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El marciano, naúfrago en el planeta rojo

El marciano - Destacada

Una novela de aventuras más que recomendada, incluso como introducción a la ciencia ficción.

Mark Watney, uno de los seis astronautas de la tercera misión tripulada a Marte, se ha quedado varado en el planeta rojo debido a una peligrosa tormenta de arena. Sus compañeros han vuelto a ponerse en órbita y lo han dado por muerto al ver cómo sufría un aparatoso accidente. Con la única ayuda de sus conocimientos de ingeniería y de botánica, así como de todo el equipamiento de la misión que también ha quedado abandonado junto a él, tendrá que apañárselas para volver a comunicarse con la Tierra y conseguir regresar a nuestro planeta. A simple vista parece una gesta imposible, pero la astucia de Watney —digna del mejor McGyver—, sumada a algún que otro golpe de suerte, pondrá las cosas de su parte, al menos durante los primeros compases de la novela.

Andy Weir
Andy Weir es uno de esos pocos autores que ha conseguido autopublicarse con gran éxito. El marciano aterrizó como libro digital autopublicado en 2012 y, después de unas ventas apabullantes, se ha vuelto a publicar de manera profesional en inglés en febrero de este año, dando el pistoletazo de salida a una ingente cantidad de traducciones a numerosos idiomas y hasta a una adaptación cinematográfica que se entrenará en noviembre de 2015, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Matt Damon. Y todo esto con una primera novela. Una carrera meteórica, por seguir con la analogía espacial.

¿Houston…?

¿Y a qué viene tanto revuelo? Porque alguien que comience con la lectura de la novela y tenga algo de bagaje como lector, solo va a encontrarle problemas a simple vista. Uno de los más grandes es que empieza lento. Muy lento. Más allá de la exposición inicial en la que descubrimos cómo ha acabado Watney solo en Marte y ha conseguido sobrevivir hasta el momento, las primeras 70 páginas de la novela se pierden en una oleada tediosa y sistemática de datos técnicos que amenazan con acabar con la vida del protagonista y de cómo este tiene que utilizar otra ristra de estos datos para solucionarlo. A los que no somos científicos nos la cuela fácilmente, pero estas partes terminan siendo muy aburridas en muchas ocasiones. Están escritas en primera persona, en un diario en el que Watney va apuntando día a día todo lo que hace para sobrevivir en la superficie del planeta, y se salvan gracias al humor que con que el protagonista intenta hacer más llevadera su tragedia.

Marte
Pero el libro arranca poco a poco. El protagonista se empieza a desplazar por la superficie del planeta rojo, el punto de la vista de la narración también baila entre los técnicos de la NASA en la Tierra y los compañeros que tuvieron que dejar a Mark abandonado en Marte. Sin destripar demasiado los acontecimientos, podría decirse que todo lo que ocurre en la Tierra y en la Hermes, la nave en la que los compañeros de Watney se encuentran regresando a nuestro planeta, dan a la novela un contrapunto necesario, variado y mejor construido en general que la árida narración que tiene lugar en Marte.

Allí la estructura no cambia. Watney se encuentra con un problema y tiene que encontrarle una solución en tiempo récord antes de agotar los recursos de los que dispone. El protagonista no tiene carisma en absoluto y, más que una persona, parece una máquina que plantea soluciones a los problemas con los que se va encontrando. Se nos recuerda hasta la saciedad que no le gusta la música disco, pero desconocemos cualquier dato sobre su familia, su pasado o su forma de ser. Y cualquier atisbo de sentimientos ya sería esperar demasiado.

The Martian - Portada
Watney es uno de los mayores lastres de la novela y, a pesar de todo, queremos saber cómo acaba. Queremos saber si terminará por salvarse o se convertirá en otro adorno más de la superficie de Marte. Esa misma estructura tan simple de plantear, un problema para encontrarle una solución, es la que nos mantiene en vilo durante las 400 páginas del libro. Si a esto sumamos que se va redondeando con nuevos personajes que sí están más cuidados y con el punto de vista de la NASA, al final las páginas terminan pasándose solas.

¿Ciencia ficción?

Pero cuidado. La ciencia ficción de El marciano es muy circunstancial y cualquier aficionado al género que abra sus páginas intentando encontrar algo de sentido de la maravilla va a salir escaldado y echando pestes. El marciano es una novela de aventuras que tienen lugar en un escenario extremadamente hostil, y cambiarían muy pocas cosas si en vez de Marte tuviera lugar en, qué se yo, el desierto de Gobi. Eso sí, todos aquellos lectores que quieran iniciarse en la ciencia ficción tienen con él una puerta abierta y accesible al género.

En resumen, si tenéis la ocasión y no sois muy quisquillosos, si os gusta leer de vez en cuando literatura de entretenimiento en lugar de literatura de ideas y os gustan los astronautas y las situaciones límite, El marciano es una novela más que recomendada que os dejará con muy buen sabor de boca. Si buscáis emociones fuertes y un libro que os haga plantearos lo insignificante de la raza humana en el vasto universo en el que habitamos, mejor que os busquéis otra cosa. Aquí encontraréis una correcta historia de supervivencia llevada al límite, con un tramo final de infarto y que se lee en un suspiro. Dadle una oportunidad y no saldréis decepcionados.

 

Sinopsis

El marciano

Seis días atrás el astronauta Mark Watney se convirtió en uno de los primeros hombres en caminar por la superficie de Marte. Ahora está seguro de que será el primer hombre en morir allí. La tripulación de la nave en que viajaba se ve obligada a evacuar el planeta a causa de una tormenta de polvo, dejando atrás a Mark tras darlo por muerto. Pero él está vivo, y atrapado a millones de kilómetros de cualquier ser humano, sin posibilidad de enviar señales a la Tierra. De todos modos, si lograra establecer conexión, moriría mucho antes de que el rescate llegara.

Sin embargo, Mark no se da por vencido; armado con su ingenio, sus habilidades y sus conocimientos sobre botánica, se enfrentará a obstáculos aparentemente insuperables. Por suerte, el sentido del humor resultará ser su mayor fuente de fuerza. Obstinado en seguir con vida, incubará un plan absolutamente demencial para ponerse en contacto con la NASA.

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