Este sitio utiliza cookies. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. Para más información vea la política de cookies.

Cerrar

La glándula de Ícaro o la metamorfosis según Anna Starobinets

La glándula de Ícaro - Destacada

Los relatos de Starobinets son un cruce entre Dick y Dostoyevski.

Lo más probable es que Anna Starobinets no hubiese leído nunca a Philip K. Dick antes de empezar a escribir sus perversamente cotidianos relatos de terror sci-fi. ¿Por qué? Porque nació en 1978 y hasta 11 años más tarde no cayó el Muro de Berlín. No es que Anna naciese en Berlín, pero sí nació en Rusia, y Rusia permaneció aislada (culturalmente hablando) hasta bastante después de la caída del Muro. Por lo que lo más probable es que Anna no hubiese leído a Philip K. Dick, si es lo que ha hecho, hasta mediados de los 90, o puede que incluso más tarde.

Por eso es tan fascinante que sus relatos —no sus historias largas, porque El vivo era algo muy sui generis, sin casi referentes en el mundo de la ciencia ficción occidental, y pensamos en occidental teniendo en cuenta el famoso Muro— resulten una especie de cruce entre los relatos de Philip K. Dick y las historias (menos realistas) de Dostoyevski. Porque son intensos, como todo lo que escribió Dostoyevski, y porque parten como los de Dick de una situación cotidiana en un mundo que ha salido (por completo) de la imaginación de su autora y que se presenta al lector, desde la primera palabra, como algo que simplemente existe, sin más.

Una edad difícil - Portada

La anterior recopilación de relatos de Starobinets.


Pongamos un ejemplo. El cuento que da nombre a esta segunda colección de relatos, que, aún sin estar a la altura de la primera —para mí, Una edad difícil permanece insuperado, en lo más alto del podio de lo que ha publicado hasta la fecha la admirable Starobinets—, sigue siendo de lo mejor que puede leerse en lo que a ciencia ficción contemporánea se refiere, está ambientado en un mundo en el que los hombres tienen la posibilidad de deshacerse de su glándula de Ícaro. Pueden hacerlo cuando nacen, en la adolescencia o incluso en la edad adulta. Y digamos que sin ella, la vida es más fácil. ¿Por qué? Porque la glándula de Ícaro les impulsa a tener comportamientos atávicos. ¿Atávicos? Oh, me temo que hasta aquí puedo contar, pero digamos que la estructura del relato, que también sirve de arranque a la colección, es la habitual en los cuentos de Starobinets: situación cotidiana en un mundo extraño —podríamos, de hecho, calificar su obra de new weird postsoviético— que se presenta ante el lector con normalidad (colocándole en una situación de por sí siniestra, porque los mundos que imagina Starobinets tienen siempre algo de perverso) y que se resuelve siempre dando una vuelta de tuerca al universo fantástico imaginado.

El vivo - Portada

El vivo salió en español en 2012.


En la colección hay cuentos más y menos logrados. Entre los más, en mi opinión, figura Siti, o la historia de lo que ocurre en la ciudad aparentemente perfecta, una ciudad que en realidad es una especie de monstruo que devora a todo aquel que se acerca a ella, o al menos al protagonista, un escritor de la Europa Oriental. Entre los menos, o más básicos, quizá se encuentre El Lazarillo, que tiene un enorme potencial como historia de terror, aunque se queda a medias (resultando de todas formas curiosamente inquietante). El Lazarillo está protagonizado por un guionista que no acostumbra a tener suerte y que, de golpe, acaba siendo solicitado por un productor extraño que le cita a la una de la madrugada y que le ofrece licor de serpiente. El potencial es enorme, casi tan grande como el de La tienda de los horrores (el ambiente es el mismo, algo va francamente mal desde el principio), pero la cosa no acaba de arrancar, o más bien, cuando arranca, justo se acaba. En esa línea estaría también El parásito, que, sin embargo, resulta valioso por incidir en un tema que es ya un clásico de la narrativa de Starobinets: el de la metamorfosis.

Anna Starobinets

Anna Starobinets.


Si Una edad difícil se abría con la escalofriante historia de un niño raro que acaba convertido en hormiga reina de una curiosa colonia, en este caso, a partir de la destrucción de un parásito que convierte el proceso de metamorfosis al que deberíamos someternos los humanos en un desajuste hormonal (el de la adolescencia), se crea un nuevo humano, el humano que deberíamos ser si, como las orugas, pudiésemos transformarnos en otra cosa. ¿Tiene esa otra cosa algo que ver con una mariposa? Digamos que sí. Pero no digamos nada más. Porque, de nuevo, la cosa resulta terriblemente inquietante. Y he aquí el valor de la narrativa de Starobinets hoy. Ella es capaz como nadie de convertir una situación ya de por sí extraña, pero cotidiana, en un pequeño infierno raskolnikoviano. Puede que en sus historias no haya crimen, pero casi siempre hay castigo. Y es un castigo doloroso, imprevisto y marciano. Siempre marciano.

En definitiva, si te gustó Una edad difícil, no lo dudes, te gustará La glándula de Ícaro, porque, aunque por momentos no tenga la fuerza de aquel primer disparo, mantiene intacto el espíritu (new weird postsoviético) Starobinets.

Sinopsis

La glándula de Ícaro

En su nueva colección de relatos, Anna Starobinets vuelve a llevarnos de la mano a los paisajes reales y mentales sutilmente alterados que destacaban en su primera colección, Una edad difícil. El subtítulo del volumen es «El libro de las metamorfosis», y uno de sus principales temas es el cambio y la transformación, los horrores que conllevan, pero también la liberación que pueden aportar. Los relatos nos presentan versiones del mundo en el que vivimos, sutilmente transformadas en algo distinto, o bien nos descubren extraños submundos escondidos bajo una superficie aparentemente normal. Extrañas operaciones, productores de cine cuya humanidad es cuestionada, los sueños y su conexión con el infierno…

En este libro Anna Starobinets expande y consolida su personalísima ficción especulativa de corte psicológico, una guía de valor incalculable para ententer el mundo cada vez más extraño en el que estamos obligados a vivir.

Inicia sesión y deja un comentario