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El océano al final del camino, Gaiman puro y duro

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El nuevo libro de Gaiman habla sobre la magia, no siempre blanca ni amable, de una infancia que tiende a no ser tierna.

El océano al final del camino tiene todos los ingredientes, sin excepción, que esperamos encontrar en una novela de Neil Gaiman, y eso es a la vez el mayor punto a su favor y en su contra. La historia contiene la cuidadísima prosa de Gaiman, la inmersión de nuestro mundo en un todo mayor y fantástico del que solo algunos logran captar un atisbo, personajes que son al mismo tiempo culpables y víctimas de sus propios actos y un cierto comentario evidente pero bien traído sobre la naturaleza humana, que en el caso de El océano enfoca las diferencias de percepción y comportamiento entre niños y adultos. El resultado neto es que la novela, aun sin sorprender demasiado a quienes hayan leído obras anteriores del escritor británico, deja muy satisfecho.

El protagonista —del que, ahora que lo pienso, creo que ni siquiera conocemos el nombre de pila— vuelve como adulto al pueblo de su infancia para asistir a un funeral. Inquieto y sin terminar de encajar en ningún sitio, vaga por la zona hasta terminar en casa de las Hempstock, donde vivía una amiga suya de la que conserva un recuerdo neblinoso. Lettie no está, pero el protagonista visita el estanque cuyo nombre toma la novela y se sumerge en los recuerdos, olvidados hasta el momento, de cuando tenía siete años.

The Ocean at the End of the Lane - Morrow
Por supuesto, sus recuerdos perdidos son fantásticos, en el sentido de «apartados de lo que consideramos la realidad», no en el de «benignos y maravillosos». La familia del protagonista pasa apuros económicos y se ve obligada a alquilar una habitación a extraños, el último de los cuales termina suicidándose por motivos de dinero… y despertando algo al hacerlo. En la casa del final del camino viven la anciana señora Hempstock, su hija Ginnie y su nieta Lettie de once años, que dice proceder del otro lado del océano que guarda en su jardín. Arpía, madre y doncella. Pero la pregunta importante aquí es la que hace el protagonista a la joven Lettie: «¿Cuánto tiempo hace que tienes once años?». Los dos niños tratan de solventar el embrollo místico desencadenado por el inquilino suicida, pero en el proceso el protagonista comete la imprudencia de soltar la mano de su protectora cuando no debe y, como resultado, trae a nuestro mundo algo indeseado de fuera.

Gaiman teje con El océano al final del camino una novela multicapa de las que tan bien se le dan. Por una parte tenemos un narrador en primera persona que, aun sin ser fiable del todo, sí es bastante justo con su yo infantil, el egoísta absoluto y desvergonzado que hay en todos los niños. Su entorno familiar (hermana, padre y madre, de los que creo que tampoco llegamos a saber el nombre) está descrito con cuatro pinceladas, exclusivamente en función de lo que significan para el egocéntrico narrador. Y el otro mundo, adherido al nuestro a medio camino entre un parásito y un campo de refugiados, el mundo de la pulga invasora, las alimañas y las mujeres Hempstock, aparece retratado como más real que el que percibimos a diario.

Gaiman y el océano al final del camino
Aunque en esta novela Gaiman juguetea un poco con la ciencia («No puedes ir por ahí mangoneando a las bacterias») y tiene genialidades indiscutibles como su tratamiento de los agujeros de gusano, el texto da cierta sensación de que estamos releyendo una obra antigua del autor que teníamos medio olvidada. Tal vez incluso esté hecho a propósito, para establecer un paralelismo con los recuerdos vedados del protagonista del libro, pero no deja de lastrar un poco una novela que, por lo demás, está pulida hasta el punto de que de verdad no le sobra ni una página. Quizá sí alguna nota de la traductora, aunque admito que yo prefiero no verlas a menos que sean imprescindibles de verdad de la buena (ya investigaré yo los registros de propiedad británicos si me interesan, gracias) y aunque la traducción, al margen de mis manías, sea brillante.

En breve, El océano al final del camino es un libro de fantasía sobre la magia de la infancia, que no tiene por que ser benigna ni maravillosa, y sobre cómo nos condiciona al crecer. Es una novela que se lee en un suspiro porque engancha de lo lindo y deja la sensación de haber invertido bien un tiempo que, como el narrador, sabemos que no recuperaremos y del que nadie anda sobrado.

Sinopsis

El océano al final del camino

Un hombre vuelve a la zona donde vivió hace cuarenta años para asistir a un funeral. En un arranque incomprensible e inesperado, decide acercarse a la casa de su amiga de la infancia, Lettie. Y ahí es donde los recuerdos que no sabía que tenía empiezan a fluir, como el océano que Lettie insistía que era, en realidad, su estanque.

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