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La joven ahogada, chicas perdidas y sirenas malvadas

La joven ahogada - Destacada

Una muy recomendable historia de fantasmas sobre historias de fantasmas.

India Morgan Phelps es hija y nieta de mujeres atormentadas. Vive sola en un pequeño apartamento, en Providence, y pinta. A veces también escribe. De hecho, cuando arranca esta historia está escribiendo. Es más, la historia que estamos leyendo está siendo escrita por Imp (así es como la llama todo el mundo, o, mejor dicho, su psiquiatra, la doctora Ogilvy, y su chica, Abalyn, que antes fue un chico). La sensación de estar asistiendo en primera persona a una confesión está ahí, pues, desde el principio y es lo que te impide dejar de leer, porque en cuanto conectas, como se diría, con la historia, no importa donde estés: la sensación es la de que las luces se atenuan y alguien (la propia Imp) te susurra al oído (en realidad, te dice alto y claro en tu cabeza, como la voz de tu conciencia) lo que ocurrió, y puesto que lo que ocurrió es algo terrible, no puedes dejar de escucharla, de la misma manera que en el cine no puedes evitar mirar a través del hueco que dejan tus dedos ante tus ojos cuando te los tapas para tratar de huir de una escena presumiblemente demasiado desagradable.

The Drowning Girl - Portada
Bien, pero veamos qué ocurre. Imp está contando una historia. Una historia que tiene que ver con un episodio, en realidad, con dos episodios, dos encuentros, dos primeros encuentros con una misma persona, con un fantasma. Una chica desnuda en una carretera. Una chica que puede ser una sirena o un lobo y que acaba siendo una voz en la cabeza. O no. Fascinada por un enigmático cuadro llamado precisamente La joven ahogada, que al parecer está basado en una leyenda —la historia de una chica ahogada que invita a todo aquel que la encuentra a desaparecer con ella, a ahogarse con ella—, Imp colecciona recortes de casos que parecen confirmar dicha leyenda, algo así como un inventario de pesadillas que un día se hicieron realidad y que, quién sabe, pueden llegar a perseguirte. ¿Cómo construir una historia de amor en dicho contexto? ¿Un contexto en el que, por momentos, se hace imposible incluso respirar?

La joven ahogada, cuadro

El cuadro que obsesiona a la protagonista


Lo mejor de La joven ahogada es, sin duda, la voz de la protagonista, motor narrativo de raíz poderosamente gótica de la historia, suerte de confesión maldita que va, poco a poco, retorciéndose a medida que aumenta la obsesión y desaparece todo lo demás. Pero hay más, mucho más. Para empezar, las referencias a cuentos de hadas (que están por todas partes y a veces son menciones directas a lugares, a nombres como el de Charles Perrault, el autor de La Caperucita Roja, desde los que construir partes de la historia), el aspecto desenfadadamente queer de la amante de la protagonista (esa Abalyn que antes fue un chico y que vive de escribir reseñas de videojuegos, algo ciertamente maravilloso, aire fresco en lo que a profesiones de chicas protagonistas de novelas góticas se refiere), su pasión casi obsesiva por la pintura (y todo lo bueno que eso comporta: la visita a galerías de arte, el análisis de ciertas obras) y, cómo no, la poderosa moraleja de la historia, que está ahí desde la primera línea y que tiene que ver con la ficción librándote de la peor de tus pesadillas, la ficción entendida como salvavidas.

Caitlín R. Kiernan

La autora


Porque contar algo es, en cierto sentido, hacerlo desaparecer, o alejarlo de ti para que deje de hacerte daño, y en ese sentido la novela es un homenaje a las historias que alejan de nosotros a los fantasmas, siendo en sí misma una historia de fantasmas. Una historia de fantasmas adictiva y extraña. Muy, muy recomendable.

Sinopsis

La joven ahogada

India Morgan Phelps –Imp para los amigos– es esquizofrénica. Ya no puede confiar en su propia mente, porque está convencida de que sus recuerdos, de alguna manera, la han traicionado, forzándola a cuestionar su propia identidad. Enfrentándose a sus propias percepciones, Imp debe descubrir la verdad sobre su encuentro con una maligna sirena, o un lobo de­samparado que se le apareció como una joven salvaje, o ninguna de estas cosas, sino algo mucho más extraño… algo que transita por los intersticios de la realidad.

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