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El gran imaginador y la deliciosa condena de la ficción

El gran imaginador - Destacada

Muñoz Rengel firma un excelente juego literario que rinde homenaje a la ciencia ficción y el terror.

Juan Jacinto Muñoz Rengel tiene un talento especial para convertir todo aquello que toca en una experiencia lectora y, por qué no, profundamente existencial, que casi siempre tiene aspecto de juego sin serlo. Ya ocurrió en la siempre recomendable El asesino hipocondríaco, en la que el juego era una primera persona traviesa que lanzaba al lector contra un lado y otro del ring y no evitaba provocarle risas, porque Rengel es un narrador inteligente, un narrador nato, y el sentido del humor está siempre ahí, porque todo aquello que amamos siempre tiene algo de divertido.

En El gran imaginador, el juego toma la forma de una novela de aventuras transgénero, que homenajea a todo lo homenajeable, desde Drácula y Frankenstein hasta la adorable La guerra de los mundos, de H. G. Wells y el mítico gólem de Praga. Una novela que, sobre todo, es un homenaje a la mente del creador, a la imaginación, y que trata de explicarle al mundo, de una forma mayestática, admirablemente total, en qué consiste la condena de la ficción o la maldición del narrador.

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Aquí el autor (izquierda).


Porque más allá de lo que en ella ocurre, la novela se vive, se lee, como una aproximación a aquello con lo que el narrador convive. Es decir, la posibilidad de alterar la realidad para ajustarla a una ficción que la vuelva no solo soportable sino, sobre todo, deseable. Ha dicho el propio Muñoz Rengel que esta es la novela de su vida. Lleva trabajando en ella catorce años. De hecho, tanto El sueño del  otro como El asesino hipocondríaco y todo lo demás, los relatos de De mecánica y alquimia, todo, se ha ido construyendo a la sombra de esta novela, cuyo gran referente fue desde el principio Cervantes y su Quijote. No en vano el propio Nikolaos, el narrador dotado con el superpoder de la ficción que todo lo transforma, tiene un fiel escudero, que no es Sancho Panza pero como él cabalga un rocín (si es que un rocín puede cabalgarse), que le acompaña en sus aventuras cuando sus aventuras lo alejan de su Atenas natal.

Pero centrémonos: Nikolaos Popoulos, el protagonista de esta historia, parece un niño cualquiera cuando todo arranca, pero no lo es. Bueno, digamos que cuando todo arranca Nikolaos ya no es un niño y está viéndoselas con el mismísimo Cervantes, que está a punto de perder un brazo en la batalla de Lepanto. De hecho, están en mitad de la batalla cuando se encuentran, y el encuentro tiene un poco el aspecto de un viejo point ‘n’ click, porque la sensación es la de que puede pasar de todo en cualquier momento y de que hay una manera segura de salir de allí pero no alcanzamos a ver cuál es. Para que os podáis hacer una idea de qué va la cosa, nos saltaremos ese flash forward —cargado, por otro lado, de intenciones— y nos ceñiremos a esbozar lo que pasa cuando Nikolaos descubre su superpoder, el de la imaginación portentosa, la imaginación infinita, siendo aún solo un niño.

El asesino hipocondríaco - Portada
Y lo que ocurre es que, para empezar, su madre no le soporta porque es demasiado perfecto (a diferencia de sus hermanos). Su madre es tan cruel que cada noche le susurra que nunca va a llegar a nada en la vida. Quién sabe si por eso, a los sesenta años Nikolaos, pese a su prodigiosa imaginación, sigue siendo un escritor inédito. En el colegio, tampoco la cosa le va nada bien. Los profesores lo aborrecen porque no deja de tratar de convencerlos de que lo que cuentan no ocurrió exactamente como lo cuentan, y el nivel de detalles es tal que estos llegan a dudar de hechos probados, de relatos escritos. Pero es que Nikolaos había empezado creando relatos con el ábaco y los números y no fue hasta descubrir los libros cuando encontró la gasolina que pondría definitivamente en marcha el verdadero motor de su imaginación.

Lo que sigue es un viaje, que se inicia en un monasterio, o, mejor, en su Atenas natal, en algún momento del siglo XVI y que va a convertir al escritor inédito, al niño Popoulos, en una suerte de caballero andante destinado a cruzarse con el creador del más famoso caballero andante de todos los tiempos. El resultado es un juego de espejos que cambia las novelas de caballerías por las de ciencia ficción y terror, por las novelas de aventuras, en definitiva, por todo aquello de lo que se ha nutrido la imaginación del gran imaginador que es Muñoz Rengel. Muñoz Rengel se ha retado a sí mismo a construir una novela de clásico aliento ruso —atenta al más mínimo detalle, a la suculenta reconstrucción de época y ambiente, a la fantástica creación de escenas memorables— para rendir tributo a la idea misma del cuento, de la ficción, lo único que hace del mundo un lugar interesante. Bravo por él.

Sinopsis

El gran imaginador

Atenas, siglo XVI. Nikolaos Popoulos ha nacido dotado con una capacidad de ensoñación más allá de los límites de la naturaleza. Su verdadera vocación es ser escritor. Pero, como perseguido por una maldición, ve una y otra vez truncados sus planes, mientras es arrastrado a un épico viaje a los orígenes de la fábula y la ficción. Conocerá a legendarios corsarios y a los asombrosos piratas uscoques; se tropezará con la Condesa Sangrienta y con el gólem de Praga, inspiradores de los mitos de Drácula y del monstruo de Frankenstein, y trabará una íntima amistad con Miguel de Cervantes, antes de que se convierta en el genio más famoso de las letras universales. Pero ¿logrará al fin escribir una obra digna de su imaginación ilimitada?

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