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La casa de arenas movedizas, puro terror bizarro

Casa de las arenas movedizas Destacada

Una casa. Dos niños. Una cuidadora. Una escuela. Un relato bizarro terrorífico hasta la médula.

He aquí el segundo título catalogable como bizarro que publica la pequeña y bizarra Orciny Press. El anterior, Fantasma, es la lynchiana historia de Laura Lee Bahr, la clase de historia que es capaz de avanzar en todas direcciones a la vez con un resultado terrorífico, como un Elige tu propia aventura macabro. Una novela brillante. O mejor dicho, brillantemente bizarra. Porque Orciny Press se ha especializado en lo bizarro, que es aquello que atiende a lo verdaderamente extraño, aquello que prefiere los márgenes, la periferia, (terroríficos) géneros mediante.

El autor es un tipo del que nada sabemos, un tal Carlton Mellick III, cuya obra, esta misma, ha sido alabada por el genio del gore (cinematográfico) Jack Ketchum, el de The Girl Next Door. Eso debería darnos una ligera idea de por dónde irán los tiros. Pero en realidad no tenemos ni la más remota idea. La casa de arenas movedizas, la primera novela de Mellick III que llega a España, es un brillantísimo ejercicio de terror, sí, bizarro, sí, y extraño, en el que dos hermanos, un Hansel y una Gretel, han sido abandonados no en el bosque sino en una casa. La casa que supuestamente compartieron con sus padres, o quizá comparten con ellos, o compartirán, porque aún no lo saben.

Carlton Mellick III, "the slow poisoner"

Carlton Mellick III, «the slow poisoner».


No saben si alguna vez podrán ver a sus padres, ni si estos están en realidad en la habitación de al lado. Los protagonistas, Polly y Ricky, o Polly y Pulga, que así es como Polly llama a su hermano, ya que él se alimentó de ella cuando crecía, cuando no era más que un «gusano». Porque gusanos es lo que son los niños en esta historia de Mellick III, gusanos que crecen y tarde o temprano se convierten en niños, gusanos aborrecibles que sus padres no soportan ver y por eso no aparecen. Viven con una cuidadora, una tal Tata Warburough, que es, a todas luces, la madre que quizá nunca aparezca. Los niños no saben que la adoran, pero consienten su presencia porque eso es todo lo que saben de su vida, que se levantarán, la tata estará ahí y los mandará al colegio.

El colegio es, en realidad, un programa de ordenador. O al menos, eso es lo que parece. Porque ellos se conectan a algún lugar y de repente están en el colegio. Un colegio en el que desaparecen niños y en el que Pulga, el pequeño, tiene que vérselas con el matón, Mike, que quiere birlarle a la novia, y cosas por el estilo. «No te das cuenta pero ninguno de ellos es real», le dice un buen día su hermana Polly. Pero, ¿de veras ninguno de ellos es real? ¿En qué demonios consiste entonces su vida? Digamos que la vida de los dos hermanos transcurre con normalidad, la normalidad que tiene no ver nunca a sus padres, y con ir a un colegio que quizá no exista. Y con temer a los siniestros, supuestos fantasmas que pueden estar en cualquier parte, que acechan tras la puerta que conduce al pasillo que podría comunicar con otras habitaciones. El pasillo de la casa en la que viven, con la cuidadora. Hasta que un día, de repente, todo cambia.

La casa de arenas movedizas Portada
Digamos que hasta aquí podemos contar y digamos también que Carlton Mellick III es un genio del terror. Por lo que consigue, con tan pocos elementos: las mesas que se abren y ofrecen comida a quienes se sientan alrededor de ellas, los Hansel y Gretel de lo bizarro y los gusanos que se alimentan de ti. Todo parece orquestado para funcionar como funciona, es decir, una trampa, como si se tratara de una fábula terrorífica. Todo es alucinante. Digamos que solo tenemos una casa, la casa de arenas movedizas, una cuidadora y dos niños. Y un huevo que puede convertirse en otro niño. Y un colegio al que asistir que quizá no sea un colegio. Y unos padres ausentes que quizá no existan. Y aquí está todo, aquí está el misterio, la historia. Y Carlton Mellick III es capaz de mantenerte en vilo hasta el final, sufriendo terriblemente por Pulga, el niño que cree que su madre podría ser un pedazo de papel. El niño que, de hecho, habla con ella, una ella transformada en un pedazo de papel. Una madre de papel tamaño real que lo arropa y le cuenta cómo funcionan las cosas, pero que verdaderamente no está ahí, solo en su imaginación.

El espacio es tan terrible y la historia tan honesta y brutal que, como lector, no te queda otro remedio que acompañar al par de hermanos (que pueden ser tres y quizá sean más) hasta el final para descubrir si la pesadilla que es su vida —y que quizá sea la vida humana de un futuro improbable— tiene o no un final feliz. Pero ¿acaso tienen las pesadillas finales felices? Tendremos que leer a Mellick para comprobarlo. Y disfrutaremos de lo lindo haciéndolo. No existe nada más placentero para un fan del género, para un fan del terror a la Ketchum, que seguir a un par de protagonistas como Polly y Pulga, como Polly y Ricky.

En serio, es maravilloso. Maravillosamente bizarro. Como dice el propio Jack Ketchum: «Si no has leído a Mellick no eres lo suficientemente perverso para el siglo XXI». Pues eso.

Sinopsis

La casa de arenas movedizas

Esta es la historia de dos niños que no conocen a sus padres, aunque viven en la misma casa que ellos. Sueñan con el momento en que podrán abrazarlos por primera vez, pero parece que los padres nunca tienen tiempo para ir a verlos. Los niños saben que tienen que estar en algún lugar de la mansión que comparten con sus progenitores, pero tienen prohibido salir de la guardería en la que viven. Siempre les han dicho que si la abandonan, sus vidas corren peligro.

Durante un tiempo, las cosas van bien: tienen una niñera que los cuida y unas máquinas les proporcionan todo lo que necesitan… Hasta que un día pasa algo que los obliga a abrir la puerta y adentrarse en los pasillos oscuros de una casa que les es ajena, para desvelar los misterios que rodean su propio pasado y el mundo en el que han creído vivir.

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2 Responses to “La casa de arenas movedizas, puro terror bizarro

  1. […] 2015, Fantasma, de Laura Lee Bahr. Ahora nos llega otra de las novelas emblemáticas del bizarro: La casa de arenas movedizas, de Carlton Mellick III (Orciny Press, […]