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El detective que tenía mariposas en el estómago

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Albert Espinosa y Federico Moccia en clave bizarra.

Alfredo Álamo es el tapado de su generación. No tiene un personaje para que los polemistas se peleen, como Emilio Bueso, y no se nota tanto lo mucho que cuida sus obras como sí le pasa a Guillem López o a Ismael Martínez Biurrun, por poner ejemplos fáciles, pero su literatura está escrita con el mimo de un orfebre juguetón que coloca cada pieza de cada engranaje con precisión milimétrica. Aunque Álamo no hace joyas, sino juguetes, y puede que por eso a menudo los lectores no consigan ver lo mucho que hay más allá del humor que impregna casi toda su obra.

Alfredo Álamo

Alfredo Álamo

El detective que tenía mariposas en el estómago no es una novela: son tres. Es la novela del detective/escribidor del título; es la novela que ha escrito; y es la novela de su editora, Laura. Lo absurdo y lo estúpido de La historia más triste del mundo, su novela, parece en un primer momento contrastar con el realismo sucio de su vida como detective y con el costumbrismo de Laura, pero del mismo modo que las tres historias se unen y forman una sola novela, los elementos de una contaminan a las demás. Lo naif, cursi y hasta repelente aparece por sorpresa en una escena de sexo digna de Cronenberg; el costumbrismo de la vida de Paula parece sacado de la mente de Tarantino o de Dario Argento; lo cuqui se revela enfermizo; y todo es bizarro, incluso grotesco, porque la realidad tiende a serlo siempre. Es solo que no nos damos cuenta o, mejor, que no queremos darnos cuenta.
De hecho, en sentido estricto El detective que tenía mariposas en el estómago no es ciencia ficción ni fantasía ni terror. Pero es un realismo líquido, una historia que sucede en una Valencia que en cualquier momento puede convertirse en el escenario de lo nuevo de Mieville, o donde los muertos pueden resucitar, o algún primigenio puede dormir en las aguas que inundan su línea de metro no operativa.
El ejercicio prosístico de Álamo en este volumen es digno de taller literario. Que en la parte de La historia más triste del mundo haga una parodia de este tipo de libros es esperable, aunque la sutileza con la que Álamo recrea y mezcla a Espinosa y a Moccia es increíble. Los lectores habituales de esos escribidores es probable que ni siquiera perciban lo paródico. Aquellos que los hayan sufrido de manera ocasional serán los que disfruten y comprendan en su totalidad el ejercicio de Álamo. Lo hace con tanta delicadeza, que llega un momento en el que necesita escupirles a la cara, y para eso nos incluye el magnífico Vete a la mierda. El libro para la gente que no es feliz, ni falta que le hace.
tristes vidas
Pero esa es la parte fácil. La evidente. La que uno espera con solo ver que las mariposas de la portada tienen calaveras en la espalda. La historia de Laura también es un juego cruel con un referente. Podría haber sido una novela de Juan José Millás -de cuando Millás escribía bien, se entiende-, un drama pequeñoburgués con más ínfulas que contenido real. La típica tragedia de alguien venido a menos escrita por alguien que, en realidad, hace ya tanto que lo pasó mal que no recuerda cómo era, si es que acaso alguna vez vivió las vacas flacas. Pero llevamos tanto tiempo oyendo decir que eso es escribir bien, que eso es la buena literatura -recordad: en España no hay más que realismo-, que solo cuando Álamo la agarra y le arroja un cubo de sangre, un camión cisterna de sangre, cuando saca la porra extensible y lo llena todo de vísceras y fluidos corporales, solo entonces nos damos cuenta de que otra literatura es posible.
El detective que tenía mariposas en el estómago es un pedazo de novela de la que todos deberían estar hablando. Pero dudo que eso pase. La leeremos pocos, algunos ni siquiera serán capaces de ver el chiste, o de ver que no es solo un chiste. Espinosa y Moccia seguirán vendiendo decenas de miles de ejemplares de su basura y el fandom seguirá a su rollo, atendiendo a quien se mueve más y mejor en redes sociales, o a quien pone fotos más cuquis, y quejándose de vez en cuando de que en los Ignotus no se ha hecho caso a tal o cual obra que debería haber estado nominada.
Al menos, no podréis decir que nadie os dijo que esto estaba ahí para leerlo.

Sinopsis

El detective que tenía mariposas en el estómago

Un escritor autopublicado mavive como detective privado cuando una enana idéntica a Amy Winehouse le contrata para encontrar a un amigo que quiere amputarse las piernas. Al mismo tiempo, la viuda de su antiguo editor le busca para recuperar el adelanto, o conseguir una nueva novela, o partirle la crisma. O todo a la vez. Y todo mientras él se cree un perro.

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