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El bestiario de Axlin: Laura Gallego mantiene el oficio

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El primer volumen de Los guardianes de la Ciudadela nos introduce a un mundo plagado de monstruos.

Hay veces en que un libro, por bien escrito que esté, no es para ti. Y eso es lo que me ha pasado con El bestiario de Axlin: está bien escrito, no tengo casi ninguna pega que ponerle, pero no soy su público objetivo.

Que Laura Gallego escribe con oficio es algo que, a estas alturas, no hace falta decir. Quizás no sea literariamente muy ambiciosa, pero conoce las herramientas a su disposición y las utiliza, lo que ya es más de lo que se puede decir de muchos autores en este país. En este primer volumen de Los guardianes de la Ciudadela lo ha vuelto a demostrar y así como quien no quiere la cosa en apenas un puñado de páginas crea un mundo totalmente fascinante en el que los monstruos acechan por doquier, la humanidad sobrevive a duras penas en pequeñas aldeas, y la ignorancia es uno más de los peligros a los que la protagonista, Axlin, deberá enfrentarse.

Bestiario Axlin detalle

Axlin es precisamente el personaje que vertebra la narración y su punto de vista es fundamental para ayudar al lector a entender ese mundo. No es solo que cualquiera pueda morir en cualquier momento, es que ella misma estuvo a punto de hacerlo de pequeña, y ha quedado permanentemente coja como consecuencia de aquel ataque. Pero es, además, una chica que está entrando en la adolescencia y eso, en un mundo en el que la humanidad está al borde de la desaparición y conseguir aguantar otra generación es un auténtico reto, también marca su forma de entenderlo.

Tal vez sea por eso por lo que la aparición de Xein a mitad de libro y su peso en la narración desde ese momento me hayan supuesto un problema. A partir de su aparición, la trama toma un cariz romántico que me exasperaba. No es que no hubiera elementos románticos antes -ya están presentes en los primeros capítulos-, sino que dejan de ser interludios en la permanente sensación de peligro y de muerte acechante para volverse algo central. Pero eso, que a mí como lector me ha sacado de la lectura en más de una ocasión, estoy seguro de que para otros lectores será justamente lo contrario: algo que les haga devorar página tras página.

Laura Gallego

Laura Gallego

También es posible que el arco en torno a Xein me haya molestado porque el personaje es presentado de manera perezosa, a base de tópicos: silencioso, poderoso, humilde, vive aislado… su desarrollo va más allá, y en tres o cuatro capítulos le empezamos a conocer de verdad, pero esa impresión inicial me quedó grabada. Como si Laura Gallego, teniendo toda la caja de herramientas a su disposición, se conformara con un martillo. El resultado funciona, pero no es un trabajo fino, o no tan fino como podría haber sido.

Sin embargo, estos problemas que me ha suscitado su lectura son problemas que he tenido yo. La novela es exactamente lo que pretende ser, y yo no soy su público objetivo. Tampoco se trata de elementos novedosos en la escritura de Gallego, sino que son, al contrario, pilares sobre los que se cimentó el éxito de Memorias de Idhun, por poner un ejemplo fácil. El bestiario de Axlin es la introducción a este mundo de la Ciudadela, y consigue plenamente lo que un primer libro de una trilogía debe hacer: dejar al lector con ganas de saber más de esa historia. Nos quedan muchas preguntas en el tintero, y las pocas respuestas que hemos conseguido son parciales o incluso intuimos que puede que no sean la verdad.

Solo me queda destacar un par de elementos que me han llamado la atención para bien. El primero, el nombre de los diferentes monstruos: chupones, escupidores, dedos largos… nombres plausibles que dan verosimilitud a la realidad que reflejan, porque suenan a gente que vive con ellos, no a biólogo que llegó un día, hizo unos dibujos, puso nombre y se marchó. Suenan a chupacabras, a hombre del saco, a hombre-lobo.

Secreto de Xein

Portada de la segunda parte, El secreto de Xein.

El segundo elemento es más sutil, pero más importante. A lo largo de El bestiario de Axlin asistimos a la evolución de Axlin como personaje desde su aún infancia en la aldea, hasta… bueno, hasta donde llega el libro. Pero no es simplemente una evolución de héroe tradicional, sino que hay una lectura política mucho más interesante. Axlin empieza en una pequeña aldea con una economía de intercambio, en la que todo es colaborativo. Poco a poco va llegando a pueblos más grandes, con la mítica Ciudadela al final del camino. Es decir, que va pasando a una ciudad, en el sentido político-económico: sus habitantes se especializan, hay estamentos, las decisiones políticas no son ya consensuadas. Aparecen conceptos como el de “es por tu bien”. Aparece el dinero. Incluso los buhoneros son diferentes. Laura Gallego no se posiciona claramente a favor de ninguna de las dos opciones. Ambas presentan virtudes y defectos muy grandes, y la propia Axlin no tiene claro qué es mejor.

La pregunta que queda, claro, es si tú eres su público objetivo. Si Laura Gallego escribe para ti. Si ya has leído algo suyo, ya tienes la respuesta. Si no, El bestiario de Axlin es una muy buena opción para descubrirlo. Es Laura Gallego en estado puro.

Sinopsis

El bestiario de Axlin

El mundo de Axlin está plagado de monstruos. Algunos atacan a los viajeros en los caminos, otros asedian las aldeas hasta que logran arrasarlas por completo y otros entran en las casas por las noches para llevarse a los niños mientras duermen. Axlin es la escriba de su aldea, la única que sabe leer y escribir. Y se ha propuesto investigar todo lo que pueda sobre los monstruos y plasmar sus descubrimientos en un libro que pueda servir de guía y protección a otras personas. Por eso decide partir con los buhoneros para reunir la sabiduría ancestral de las aldeas en su precaria lucha contra los monstruos. No obstante, a lo largo de su viaje descubrirá cosas que jamás habría imaginado cuando partió.

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