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Kraken, la otra cara de Londres

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Robar un kraken de un museo nunca fue tan problemático. Y el robo es solo el principio.

Aunque parezca mentira, Kraken es ya la séptima novela de China Miéville que se publica en español, más de la mitad de la totalidad de la bibliografía del autor. Tras la trilogía de Nueva Crobuzón publicada por La Factoría de Ideas (La estación de la calle PerdidoLa cicatriz y El Consejo de Hierro) vinieron El rey rata y La ciudad y la ciudad en la misma editorial, para estrenarse luego en Fantascy con Embassytown y volver ahora a La Factoría con esta nueva que nos ocupa, una novela con valoraciones de todo tipo y unas opiniones enfrentadas como las que no se han visto en mucho tiempo. Y no es para menos.

Kraken no podría empezar con una premisa más interesante: una enorme criatura marina que se encuentra expuesta en el Museo de Historia Natural de Londres desaparece, objeto de un robo. Sin más. Nadie es capaz de imaginarse ni ha sido testigo de cómo un pedazo de monstruo de ocho metros se ha volatilizado por completo. A partir de aquí, el conservador Billy Harrow se verá envuelto en toda una conspiración sectaria para encontrar a la criatura, que resulta ser ídolo de adoración de la secta krakenista de Londres. Pero la cosa no acaba aquí: esta secta acabará siendo tan solo una de las facciones interesadas en hacerse con el calamar gigante. Los londromantes, el misterioso Grisamentum y una extraña mafia que cuenta entre sus filas con dos de los personajes másmalrrollistas que se han visto entre las páginas de cualquier libro en mucho tiempo son algunos de los otros habitantes del Londres de Miéville que también están interesados en conseguir echarle el guante al kraken, ya sea por obtener los poderes que se le atribuyen o por intentar evitar el fin del mundo que, supuestamente, llegará tras su desaparición.

Kraken, de China Miéville
Me gustaría remarcar que Kraken es la segunda novela de Miéville a la que me enfrento, y una de las cosas que más me impactó de su lectura al principio es que, tanto en El rey rata como en esta, Miéville parte de la misma base para presentar al protagonista. Tanto el Billy Harrow de Kraken como el Saul de El rey rata son personajes completamente normales, con sus cosillas, que de una día para otro ven cómo el mundo que creen conocer se va derrumbando para dejar paso a una ciudad (Londres en ambos casos) completamente irreconocible, poblada por personas y criaturas que parecen sacadas de sus peores pesadillas. Pero aquí acaban las similitudes. Mientras en El rey rata Miéville utiliza la fábula como hilo conductor de la historia para sumergir al lector en una espiral de acontecimientos, en Kraken, se deja llevar por completo —y en ocasiones demasiado— por su sentido de lo extraño, dejando solo al lector ante una amalgama de criaturas fantásticas y creando situaciones que, fuera de contexto, bien podrían parecer sacadas de una pesadilla surrealista.

Armas de Star Trek funcionales o criaturas hechas de huesos y tarros de formol son tan solo algunas de las imágenes con las que el autor pretende que se disparen nuestras alarmas. Y bien que lo consigue. Lo grandioso de Miéville es que es capaz de hacer que todos estos elementos lleguen a encajar a la perfección en la trama de la novela, aunque a su costa tenga que sacrificar gran parte del ritmo del relato en sus primeros compases. Y este, en mi opinión, es uno de los grandes lastres. A Kraken le cuesta muchísimo arrancar: desde las primeras páginas en las que tiene lugar el robo hasta que el lector se puede hacer una idea —superficial, no os creáis— de toda la fauna que puebla esta particular visión de Londres pasa poco menos de la mitad de la novela. Pero a partir de aquí la cosa mejora. Y tanto que mejora. Miéville se destapa completamente y nos regala una ciudad literalmente viva en su extrañeza: es difícil de olvidar la imagen de unos arúspices londromantes desgarrando el suelo de la ciudad y utilizando los tejidos de debajo para realizar su magia. O la genial huelga de familiares mágicos que tiene lugar como trasfondo a lo largo de toda la novela y de la que Wati, uno de los protagonistas junto a Billy Harrow, también forma parte. Además, recorre las páginas de Kraken la UDFS (Unidad contra la Delincuencia Fundamentalista y Sectaria), una unidad policial especializada en crímenes de sectarios y fundamentalistas a la que se le ordena investigar el caso de la desaparición del kraken. Vamos, que no queda mucho tiempo para aburrirse y hay personajes para todos los gustos.

China Miéville
En Twitter se llegaron a decir muchas cosas sobre la traducción al español de Kraken debido, principalmente a un «ola k ase» que puede gustar más o menos, pero que no deja de ser una decisión acorde con lo que aparece en el texto en inglés. Ahora bien, sí me gustaría apuntar que el texto no ha recibido todo el cariño que debería. A la traducción le sobran prisas y una segunda lectura, una revisión de estilo y otra ortotipográfica. Puede que los lectores de género nos estemos malacostumbrando un poco a que los textos de fantasía y ciencia ficción estén editados de manera impecable, ahora que los grandes grupos editoriales han cogido un poco el testigo, pero así es como debería ser siempre y sin excepción. Apuntar también que, aunque la cubierta y la calidad de los materiales de la edición de La Factoría de Ideas son realmente buenos, la decisión de dejar el texto casi sin márgenes en las páginas es realmente incómoda y puede llegar a provocar una ligera sensación de hastío en los lectores.

Dejando los elementos paratextuales aparte, Kraken es un libro muy recomendado para todos aquellos lectores que quieran iniciarse con Miéville y un poco menos para aquellos que busquen lo mejor o lo más interesante del autor. Los lectores encontrarán un relato que se toma muy poco en serio a sí mismo, lo que deja a Miéville la libertad para fantasear al máximo y dotar a su particular visión de Londres de una profundidad que, a pesar de jugar en detrimento del ritmo de la novela en muchas ocasiones, deja un regusto final muy positivo y con ganas de seguir adentrándose en la obra del inglés. No me gustaría terminar la reseña sin dejar claro que Kraken es un libro divertido, un libro en el que Miéville deja de lado cualquier tipo de pretensión para dar al lector un relato lleno de magia, humor y extrañeza. Y la cosa no le ha quedado nada mal.

Sinopsis

Kraken

En lo más remoto del ala de investigación del museo de Historia Natural hay un preciado espécimen, algo único e insólito: un calamar gigante que se conserva en perfecto estado. Pero ¿qué consecuencias acarreará la repentina e inverosímil desaparición del animal? Para el conservador del museo, Billy Harrow, será el primer paso de un salto sin red hacia un Londres de cultos enfrentados, magia surrealista, apóstatas y asesinos. La criatura que ha estado custodiando podría ser algo más que una rareza biológica: hay quien asegura que se trata de un dios. Un dios que algunos esperan que acabe con el mundo.

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4 Responses to “Kraken, la otra cara de Londres”

  1. Miquel dice:

    Muy buena reseña. Lo que más recuerdo de Kraken es su exuberancia y su sentido del humor. Ya lo he dicho en otros sitios: no es la mejor novela de Miéville (en eso David lo dice bien), pero es mi preferida. Es un libro que me alucina.

  2. eloikraken eloikraken dice:

    Me gustaría leerla. Ese Londres fantástica seguro que me recuerda a las novelas de Nueva Crobuzón. La fascinación de Miéville por los entramados urbanos es contagiosa!.