con los problemas con un comisario corrupto, no aporta realmente nada, pero aparece una y otra vez, en ocasiones de manera algo forzada; Norma tiene algunas oscilaciones: a ratos sabe realmente mucho de insectos y vida microbiótica, a ratos es sólo lo que cualquiera podría encontrar en internet (como ella misma dice en varias ocasiones). Tiene una fuerte personalidad y es decidida, pero racional, pero de repente sale corriendo hacia el bosque en mitad de la noche; y hay una tensión sexual entre Norma y Paula que no encaja con sus conversaciones sobre chicos ni con la relación de Norma y Pablo. Pero se trata de problemas menores ya que, como digo, la construcción de personajes es uno de los puntos fuertes de Aquí la tierra es mala. Los secundarios, además, llegan a ser brillantes, como Julián o Víctor.
Finalmente, destacar el uso del vocabulario, con frecuentes referencias a la tierra, al viento, y a los olores, que dan consistencia a la narración y ayudan a crear la sensación de omnipresencia del hongo y de paranoia.  Si cuando lo terminéis de leer queréis dedicar unos minutos a pensar en ello, creo que os daréis cuenta del cuidado con el que González Mesa ha ido contruyendo y encajando los engranajes de Aquí la tierra es mala.

Sinopsis

Aquí la tierra es mala

Varias personas presentan síntomas alarmantes de una enfermedad contagiosa, lo que obliga a las autoridades sanitarias a tomar medidas improvisadas para poder entender lo que sucede sin poner en riesgo al resto de la población y sin que cunda el pánico de modo innecesario. Para ello, se aísla a los enfermos en un edificio alejado de la ciudad, dotado de laboratorios y que puede vaciarse con cierta facilidad dado que es verano: la facultad de Ciencias del Mar. A medida que la situación se hace incontrolable, los protagonistas entenderán el funcionamiento de la infección y el comportamiento de los enfermos, cómo influye sobre ellos el viento, la humedad o el hambre y qué relación guarda con una de tantas luchas por la supervivencia que se dan en la naturaleza.

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