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El pasado es un cazador paciente, de Laura S. Maquilón

Un viaje en pos de los sueños y de aquellos que dejamos atrás.

El pasado es magnético. Todos hemos sentido la tentación de entreabrir puertas que habíamos dejado cerradas a nuestra espalda y echar un vistazo por la rendija. Y no siempre somos nosotros quienes cedemos a la tentación; a veces son esas sombras que creíamos desaparecidas las que nos acechan y emboscan. Con paciencia, como nos dice el evocador título de la novela corta de Laura S. Maquilón publicada este mes de octubre por Sportula.

El pasado es un cazador paciente nos presenta a Marina, una mujer cuya profesión es la de atrapar sueños. Parece el título que podríamos encontrar en la tarjeta de visita de un coach de medio pelo, pero no tiene nada que ver. Como nos deja bien claro nada más comenzar la novela, estamos en un momento en el que «las frases motivacionales color pastel» se perdieron hace tiempo. Intuimos que se trata de un futuro cercano, o tal vez un presente ucrónico, aunque ese contexto se nos enseña de lejos, como un tapiz amargo y gris. La escasez de recursos ha dejado de ser una predicción ominosa para convertirse en una realidad que no solo ha acentuado las desigualdades sociales, sino que ha provocado un estado de tensión y precariedad que enseguida nos recuerda a nuestra posguerra del siglo XX. Las grandes ciudades parecen concentrar los avances en ciencia y tecnología; para quienes viven fuera de estas, obtener algo tan básico como el agua o el gas puede convertirse en una lucha titánica.

el pasado es un cazador paciente

Es en esta periferia, precisamente, donde Maquilón sitúa el escenario de la historia. La autora se atreve a presentarnos una historia costumbrista maquillada de ciencia ficción, con raíces autóctonas muy marcadas. Una mezcla que nos resulta aún más pintoresca cuando descubrimos que la narración tiene lugar en un pueblo de Murcia, Cobertera. No nos asomamos a ninguna de esas ciudades que imaginamos futuristas, sino que viajamos a un pueblo de la España profunda que podemos identificar con cualquiera que conozcamos. Sus calles, sus muros blancos y sus verjas se dibujan sin dificultad en nuestra mente, y ayuda todavía más a ello el que los personajes que Marina encuentra se expresen con acento propio, con inflexiones y localismos de la zona. Sin embarazo alguno y sin resultar chocante ni forzado en ningún momento, ni afectar en absoluto al ritmo de lectura.

Si el pasado es un cazador paciente, el presente puede ser un embaucador despiadado. En el caso de Marina, no duda en obligarla a regresar a Cobertera como parte de uno de sus trabajos. «Un lugar encantador», el que mejor conoce, nos dice, y «el único capaz de hacerla temblar». Porque ahí reside esa parte de sí misma que había querido dejar sepultada bajo las obligaciones y la urgencia del día a día. Cobertera es su lugar natal y donde anidan recuerdos amargos: el de una madre con la que nunca pudo entenderse, el de la angustia de la huida y la alienación, el de una relación que ni siquiera llegó a asentarse. Todo abandonado y perdido para siempre, pero no por ello menos presente y doloroso. Así que Marina sabe que debe hacer frente a todo ello si quiere seguir comportándose como una profesional: debe cumplir con su trabajo, el de atrapar el sueño que le ha sido encomendado para traspasarlo a un cliente. Estamos en un mundo en el que la pérdida de esperanzas es más que una metáfora. La ciencia ha progresado mucho en «en el estudio del cerebro, en aislar percepciones, sentimientos, recuerdos…», de modo que todo esto puede ser almacenado, compartimentado e implantado en otros. No obstante, los sueños no solo residen en el interior de las personas. También pueden orbitar alrededor de ellas, tener una fuerza propia, casi una voluntad. Y es esta circunstancia la que provocará que Marina se tope con un sueño errante nada más llegar a Cobertera y quede unida a él. A raíz de ello, su camino se cruzará con el de Roberto, un muchacho que guarda un vínculo estrecho con las personas que dejó atrás.

maquilon

Si creíamos que estaba todo inventado a la hora de presentar una historia de posguerra, ese escenario tan trillado en nuestra producción cultural patria, Maquilón nos demuestra lo equivocados que estábamos. Porque El pasado es un cazador paciente es un homenaje a los olvidados: aquellos que son silenciados por los poderosos y esos otros que nos esforzamos en borrar de nuestra vida. Mientras Marina se embarca en la búsqueda de uno de los primeros, tendrá que hacer frente a la ausencia de los segundos y sus voces acusatorias. Aunque la novela transite en un terreno extraño, a medio camino entre el realismo mágico y esa ciencia ficción velada, la narración de Maquilón no se detiene en lo onírico o lo alegórico. Es cruda, directa, sin concesiones. Una oda a la pérdida y la aceptación, como nos mostrará el final. Hay que hacer mención especial para el epílogo, sin desvelarlo, claro está; la parte más reconocible como ciencia ficción, que también puede funcionar como prólogo, y la que nos desvela la auténtica crueldad del mundo de Marina. Una realidad que no solo silencia el pasado y constriñe el presente, sino que también niega el futuro.

No queda del todo claro si hay esperanza, si los sueños recuperarán su valor más allá de la moneda de intercambio en que se han convertido. Pero desde luego hay mucho por explorar, y merecerá la pena seguir con atención lo que Maquilón tenga que contarnos en próximas entregas.

Sinopsis

El pasado es un cazador paciente

Atrapar sueños es una profesión arriesgada, algo que Marina sabe muy bien. Lo que no sospecha es lo peligrosa que puede ser cuando vuelve a su pueblo natal a cumplir el encargo de un cliente y un sueño errante la golpea a traición. Incapaz de librarse de él, tendrá que desentrañarlo antes de seguir con su misión y, al hacerlo, quizá afloren recuerdos que preferiría haber dejado en la oscuridad. A caballo entre lo onírico y lo distópico El pasado es un cazador paciente es una historia inquietante y evocadora a partes iguales que atrapará al lector desde el primer momento.

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