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Hic sunt dracones: cuentos imposibles, redescubriendo la fantasía

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Tim Pratt nos descubre la fantasía en los lugares más insospechados.

Como comentábamos al final de nuestra reseña de Sui generis, Hic sunt dragones es el segundo título de la editorial digital Fata Libelli, puesto a la venta durante el mes de octubre del pasado año 2013. En esta ocasión, en lugar de tratarse de una antología de varios autores, se centra únicamente en la figura de Tim Pratt, un autor estadounidense nacido en 1976 e inédito en España, con más de diez libros a sus espaldas, una nada desdeñable cantidad de ficción corta e incluso poesía. Pratt ha cultivado desde siempre el género fantástico: desde la vertiente urbana de su saga de Marla Manson —con siete entregas, una octava en Kickstarter y varios relatos cortos— hasta la más clásica, con una novela ambientada en los Reinos Olvidados de Dungeons & Dragons y varias en el universo de Pathfinder. Un todoterreno, vamos.

Hic sunt dracones, el título que nos ocupa, hace un rápido recorrido por su ficción corta con sus relatos más emblemáticos. Supongo que una de las maneras más sencillas de empezar a escribir una reseña que se te atraganta es hablando de complicado que ha sido empezar a darle a tecla. Permítaseme la trampa. Hic sunt dracones es una de esas escasas ocasiones en las que quieres compartir lo que lees con toda la gente que te rodea, algo que ya me ocurriera con El zoo de papel (Ken Liu y publicado en el primer volumen de la antología Terra Nova) y que se vuelve a repetir en esta ocasión con Tim Pratt y Sueños imposibles. Este relato, que da comienzo a la antología, viene avalado por un premio Hugo en 2007 y hasta tiene una adaptación israelí en forma de corto, nos cuenta cómo Pete, un administrativo gris de una universidad aficionado obsesivamente al cine, descubre el videoclub Sueños imposibles, un videoclub que solamente aparece a una determinada hora del día y que parece contener versiones alternativas o que nunca llegaron a grabarse de clásicos del cine. Con una oda al cine, un ligero deje a Alta Fidelidad de Nick Horny y una historia de amores imposibles, Pratt consigue engancharnos y abrirnos una pequeña ventana a su imaginario fantástico, pero no a uno lleno de hechizos ni dragones, sino a ese tan característico de la literatura latinoamericana, en la que elementos fantásticos campan a sus anchas en un mundo aparentemente normal y es trabajo de los lectores, no de sus personajes, habituarse a ellos. Y Sueños imposibles es solo el principio.

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Un fotograma representativo de la adaptación a corto de «Sueños imposibles».


En El sótano del mundo, Pratt nos vuelve a meter en la piel de otro don nadie de la vida para el que los días se acumulan sin ton ni son. Después de terminar sus estudios universitarios, Rob, el protagonista, se queda por la zona del campus ejerciendo de camello y con trabajos de poca monta, hasta que cinco años después recibe la llamada de Morgan, una de sus novias de la universidad con la que había hecho la promesa de llamarse si algún día se necesitaban mutuamente. Morgan llama a Rob para que le ayude a encontrar a su marido, que parece haber sido secuestrado por el dragón que tienen en el sótano de su casa, y es que el subterráneo resulta ser una puerta a un mundo entre mundos en el que se acumulan todos los objetos perdidos del resto y que, como no podía ser de otra forma, están protegidos por un dragón enorme. Con una vuelta de tuerca inesperada, el relato no hace sino demostrar la genialidad del autor a la hora de retratar la sensibilidad y diatribas de unos personajes creíbles desde el primer momento en que aparece una raya de diálogo en la historia.

También al hilo de estas historias se encuentran otras como El pez limpiafondos, Vida con la arpía o Hart y Boot. El enorme bagre que devuelve objetos perdidos del primero, la arpía compañera de piso de la protagonista del segundo y el vaquero fantasma del tercero son los elementos extraños que Pratt encaja en cada una de estas historias. Historias sobre oportunidades perdidas, soledad, prioridades o relaciones, invadidas todas ellas por algo que las hace imposibles pero al mismo tiempo tan cercanas que pueden llegar a dejarnos sin aliento. Y es ahí donde radica el leitmotif de esta antología: en descubrir al lector que los elementos fantásticos no son sino un vehículo más para hablar sobre lo mismo sin tener que estar atados al yugo del realismo, lo que puede llegar a convertirlo en un tarea mucho más sencilla y amplía sobremanera los horizontes y los puntos de vista a la hora de tratar la naturaleza humana.

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El careto de Tim Pratt.


Pero en Hic sunt dracones también podemos encontrar retazos del otro Tim Pratt, aquel que se debe a la fantasía urbana, a los personajes macarras y a mundos muchísimo más cargados de elementos sobrenaturales. Historias más ligeras y menos cargadas de introspección, pero al mismo tiempo igual de interesantes son La copa y la Mesa y Vida petrificada. La primera es una reimaginación del mito artúrico en la que un grupo especialito de personajes con poderes sobrenaturales llamado la Mesa tiene como objetivo encontrar y proteger la copa del Santo Grial, objeto que al beberlo destruirá el mundo y dará a su portador la oportunidad de hablar con Dios. Por su parte, Vida petrificada nos pone en la piel de Zealand —¿un Harry Dresden, quizá?—, al que le ha sido encomendada por un poderoso mago la misión de encontrar su filacteria para poder descansar después de haber vivido más de mil años, algo que ha ido menguando su memoria y sus capacidades. Con estos dos relatos, Hic sunt dracones nos presenta la versatilidad del autor a la hora de saltar entre el realismo mágico y la fantasía más comercial. Con un estilo ligero, mucha acción, personajes que dejan huella en tan solo unas pocas páginas y finales para los que un «No me jodas que este tío va a cerrar el relato así» y una sonrisa de oreja a oreja se quedan cortos, Pratt deja en evidencia a sagas enteras de fantasía.

Vamos cerrando la reseña, no sin antes felicitar a Fata Libelli por la magnífica edición del libro, su impecable traducción y su imprescindible prólogo, que se ha convertido ya en una marca de la casa y que no hace sino añadir valor al producto final. Se nos queda cierto regustillo amargo en la boca sabiendo que Tim Pratt no tiene más proyección editorial en España que la que acabamos de comentar. Después de leer una colección de relatos como Hic sunt dracones y teniendo en cuenta lo prolífico que es Pratt, se hace realmente incomprensible que las editoriales españolas no se estén dando de tortas por conseguir los derechos de publicación de sus obras en la lengua de Cervantes. Quizá Fata Libelli haya dado el primer paso y ya esté ocurriendo. O quizá haya por ahí alguna realidad alternativa en la que Pratt tenga el mismo reconocimiento y seguidores que Rothfuss o Sanderson. Y, ahora en serio, leed Sueños imposibles ya.

Sinopsis

Hic sunt dracones

Hic sunt dracones: cuentos imposibles es una antología de algunas de las mejores historias del autor de fantasía estadounidense Tim Pratt. En estas páginas, donde dioses, monstruos, universos paralelos y dragones se dan la mano con total naturalidad, Pratt da muestra de su capacidad para tratar todo tipo de temas y registros con igual maestría.

Los relatos incluidos son: «Sueños imposibles» (premio Hugo 2007 al mejor relato corto), «Hart y Boot», «Vida petrificada», «La copa y la Mesa», «Vida con la arpía», «El pez limpiafondos» y «El sótano del mundo».

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